Cartilla moral y política educativa

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No todos tenemos fuerzas para corregirnos a nosotros

mismos y procurar mejoramos incesantemente.

           Alfonso Reyes

La Cartilla moral, una obra de unas cuantas páginas que escribió Alfonso Reyes a solicitud de Jaime Torres Bodet de “… escribir las lecciones de moral para las cartillas de la campaña del alfabeto”, sigue desatando polémica 75 años después de que fuese escrita.

He dejado constancia en estas páginas acerca de que no me gustan muchas de las iniciativas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador respecto a la educación nacional. Reeditar y poner en circulación la Cartilla moral no es una de ellas. Por el contrario, me alegra que la tome como bandera y hasta divisa personal. Mas hay elementos que no me convencen, de la política, de la Cartilla sí.

Me disgusta, por ejemplo, que en la parte gráfica aparezcan los héroes que el Presidente considera insignias de su gobierno —y agrega un retrato de Leona Vicario— y que, en lugar del águila del escudo nacional aparezca la del emblema de Morena, con el fondo guinda, el color de su partido. Además, me enfada que sea la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas el principal vehículo de distribución.

Inverso a la postura del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuando el entonces secretario de Educación Pública, Ernesto Zedillo Ponce de León, trató de ponerla en circulación, pienso que la Cartilla no atenta contra la educación laica ni es una apología de los valores religiosos. Es una obra que, como apuntó Javier Garciadiego, es de inspiración aristotélica. No contiene panegírico de alguna religión a pesar de que en el original aparezca dos veces la palabra cristianismo y el respeto como edicto religioso.

La Cartilla no trata del amor, aunque menciona al prójimo, sino de respetos; en primer lugar, a uno mismo; también a la familia, la sociedad, la ley y al trabajo humano. Asimismo, postula el apego al país, a las tradiciones y al gobierno. No hay que olvidar que fue una obra por encargo de la jefatura del último presidente militar.

A pesar de que fue escrita con el ánimo de alfabetizar, la Cartilla moral, en esencia, es un postulado en favor de la civilización y la humanidad. Sintetiza los valores que, si bien la mayoría de las religiones defienden, son los mismos que han permitido la convivencia y armonía social; actúan contra la guerra, el odio y el mal, las ignominias que devastan a la especie humana.

Para Alfonso Reyes, la paz es el sumo ideal moral, pero ésta sólo puede rendir fruto donde todos la respeten y la amen: la patria. La nación debe promover y proteger los principios fundamentales: “libertad, justicia y democracia”. Y, sentenció al final de la lección 9: “Puede añadirse que quien ignora el deber patrio es extranjero en la humanidad”.

José Luis Martínez, ensayista y poeta, fue secretario particular de Jaime Torres Bodet y quien preparó la edición que se hizo de la Cartilla en el gobierno de Carlos Salinas. Rodrigo Martínez Baracs, su hijo, publicó en Letras Libres (23 de enero de 2019) “La historia de la Cartilla moral de Alfonso Reyes”.

Allí menciona que “…en la lección 4, mi padre suprimió donde dice que los respetos morales ‘equivalen a los ‘mandamientos’ de la religión’”, y que este pasaje “fue restituido en la edición de 2019”.

Me pregunto por qué, teniendo un aparato institucional gigantesco en la SEP y dependencias de educación en los estados, becarios y el servilismo del SNTE, el Presidente optó por una congregación religiosa para repartir una obra civil.

La nueva irrupción de la Cartilla moral en la política educativa tiene dos vertientes. Una educadora, humanista, que se sintetiza en el epígrafe de este artículo. Otra, como un instrumento de la tecnología del poder del presidente López Obrador. La restitución de “los mandamientos de la religión” y el hecho de que sea la Confraternidad Evangélica quien distribuya y haga propaganda a la Cartilla moral, pienso, atentan contra el Estado secular y la educación laica.

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Sobre Carlos Ornelas

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Carlos Ornelas es doctor en educación por la Universidad de Stanford. Es Profesor de Educación y Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de reformas educativas en perspectiva comparada. Su libro, El sistema educativo mexicano: la transición de fin de siglo (México: Fondo de Cultura Económica, 1995), tiene dos ediciones y 15 reimpresiones.

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