Docentes de plastilina

                 
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El Ogro Pedagógico persiste en sus convicciones. Pasan sexenios, reformas, secretarios y legislaturas sin que se advierta la continuidad de sus creencias. Ahí está, obcecado. Y manda sin hacer demasiado esfuerzo, aunque a veces, no pocas, su andar torpe aplaste a muchos y derrumbe edificios: daños colaterales.

Da la impresión que, al llegar un gobierno y nombrar al mandamás en la SEP, así como a sus colaboradores, este ser del mundo de la fantasía los atrapa y seduce, aprovechando enormes dosis de ignorancia, soberbia y altanería que traen consigo los designados para hacer cosas estructurales, nuevas, históricas. Vamos: nunca antes vistas. Cuando un nuevo funcionario llega al despacho, respira hondo y dice, como ensayo para luego pontificar ante la prensa o el auditorio que se le atraviese: ahora sí las cosas van a cambiar, tenemos la solución. ¡Que no le digan, que no le cuenten! Le venimos ofreciendo lo que viene siendo La Piedra Filosofal Educativa —así, en mayúsculas mayestáticas— con la que vamos a resolver todo en un tris. Por eso le piedra es mágica: en la Edad Media los alquimistas decían que podía hacer mutar un metal barato en oro puro, hacernos inmortales y todopoderosos. Y vaya que de piedras está repleto el costal educativo que carga el Ogro y reparte con generosidad.

Sin ser exhaustivo enumero algunas: en vez de materias, habrá áreas del conocimiento; dejemos atrás usos y costumbres, y adoptemos el constructivismo; les presento al salón de clases del Siglo XXI: la Enciclomedia; el sendero hacia la gloria del primer lugar en los exámenes de la OCDE, que pronto vamos a conseguir, pasa por acomodar todo a las competencias; para abandonar la educación memorística, la clave es aprender a aprender y ahí les va, con tinta fresca, el Nuevo Modelo Educativo; apenas hace un año, apareció otra roca: de una vez vamos a resolver el conjunto de males que nos impiden una educación maravillosa. Sí, es posible y ya la estamos construyendo como una Catedral. Con ustedes, la Nueva Escuela Mexicana.

El Ogro Pedagógico reposa. Le complacen mucho las ocurrencias cuando el poder, de cualquier signo, las cree a pie juntillas y no se cansa de repetir, por anticipado, sus logros. Una vez que consigue engañar a los que dirigen, se puede dar el lujo de sentarse a esperar a la administración que sigue. La clave central de su estrategia, es hacer que los funcionarios crean que las maestras y los profesores son de plastilina.

Sí: maleables, hechos de un material que no ofrece resistencia y se puede manipular. O marionetas a las que sin modificar los hilos que lo atan al titiritero, le cambian los atuendos y bailan o se mueven, de repente y sin problema, al ritmo y son que toque el que decide.

Con una semana de anticipación al inicio de los cursos, el millón y medio de docentes memorísticos van a ser facilitadores del aprendizaje; les vamos a explicar lo de las áreas, para que vean que son mejor que las materias; dejarán de dar clases con el libro de texto para exponer, con el pizarrón electrónico, la ciencia entera; en lugar de repetir como loros, vamos a comprarles un volcán que haga erupción con sal de uvas Picot.

Ahora, con pocos días de anticipación, en los Consejos Técnicos Escolares se explicó la Nueva Escuela. No faltó, faltaba más, un video del Señor Secretario la mar de claridoso. El problema es que los docentes no son de plastilina, son personas; para sobrevivir, hacen de cuenta, pero luego realizan lo que saben hacer, bien o no tanto, en sus escuelas. Suponer que son de arcilla, y los que mandan dioses que insuflan sabiduría, es el camino seguro al fracaso.

El Ogro ríe: no se dio la voz a los docentes. Ese es el juego.

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Sobre Manuel Gil Antón

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