El modelo educativo: las primeras lecciones

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En la implementación del nuevo modelo educativo, el gobierno, ese enorme conjunto de instituciones que integran el poder público, el cual dimana del pueblo y se instituye «para beneficio de éste» (Artículo 39 de la Constitución), parece no tener presente que cada una de sus acciones son mensajes para los ciudadanos y para la sociedad, es decir, una forma de «lecciones» sobre la manera en que está llevando a cabo o eludiendo su responsabilidad de manera cotidiana. Las enseñanzas que imparta el gobierno con su acción tienen una exigencia de gran alcance, pues deben ser congruentes con lo que establece el Artículo 1° de nuestra carta fundamental: «En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano se parte…». Quiere decir que ninguna acción gubernamental ha de violar o contribuir a la violación de algún derecho humano.

Aunque el modelo en cuestión se ocupa de un asunto que le da nombre, la educación, esta tiene un vínculo íntimo con todos los derechos y, debido a ellos, con toda la acción de gobierno y, esta, por sus fundamentos normativos, con la vida social toda. Por principio, el modelo educativo, a causa de su finalidad, la formación de los ciudadanos mexicanos, obliga a tomar la Constitución en serio, pues la formación de los ciudadanos es la actividad más importante a cargo del gobierno.

Es claro que la tarea educativa es responsabilidad de la rama ejecutiva del gobierno, pero la acción de los tres poderes debe darle todo el sustento necesario por medio del cabal cumplimiento de la ley, del respeto y protección de los derechos. El breve documento Los fines de la educación en el siglo XXI alude a los mexicanos «que queremos formar» y estos han de ser personas -término que por sí solo recoge y expresa la complejidad y profundidad de la formación que se debe promover-, que adquieran la capacidad de análisis y síntesis, de saber argumentar; la capacidad de ser críticas, reflexivas, creativas y exigentes; habrán de reconocer «como iguales en dignidad y derechos a todos los seres humanos», y en la solución de conflictos deberán favorecer «el diálogo, la razón y la negociación»; deberán «conocer y respetar la ley…» Son estos algunos de los elementos que deben guiar el desarrollo de la personalidad de los ciudadanos.

Tales rasgos están ahí con carácter de fines, es verdad, pero al mismo tiempo indican carencias en el desarrollo humano de los mexicanos que se expresan en una vida social y política caracterizada por serios conflictos, por una débil experiencia democrática. Por ello el modelo educativo plantea que el conjunto de fines sea guía para «maestros, padres de familia, estudiantes, autoridades y comunidades educativas», y para la sociedad.

Esos fines están ahora confrontados con la acción del gobierno y este está sujeto al escrutinio de los actores educativos, que son ya en algún grado personas críticas y reflexivas y se dan cuenta de que falta mucho conocimiento y respeto de la ley y que el gobierno no actúa conforme a la misma en muchas de sus áreas, por ejemplo: no tiene una orientación decidida y eficaz para garantizar la seguridad de los ciudadanos y atender a las víctimas; carece de una estrategia contundente de solución de los conflictos con «diálogo, razón y negociación»; no lucha con todos sus atribuciones legales contra la corrupción y ha permitido que esta lo carcoma a él mismo, desatendiendo los reclamos de la sociedad para investigar y castigar; excede el gasto que se le autoriza, es decir, viola la ley con ello y al gastar no lo hace con transparencia, desperdiciando el dinero que pertenece a la sociedad y que tiene destinos específicos… Estas son algunas de las cuestiones por medio de las cuales el gobierno da lecciones contrarias a los propósitos del modelo educativo. De ello da cuenta la comunicación social cada día, documentando omisiones y abusos.

Entre los actores educativos están las autoridades, pero estas tienen un grave déficit de responsabilidad y de legitimidad. En lugar de mostrarle a todos los otros actores de la educación un compromiso indudable con los fines de la educación, dan enseñanzas contradictorias. Grupos diversos de la élite gobernante se muestran distantes, ajenos a las necesidades sociales. ¿Cómo harán para dar el sustento que requiere el modelo educativo? Lo que hace el gobierno es parte del currículo y es objeto de análisis y de crítica.

La educación, al formar a los ciudadanos, está actuando en el presente y aunque pareciera que toda su actividad y eficacia es diferida hacia el futuro, ello no es verdad. El ciudadano que se está formando, por medio de su propia experiencia social, por la acción de sus maestros, padres y por la actividad de la comunidad educativa en la que participa, conoce los excesos y las carencias gubernamentales y estos socaban los fines de la educación. Es claro que el gobierno debe cambiar si quiere ser creíble en lo que respecta a los fines de la educación. Debe dar las lecciones correctas y lo sabe.

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