El plagio y el nivel estructural de la ética

Juan Martín López Calva

El bien de orden es la estructura o instalación (set-up). La familia, por ejemplo, no es un bien particular, sino un flujo de bienes particulares para el padre, la madre y los hijos. Otro caso del bien de orden es la tecnología–la economía–la política. El aspecto más obvio es la economía…
Igualmente, un sistema educativo es un bien de orden. Un sistema educativo no es la educación de este niño, de este joven, ni de esta jovencita. Es un flujo de educaciones. Determina lo que fluye y la dirección en la que ha de fluir.
Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, p. 27 (1).

En mi primera entrega del año hablé en general del caso, analizando su gravedad desde la perspectiva de la religación de la ética moriniana y el efecto nocivo que tiene en el tejido social del país que existan casos como el de esta tesis.

Abordé además brevemente, los tres niveles que desde lo que Lonergan llama la Estructura invariante del bien humano como objeto, tienen las conductas no éticas como el plagio, porque existe sin duda una responsabilidad particular de las personas que participan en él, pero también se tiene que analizar el nivel estructural o sistémico que reproduce estas conductas y en tercer lugar, la expresión de ellas como manifestaciones de una cultura distorsionada.

Insisto en el caso porque sigue en proceso, porque en las últimas semanas hemos tenido noticias de las decisiones institucionales que se han tomado hasta ahora al respecto, decisiones que son a todas luces parciales y hacen sospechar en presiones políticas que han sesgado lo que se ha dictaminado hasta ahora y porque creo que es un ejemplo muy claro de la descomposición ética en el nivel estructural que vivimos en nuestro país.

Sintetizando lo que se ha determinado hasta ahora puede decirse que, tanto en la comisión que revisó el caso en la FES Aragón como la de la Facultad de Derecho de la UNAM han dictaminado que después de analizar las dos tesis involucradas centralmente -la de 1987 de la Ministra y la de 1986 del Lic. Edgar Ulises Baez– que efectivamente Yazmín Esquivel Mossa plagió su tesis.

En segundo lugar, la UNAM turnó el caso a la Secretaría de Educación Pública argumentando que no tiene la facultad de invalidar un título que ella misma expidió, cosa bastante extraña y la SEP respondió diciendo -con razón, desde mi punto de vista- que sus facultades son las de avalar los títulos que expiden las universidades e instituciones de educación superior cuando toda la documentación está en orden, pero ella no expide el título y por esta razón, no puede invalidarlo.

El tercer hecho importante es que, en un oficio presentado por escrito ante las autoridades de la UNAM, 33 académicos solicitan a la universidad que anule el título de la ministra, toda vez que se ha verificado que es una copia prácticamente total del trabajo de Edgar Ulises Baez. Este es el clamor popular al menos en las redes sociales y en muchos espacios de análisis en los medios de comunicación.

Finalmente, la única sanción tomada hasta el momento es la del despido de la asesora de ambos trabajos de titulación, que al parecer “dirigió” también alrededor de diez trabajos idénticos, pero no ha habido ninguna decisión respecto a la anulación del título obtenido con esta tesis robada.

En el ámbito político se difundió ampliamente una reunión privada que tuvieron la Ministra Esquivel y su esposo, el contratista favorito de este gobierno federal, con el presidente López Obrador. A partir de esta reunión se especuló que Esquivel renunciaría a su puesto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y se le daría un puesto en el gobierno. Sin embargo, parece que lo acordado en esta reunión fue lo contrario: que la Ministra se aferrara a su silla en la Corte y el presidente siguiera justificando o minimizando su conducta contraria a la ética.

Como afirma la cita de Lonergan que uso como epígrafe en esta entrega, el bien de orden es una estructura, una instalación que rige los ciclos de esquemas de recurrencia en las diversas actividades humanas: la economía, la política, la familia, la educación, etc.

Lo que está dejando muy claro este caso, más allá de las responsabilidades individuales -que en este caso son tanto de la directora de tesis despedida como de la Ministra que sigue tan campante firme y apoyada en su cargo-, es algo que si bien no es una novedad, creo que se está volviendo más abierta y cínicamente evidente: la deformación de nuestro sistema económico, político y de educación superior -y creo que aplica también a los demás niveles- que ha dejado de ser un bien de orden y se ha convertido en un mal estructural.

Este mal estructural ha resultado evidente en el nivel político por la defensa a ultranza de la Ministra por parte del Presidente y sus seguidores y la permanencia claramente ilegal -porque para ser ministro de la SCJN se requiere un título de licenciatura como mínimo- de Esquivel en su silla en la Corte.

También se ha visto y deberíamos todas las instituciones de educación superior -y las de niveles inferiores- que existe un mal estructural que genera las condiciones para reproducir conductas no éticas como el plagio, la escritura fantasma, la autoría inapropiada y otras muchas conductas de las cuales el caso de la Ministra es solamente un ejemplo particular de un sistema educativo que no sólo permite por omisión, sino que incluso estimula la reproducción sistemática de estos comportamientos por las presiones de sobrecarga de trabajo a los docentes, los huecos en su normatividad o por la forma en que se aplican discrecionalmente los reglamentos, como en este caso.

Resulta lamentable que un caso como el que nos ocupa se pretenda resolver con un “chivo expiatorio” -el despido de la asesora de la tesis- sin entrar al fondo que implicaría la anulación del título universitario, pero resulta aún más preocupante que este mal estructural, esta distorsión sistémica que padece nuestra educación superior no se analice a fondo y se tomen las medidas pertinentes para arrancar el mal de raíz, regenerando esa instalación o configuración (set up) estructural que reproduce continuamente el fraude académico.

Sin duda este mal estructural de la educación superior -e insisto, de todos los niveles educativos en distintas formas- es constantemente reforzado por el sistema económico que nos pone como meta la competencia feroz y la supervivencia a costa de lo que sea para obtener el “éxito” -es decir, la posesión de muchos bienes materiales- y por el sistema político que también ha perdido su finalidad fundamental que es la construcción del bien común y se ha centrado en la consecución y la conservación del poder sin importar los medios.

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Una educación ética pasa sin duda por fomar personas que elijan lo bueno para sí mismas y para los demás, pero no puede quedarse ahí. La educación ética tiene que reconstruir las estructuras y normas que sustentan y dinamizan un modo de ser y hacer, una configuración o instalación que como vemos hoy en día, está produciendo la degeneración social y no su regeneración.

(1) Esta cita no está tomada de la versión publicada de este libro sino de una versión preliminar, por ello el no. de página podría variar.

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