Educación: entre la tecnocracia y la demagogia

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¿Por qué el Gobierno Federal se embarcó en la renovación de los planes y programas de estudio para educación básica cuando no sabemos si los modelos curriculares previos dieron resultado? ¿Para qué cambiar el contenido de los libros de texto gratuitos cuando cerca de nueve millones de niñas, niños, jóvenes y adultos fueron excluidos del Sistema Educativo Nacional a raíz de la pandemia (INEGI)? ¿Qué propósito tiene organizar asambleas cuando los más pobres perdieron comunicación con sus maestros, no hay evaluación confiable de sus aprendizajes y “casi un tercio” de las primarias de México no tiene un servicio para lavarse las manos (Mejoredu)?

Esta reflexión fue expresada con otras palabras y matices por varios colegas en la mesa sobre retos y pendientes de la educación en México organizada por Educación Futura https://youtu.be/J_5Kmt2hrXE. A partir de esta preocupación, pude constatar la necesidad de entender, con mayor profundidad, cómo este gobierno hace propuestas, construye su agenda educativa y actúa.

En primer lugar, habría que hacer notar que la idea de la asamblea para renovar los planes y programas de estudios la contraponen los actuales políticos de la SEP a un enfoque cerrado que operó en el pasado. “Ya no se trata de que a un insigne maestro le asignen la hechura de un libro de texto, ahora todos participan”. El enfoque popular busca reemplazar al técnico y esto es muy atractivo, aunque la pregunta que queda abierta es si las consultas servirán para cambiar en algún grado la propuesta original. ¿No será que tanto el enfoque popular como el tecnocrático sólo buscan legitimar la visión oficial? Quizás el fin sea el mismo, pero el medio distinto y repito, más llamativo.

Desde hace tres años, hemos observado que el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación no ha hecho propuestas educativas originales, pero sí atractivas. Para ello, ha construido una fórmula basada en algo que podríamos denominar como “doble código”. Por un lado, dice reivindicar al pobre, pero por el otro, trata de desarmar al crítico u opositor “metiéndolo hábilmente en la contradicción” (Praxedis). “¿Cómo no vas a apoyar la revocación de mandato si eres contrario a AMLO?” Y los que quieren que se quede promueven, paradójicamente, un mecanismo para que se vaya. He aquí un rasgo del “doble código” cuatroteísta.

Esta fórmula ambivalente es útil para mantener el poder, no para gobernar eficazmente. Explota lo simbólico sobre lo real. De ahí que en lugar de contrarrestar con acciones puntuales y estratégicas la crisis educativa que enfrentamos, la SEP elija placearse. “En este gobierno, se le pregunta al pueblo qué quiere leer” (aunque no tenga condiciones reales para hacerlo efectivamente). Para hacer propuestas a futuro, habrá que sobrepasar este código. ¿Cómo? En primer lugar, cuestionándolo de manera pública. En segundo, resolviendo a la contradicción, y en tercero, deliberando abiertamente propuestas que sean efectivas pero que también cobren sentido en un nuevo imaginario.

Importa la vida que vive realmente la gente, no como la imagina el tecnócrata ni el demagogo. Los hechos, datos y evidencia cuentan, pero también los marcos interpretativos donde esa información toma sentido. Creemos entonces las bases para el renacimiento de una política educativa liberal, humanística, y eficaz.

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Sobre Pedro Flores

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