El poder de una lectura constante

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Rosalía Nalleli Pérez-Estrada

La liberación de ataduras mentales viene siempre acompañada de una lectura constante y se palpa en el escritor, orador o investigador experto. La mejor manera de descubrir su libertad se logra cuando se lee o  escucha su participación entretanto se muestra en el manejo de un público; y que logra lo que decía Bloom Harold (2000), que la lectura por su cuenta importa ya que permite a los individuos tener la capacidad de juzgar y opinar por sí mismos, ya que la lectura fortalece la personalidad y permite averiguar cuáles son los verdaderos intereses de cada uno.

A la vez, sus estrategias lectoras se muestran en cada texto producido mientras se escuchan las voces, ideologías y argumentos de innumerables escritores, a la par que muestra también sus pensamientos e ilusiones. Gente que cuando habla o escribe hace que su pensamiento se vuelva tangible y mezcle su construcción y reconstrucción con cada lectura, al traer a su voz a múltiples filósofos, poetas y políticos que le han dado vuelta al mundo;  con un texto literario, argumentativo informativo, científico o un tratado, mostrando la interpretación de sus sueños, críticas y opiniones, pertenecientes a diferentes disciplinas y de gente como Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Albert Camus, Gabino Barreda, Mario Benedetti, José Vasconcelos, Octavio Paz, Jean Baptiste P., Cicerón, Nietzsche, Belisario Domínguez, Krause, Carlos fuentes, Gustavo Díaz Ordaz, Samuel Ramos, Jorge Luis Borges, Facundo Cabral,  Larry Niven, Freire o José Martí, Goleman, por mencionar sólo a algunos, que son regularmente citados durante algún discernimiento conciliador y esto lleva respetar el gran arte de producir textos, para conmover y convencer con elocuencia; porque detrás de cada idea, hay un libro leído, con productores de textos que desarrollan el pensamiento crítico, paralelo y complejo y representan la realidad mediante la palabra, mientras defienden a un autor o su postura y cambian el repertorio de creencias, de todo el que lo escuche o lea.

La participación en la oratoria, en el debate, en los foros o en una revista, periódico  o libro, logra que el productor que habla o escribe juegue y busque convencer a una audiencia, mientras ejerce el poder de la palabra y se beneficia, quizás sin saberlo, de la posible enfermedad que ataca la vejez, por ejercitar a ese músculo llamado cerebro, a la vez que se libra de prejuicios apabullantes, de cercos y etiquetas sociales que  estresan en una exigente sociedad crítica, poco colaborativa para la propuesta. Esta gente, que hace de su lectura su voz y su modo de vida constante se vuelve a la vez un conversador experto, que desea saber más mientras se aleja del vicio mundano y castrante que lo lleva al rumor, y disminuye su energía; durante el desarrollo de la creatividad personal, de auto conocimiento, primer paso para potenciar la inteligencia emocional, para enfrentar problemas de manera pacífica y sin manoteos, ni reacciones agresivas para entablar relaciones a largo plazo, basadas en el respeto.

Por otro lado, un buen lector siempre tiene a un libro como compañero con quien dialoga en una discusión tolerante y de escucha atenta, a la par que de manera inherente desarrolla estrategias lectoras, que se vuelven automáticas y reguladas, dando razón a Solé quien decía que (2006) aprende a asumir el control de la propia lectura, a regularla y a tener un objetivo para ella, mientras genera hipótesis acerca del contenido que se lee. Así que  tanto el lector, el escritor y el orador, cuando producen un texto, recurren a su contexto mental en el cual se ubica su conocimiento previo para poder comprender o producir un texto. La experiencia previa y constante del maravilloso mundo de leer conduce, indudablemente, al hermoso mundo del conocer y del proponer, situación que puede seguir siendo promovida por el gran sistema educativo Mexicano y de manera incansable, para que en un futuro todos los lectores se vuelvan escritores y todos los escritores lleven a nuestro mundo a vivir un desarrollo de lectores incansables, en una pandemia de propuestas, cuyo deporte vaya acompañado de un libro y su arma principal ante la pelea sea la palabra, en todas partes del planeta, en una actividad casi parecida al comer o dormir, que parezca que es el producto de un cuento de ficción.

Rosalía Nalleli Pérez-Estrada. Directora de Universidad Santander, Campus Tlaxcala. Profesora por asignatura, de la Universidad Politécnica de Tlaxcala. Investigadora invitada por CIFE.   rosalia_na@hotmail.com.

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