Desarrollo de la Carrera Profesional. Una Reflexión

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Sabemos que el ciclo de la vida en todo organismo vivo implica varias fases o etapas: nacer, crecer, reproducirse y morir, variando el tiempo de duración de cada una de ellas, según el caso.

Este proceso también se observa en productos comerciales y se extiende a diferentes ámbitos, como el de la carrera profesional. Enfocándonos en esta última, se advierte que presenta algunas etapas claramente visibles.

Quizá la primera de ellas sea la libertad de elección en relación a la carrera que va a cursar ya que ello implica, que al ser elegida voluntariamente de acuerdo a su vocación, está en posibilidades de asumir la responsabilidad inherente a dicha carrera además de imprimirle un sentido de desarrollo creciente al estar en el centro, el interés personal por ese campo que a su vez adquiere el carácter de motor de motivación.

Desde luego que esta elección contará con la influencia de factores familiares y sociales y, quizá en algunos casos, de manera consciente prefieran anteponer estos criterios posponiendo la concreción de su propio interés.

En ambos casos resulta evidente la necesidad de conocernos como personas en cuanto a nuestros intereses y proyecto de vida, así como valorar las condiciones que nos brinda nuestro entorno para decidir en tal o cual sentido.

Siguiendo con el proceso de desarrollo de la carrera profesional, la segunda etapa la constituye la formación académica que recibamos (sumada a la que por iniciativa personal, nos procuremos) y apliquemos, con mucha atención, en la solución de problemas. Que seamos capaces de desarrollar la capacidad de observación y asombro para detectarlos y buscarles una solución adecuada; esto es, partiendo de metodologías establecidas, ir reorientando de acuerdo a condiciones específicas en que se vaya a incidir e inclusive llegar a crear alguna metodología.

La incursión en el ámbito laboral, sería la tercera etapa de desarrollo de la carrera profesional. Esto implica conocer como primer punto, los objetivos de la institución o empresa en la que nos incorporamos a trabajar así como la población objetivo a la cual están encaminados sus esfuerzos. De esa forma, iremos poniendo en juego nuestros conocimientos y habilidades al desarrollo y logro de los mismos. Y, paulatinamente, nos iremos adentrando en los pormenores que muy a menudo se pasan por alto.

En esta etapa debe darse, necesariamente, como parte de nuestra ética profesional, un proceso de enamoramiento de las actividades a realizar para poder llegar a mejorarlas y con ello, mejorar el funcionamiento de nuestra fuente de trabajo. Es fortalecer nuestra identidad como parte de la institución. Es entender el trabajo como algo que debemos asumir como una responsabilidad grata, no como algo que sólo nos permite subsistir y con ello, medio sobrevivir.

Como algo de mucho valor en esta fase, es la transmisión de saberes que debe existir de los directivos de cada área, hacia su personal subordinado. Porque ¿de qué mejor manera pueden crecer en su carrera profesional que contando con la guía precisa, sin egoísmos, desinteresada, con conocimientos reales de su área y sobre todo, con un trato digno, por parte de sus superiores? ¿Sin otro propósito que facilitar la formación de su personal para que su área se supere y distinga? Personal que, más tarde o más temprano, será el relevo generacional que estamos obligados a formar.

Éste es el principal abono para el crecimiento de un profesionista y para robustecer la formación de recurso humano con perfil idóneo.

En la cuarta y última etapa, no hablamos propiamente de muerte del profesionista, sino más bien del desarrollo o madurez que se adquiere en un punto específico de la carrera profesional que se logra cuando el conocimiento obtenido académica y experiencialmente, posibilita realizar propuestas reales de desarrollo institucional como parte del compromiso adquirido voluntariamente al aceptar un determinado trabajo.

Propuestas cuyo objetivo muy claro sea fortalecer el prestigio e imagen de la institución que nos brindó la confianza de formar parte de su personal. En definitiva, considero que ésa debiera ser la contraparte por excelencia, de contar con un trabajo: ofrecer elementos sustentables para su desarrollo y mejora.

En esas condiciones, quizá de momento, ideales, se pugnaría por ir aproximando, de la teoría a la práctica, conceptos como responsabilidad social, equidad, justicia, diversidad… con base en el amor al prójimo.

Por último, entiendo que la carrera profesional en sí, es la actividad que elegimos realizar en el transcurso de nuestra vida, acompañada de una serie de toma de decisiones que nos irán reestructurando hasta lograr la madurez tan anhelada, que nos permita ser testigos o no, de los frutos de nuestras aportaciones.

Dra. Gloria Esther Trigos Reynoso

Dirección de Sistemas Administrativos

Universidad Autónoma de Tamaulipas

gtrigos@uat.edu.mx

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