Archivo del Autor: Manuel Gil Antón

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¿Hay proyecto educativo?

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Ojalá. Esta palabra brota al reconocer que, a ciencia cierta, se ignora si hay algo que sería deseable que existiera. Tanto para conocerlo, como para estar en condiciones de sugerir cursos de acción alternativos con base en la crítica, no estaría de más que los ejes centrales de la propuesta en torno a la educación del próximo gobierno estuvieran claros.

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¿Camino al pupitre?

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Que haya más lugares para que muchos más, o todos sin excepción, tengan oportunidad de asistir a una institución de educación superior, es una propuesta tan importante que debe ser considerada sin eludir la complejidad que implica. En primer lugar, es preciso delimitar lo que hay que entender por educación superior y, en su caso, innovar en lo que esta aspiración conlleva.

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Más allá de la reforma educativa

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El nuevo gobierno, en estos meses, haría bien en no expresar propuestas deshilvanadas. Tiene una gran oportunidad de hacer lo contrario a lo que sucedió: escuchar. Sí, y a los verdaderos especialistas en esta dimensión de la vida social: las mejores maestras y profesores que tiene el país. Menos parloteo y más silencio para oír a los que saben. A los que, con gran desprecio, ignoraron los señores que creían saberlo todo desde su apabullante soberbia. Es tiempo de escucharlos para fincar la transformación en suelo firme. Hay tiempo.

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Mañana hay clases

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¿Cómo, clases en domingo? Sí. El país será una escuela enorme desde temprano. Millones de compatriotas abrirán, recién amanecido el mes de julio, millares de espacios: pondrán mesas y otros enseres para que nosotros, acompañados de los nuestros, o a solas, asistamos al mismo tiempo a recibir una lección y contribuir con ella. Es día hábil para ejercer nuestro derecho a votar, lo cual combina, entretejidas, la enseñanza y el recreo; la seriedad y la alegría; la decisión personal y la incertidumbre por el sentido mayoritario de las opciones del conjunto.

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En buena hora

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Los libros pueden abrir o cerrar ventanas. Dejar pasar la luz y que la mirada se extienda más allá de los linderos de nuestra particular manera de ver las cosas o contribuir a la oscuridad ensimismada, a la penumbra desde la que se definen los límites del mundo, equivalentes a la pequeñez de los prejuicios. Liberan o amarran. Cuartillas para volar o páginas que aplastan.

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Meade: quien bien te quiere, te hará llorar

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En su momento, creí haber oído mal: escuchaba por la radio, de regreso del trabajo, el tercer debate de los candidatos a la Presidencia de la República, que fue en Mérida y, para más señas, el 12 de junio del 2018. Recuerdo: estaban en el tema de la educación. Ricardo Anaya expuso que la Reforma Educativa no tiene problema de concepción —faltaba más: fue uno de sus progenitores y la aprobó con entusiasmo—, sino de implementación. Es buena, pero los del PRI la han echado a perder al ponerla en práctica mal. Propuso llevarla a cabo de manera correcta, y dijo, como acostumbra y ya enfada, “con toda claridad”, que lo haría de la mano de las y los maestros de México. Ergo, su dicho es falso, pues, desde el origen, la reforma acusó al magisterio de los decientes resultados del aprendizaje en la escuela mexicana. Como señaló un día: en política, y por ende en política educativa, no se cometen errores; hay solo una equivocación, y lo demás son consecuencias.

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Era la elección, no la educación

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Hasta el cansancio, sin pausa, el gobierno ha dicho que su reforma educativa era impostergable porque urgía “recuperar, para el Estado, la rectoría de la educación”. Es falso el enunciado pues el mando nunca se lo arrebataron: los distintos gobiernos, desde hace décadas, acordaron compartirlo con la estructura dirigente, corrupta y antidemocrática, del SNTE (anexos, similares y conexos), porque vieron en esas camarillas, como en un espejo, su propia cara. Eran, por catadura ética y cinismo, idénticos. De manera impune y, sobre todo, sin que les importara un comino, pactaron, a cambio de favores políticos y económicos recíprocos, soterrar la educación. La SEP no fue “colonizada”: junto con el sindicato, eso sí, colonizaron el espacio educativo del país para ponerlo al servicio de sus intereses de corto plazo y precarias ideas.

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Morena: pobreza en plan educativo

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Estudiar los proyectos de nación, para el próximo sexenio, que proponen los partidos políticos es importante. Las campañas son estridentes, tienden a simplificar —sobre todo en una democracia de spots— y es preciso leer con detenimiento los textos en que las distintas formaciones políticas exponen su mirada al futuro, y las acciones que para ello consideran necesarias. Aunque se han conformado coaliciones, en cada una encontramos lo que se podría denominar un partido dominante en atención a su fuerza electoral.

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¿Derogarla reforma educativa?

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No se puede. Es radicalmente imposible derogar la reforma educativa. Así, sin duda alguna. ¿Por qué? Por una razón muy poderosa. Joaquín Sabina advierte: “No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Si evocar con melancolía lo no ocurrido es la más mala de las versiones de la morriña, proponer derogar lo que nunca existió es absurdo: carece de objetivo la acción del verbo.

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La educación dispareja

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En nuestro país, 22 de cada 100 habitantes no viven en pobreza, ni corren riesgo de hacerlo. Muy pocos. Ubicados oficialmente en la casilla de los pobres hallamos a 44% (8 y 36% en condición extrema o moderada, respectivamente). Son el doble. Y 34 por centena son vulnerables —en peligro de serlo— ya sea por carencias en el ejercicio de derechos sociales, o al superar apenas, por muy pocos pesos, la línea de la pobreza de ingresos.

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