Cuatro balas y un blanco

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Me equivoqué. Aprendí de Miguel Ángel Granados Chapa que los periodistas publican sus errores. Eso me pasó el miércoles.

Pronostiqué que la Reforma Educativa que promueve el gobierno del Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, sería el nuevo estandarte a partir del 1º de mayo.

Le faltó un voto en el Senado de la República.

Habrá un periodo extraordinario y la contienda legal llegará a su clímax, la política continuará.

Veremos si los diputados de los partidos Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática se solidarizan con sus camaradas del Senado o hacen caso a sus gobernadores.

El papel de Movimiento Ciudadano será crucial.

Tal y como quedó el dictamen —y por eso la impugnación en puntos particulares— abre la puerta a la recolonización del gobierno de la educación por parte de las facciones del SNTE, todas las facciones, no nada más la CNTE. Leo Zuckermann, mi colega y amigo, citó mi trabajo y comentó que el tipo de colonización que se percibe es, según Javier Tello, por invitación a la CNTE.

En mi libro reciente, La contienda por la educación (México, Fondo de Cultura Económica, 2018), discuto tres tipos de colonización. Una por invitación, que fue lo que hizo el presidente Manuel Ávila Camacho. Otra por pacto y la tercera por conquista.

A fe mía que en la reunión más reciente —que no será la última— de nueve horas de duración entre los secretarios de Educación Pública, Gobernación, el asesor Jurídico de la Presidencia, los coordinadores de las bancadas en la Cámara de Diputados (excepto el del PT) y los líderes de la CNTE se logró un convenio; tal vez se pactó algo.

Según analistas, eso explica la parsimonia de la Coordinadora, que dejó pasar la votación en el Congreso sin aspavientos.

El 30 de abril el Presidente mandó al Congreso el Plan Nacional de Desarrollo.

El diagnóstico de los males del neoliberalismo (que en sentido lato es de la historia mexicana) me parece correcto.

Corrupción, carácter antidemocrático de las instituciones, pobreza, marginación, desigualdad y ausencia del Estado de derecho.

Concibe a la educación como un brazo del Estado (del gobierno central, en rigor) para abatir esos males: “El gran desafío de la educación en México es colocar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el centro de atención del Sistema Educativo Nacional, así como formarlos en el desarrollo de competencias que les permitan adaptarse a los cambios tecnológicos globales, a las nuevas exigencias del sector productivo y al auge del aprendizaje a través de plataformas virtuales”. Tamaño reto.

El antecedente inmediato en el que puedo pensar es el modelo educativo para la educación obligatoria del gobierno anterior.

Diferencias en las palabras, no mucho en los conceptos.

El único dirigente de los maestros en Palacio Nacional el 1º de mayo fue Alfonso Cepeda Salas. ¿Queda claro por dónde va la pichada?

El blanco: la SEP informó al Poder Judicial que el Presidente no envió el memorándum para dejar sin efecto la Reforma Educativa del gobierno anterior.

¿Propaganda, pues?

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Sobre Carlos Ornelas

Carlos Ornelas es doctor en educación por la Universidad de Stanford. Es Profesor de Educación y Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de reformas educativas en perspectiva comparada. Su libro, El sistema educativo mexicano: la transición de fin de siglo (México: Fondo de Cultura Económica, 1995), tiene dos ediciones y 15 reimpresiones.

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