Aprendizaje cooperativo, clave para el desarrollo equitativo: hermanos Johnson

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Para los hermanos David y Roger Johnson, existen tres formas de aprendizaje dentro del aula: el competitivo, el individualista y el cooperativo.

En el primer caso, los alumnos no comparten información para conseguir ser mejor que los demás; mientras que en el individualista trabajan solos y no se preocupan por lo que hacen los demás.

Sin embargo, en el caso del aprendizaje cooperativo, todos los alumnos se ayudan los unos a los otros y celebran el éxito de los demás como si fuera el suyo, así sienten que forman parte de una comunidad y se administran mejor.

Esto lo explicaron durante su participación en el 9° Seminario Internacional de Educación Integral, organizado por Fundación SM, donde agregaron que este tipo de trabajo incentiva la interdependencia positiva que hace que cada uno de los alumnos reconozca que tiene que preocuparse por las otras personas.

Para conseguir esto, puntualizan, el docente debe establecer dentro del aula grupos heterogéneos de no más de cuatro alumnos para que perciban que se necesitan mutuamente para completar la tarea del grupo: “juntos navegamos o juntos nos hundimos”.

Los maestros pueden estructurar una interdependencia positiva al establecer metas mutuas (maximizar la productividad de todos: aprender y asegurarse de que todos los miembros aprenden), recompensas en grupo (si todos los miembros del grupo sobrepasan los criterios establecidos, entonces cada uno recibe puntos extra), recursos compartidos (los miembros tienen experiencias diferentes) y papeles asignados (como ser el elaborador de resúmenes, el motivador de participación o el creador).

Finalmente, destacaron que el aprendizaje cooperativo consigue que cada miembro se convierta en un individuo más capaz por sí solo, con más destrezas, logrando un mayor éxito académico y de formación con valores.

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