¿Cambio de paradigma o más de lo mismo? / León Garduño Estrada

                 
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modelo docente

“Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto”
Aristóteles

En esta breve presentación quiero retomar las ideas que planteé en el foro convocado por el Consejo Mexicano de Investigación Educativa el pasado mes de marzo en la ciudad de México. El tema del evento era el de responder a la pregunta de si funcionará la Reforma Educativa. Mi respuesta fue que esto dependía de si queríamos continuar con un paradigma educativo tecnocientífico derivado del neoliberalismo o si queríamos cambiar a un modelo más humano y en estrecha relación con la naturaleza: un paradigma educativo holista. La Reforma Educativa que se nos ha propuesto como parte de un paquete de Reformas Estructurales permite responder a la pregunta planteada por el COMIE desde el mismo paradigma en que probablemente se planteó, pero también deja la puerta abierta a una respuesta desde un paradigma diferente. Para empezar, la reforma propuesta está limitada a un cambio administrativo y evaluativo. En su conjunto, la mal llamada Reforma deja fuera una gran cantidad de factores que desarrollen en los educandos una cantidad de saberes, valores y actitudes que contribuyan a resolver muchos de los graves problemas que tiene México. De tal forma, el componente sustancial de una reforma que verdaderamente oriente y ayude a dar rumbo a un nuevo modelo de país queda intacta. El componente a que me refiero es el de los Fines Educativos así como a un nuevo modelo curricular que deben plantearse con el propósito de contribuir a un cambio profundo hacia una mayor justicia e igualdad, y de cuidado de los ecosistemas.

Es postura de este trabajo que el modelo educativo actual cosificado, desvinculado de los demás sistemas sociales y naturales, individualizado, tecnificado, y con una proyección en el interés personal más que social, en el poseer sin límite y, en el tener antes que en el ser, no es viable. Las crisis sociales que vivimos así como el tremendo deterioro ecológico, me parece, nos deben de llevar a pensar en la posibilidad de la utopía: repensar los fines de la educación. La propuesta es válida a la vez que posible.

La pregunta que se plantea es ¿qué hijos le vamos a dejar a nuestro país; en qué debe contribuir la educación para resolver la gran cantidad de problemas que padecemos en muy diversos órdenes y qué mundo les vamos a heredar? A continuación enlisto algunos datos sobre una serie de problemas sociales y ecológicos:

A nivel mundial:

Según la organización Oxfam (2014), 85 personas son poseedoras de la riqueza equivalente a la mitad de la población mundial.

  • En el informe del 2014 presentado por la organización Oxfam citada arriba, el 1% de la población posee la riqueza que tiene el 46% de ella. La riqueza se concentra en menos manos cada vez. En los Estados Unidos, solamente el 1% de la población ha visto crecer sus ganancias en un 95%, mientras que el resto se ha empobrecido. Esta desigualdad fue considerada como una gran amenaza para la seguridad en el planeta durante el Foro Económico Mundial celebrado en el 2013.
  • Calentamiento global (deshielo, aumento del nivel medio del mar, cambios en la distribución de comunidades vegetales, etc.)

En relación a México, podemos mencionar lo siguiente:

  • Distribución del ingreso (Raphael, 2013):

Sector de menos ingreso: 80%

Sector de ingreso medio: 18%

Sector de mayor ingreso: 2%

  • 5 millones de hectáreas desertificadas en el Edo. de Tabasco. Veracruz ha perdido el 60% de su sistema boscoso.
  • México ocupa el lugar 133 de 162 en el índice de paz en el mundo.
  • Corrupción.

Los modelos de la calidad y de evaluación con su lógica tecnocientífica son las que interesan a los grandes intereses económicos mundiales y deslegitiman cualquier intento institucional que no contribuya a la lógica neoliberal de producción, consumo y más producción; o sea, lograr un estándar de vida alto, con un máximo de consumo y con un óptimo de producción.

De manera muy breve, acerca de los temas de la calidad y de evaluación, no obstante que existen muchos modelos, en general todas ellas destacan el papel del liderazgo del director del plantel, los recursos empleados, el desempeño del profesor, etc. y, como evidencia de calidad las dimensiones de eficacia en el aprendizaje de ciencias, matemáticas y lengua. El currículum se simplifica a cuestiones meramente disciplinarias.

En una investigación dirigida a explorar la cercanía de los marcos de pensamiento de un grupo de estudiantes pertenecientes a diferentes licenciaturas de una institución de educación superior hacia ya sea un paradigma holístico o neoliberal se encontró que una cantidad de ellos se acercaban a explicar diferentes fenómenos sociales y ecológicos desde una perspectiva neoliberal.

Por ejemplo, consideraron al individuo como producto principalmente de sí mismo y constituido principalmente por atributos individuales, así como una concepción de desarrollo orientada hacia el progreso económico donde el ser humano se encuentra por encima de la naturaleza, concibieron la relación del sistema natural con la actividad económica sólo en términos de una mayor generación de riqueza, mayor desarrollo de infraestructura y, en el que el desarrollo ecológico queda reducido a una mayor explotación de recursos posible, concibieron a la pobreza como una situación que se encuentra dentro del control de los propios individuos y donde la responsabilidad de dicho mal recae en cada uno de los pobres.

Lo anterior implica que el currículo necesita orientarse hacia objetivos más amplios que promuevan la formación de marcos de pensamiento dirigidos hacia la restauración de la unidad entre el individuo, la sociedad y la naturaleza. Es decir, marcos de referencia donde se contemple el autoconocimiento como la recuperación de la propia identidad como especie, ser social e individual al reconocerse como parte de holones más complejos. El currículo en este sentido deberá de considerar la interdependencia del todo promoviendo así una relación dialógica con sí mismo, con el otro, los otros y la naturaleza, donde la ética consista en no buscar con sus acciones dominar, sino la armonía dentro de un planeta con recursos limitados donde otras especies participan.

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