El rompecabezas de Eusebio

Comparte...

Nota sobre Cronos

En nuestro país, cuando algún seminario o mesa redonda empiecen a tiempo, se dará una marometa la Diana Cazadora. De ese tamaño es la costumbre de faltar al respeto a los que se les ocurre la malhadada idea de ser puntuales.  Es el caso del Seminario del INEE sobre la Reforma Educativa: avances y desafíos: de las tres sesiones que van, las tres han iniciado tarde y a nadie le importa… eso sí, Ricardo Raphael, José Buendía y Gabriela Warkentin, coordinadores de las mesas, cerca del final, siempre dicen que “el tiempo es un tirano”, que “nos podríamos pasar dos horas más hablando del tema”, que “ya nos queda poco tiempo, que no hay lugar para las preguntas”. No son ellos los responsables, sino los que participan en el podio o, simplemente, los malos usos y peores costumbres. Eso sí, no es cultural, como tampoco la corrupción: enmendarlo derivaría de la intervención de los responsables de las instituciones. Esperemos sentados…

La sesión

5:00 nada/ 5:07 anuncio en torno a qué hacer en el caso de sismos (y a dónde ir en caso de alarma (o meneo) a las zonas “más inseguras” dice la voz: risas/ 5:10 llegan, pero no suben los que serán parte del podio y platican muy a gusto/5:14 inicia la introducción de la moderadora, y anuncia las semblanzas/ 5:18 inicia la exposición del funcionario de la SEP.

La reunión del 4 de octubre se dedicó a “La atención educativa a las poblaciones desfavorecidas”, que, en nuestro país, debería haberse llamado “La atención educativa a las mayorías”. El actor estelar fue el Dr. Rodolfo Tuirán, ahora subsecretario de educación media superior, el sexenio pasado subsecretario de educación superior, antes subsecretario en SEDESOL con Josefina Vázquez Mota y más “antecitos” – si se me permite el maravilloso barbarismo – director del Consejo Nacional de Población, CONAPO. Como subsecretario de algo, terminará este sexenio con 18 años en el tercer nivel del gobierno federal en las alforjas, con diferentes partidos en el Ejecutivo: me atrevo a conjeturar que ha pasado, en ese tipo de cargos de alto nivel, al menos una tercera parte de su vida. Sabe su, y de su, oficio.

Comentarán el Dr. Emilio Blanco, investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, y la Mtra. Margarita Zorrilla, integrante de la Junta de Gobierno del INEE. Coordina Gabriela Warkentin.

Como ya es costumbre

Luego de los consabidos agradecimientos, Tuirán anuncia que hablará, ¡nada más!, de 8 acciones en torno al ingreso de todos a una educación de calidad, con inclusión y equidad, pero que no más de esos 8, porque hay muchos más. Anticipo la carretada de cifras, e intuyo cuál podría ser uno de los ejes de la discusión: ¿ante qué estamos? Una serie de acciones, muchas, sobrepuestas, amontonadas, con hartas cifras… o programas e intervenciones articuladas a un proyecto general, de naturaleza social y educativa, con menos cifras y más argumentos. He ahí el dilema. Para este gobierno, lanzar muchas cifras, gráficas de barras, histogramas, promedios, cuartiles, percentiles y lo que se ofrezca – además de fotos y videos conmovedores – es sinónimo de informar.  

La teoría del rompecabezas

Para poder expresar lo que voy percibiendo en estas reuniones, les comparto una anécdota que se atribuye a mi amigo Eusebio Fernández, con antecedentes gallegos como el que esto escribe. Resulta que Chebo decidió emplear un rato de su tiempo en armar rompecabezas. Se compró uno, lo llevo a casa y, luego de 5 horas, no había juntado ni dos piezas… Desesperado, recordó que Julia Dobarganes, gran amiga y campeona en armar quiebra-cocos en el pueblo, le podría ayudar. La llama y le pide auxilio: “mira Eusebio, fíjate muy bien en la figura de la caja, encuentra las piezas que forman la orilla, son las que tienen un lado recto, ordénalas por colores… (Le da, pues, los consejos normales) a lo que Eusebio contesta: ya lo he intentado y no puedo avanzar ni un pasito. ¿Puedes venir? De veras, de ti depende mi salud mental… Ante tal súplica, Julia se desplaza a la casa de Eusebio. Ve, sobre la mesa, el conjunto de piezas esparcidas junto a la caja. Suspira. Voltea y le dice: Eusebio, ya entiendo el problema que tienes: no compraste un rompecabezas, sino una caja de cereal y es imposible, entonces, que armes con esto la figura del Tigre Toño impresa en el empaque.

¿Cuál es la o las piezas coherentes, y armables en argumentos, de la profesión docente (más allá de los millones de evaluaciones), de la escuela al centro (más allá de ilustraciones con flechas que apuntan al centro de la diana) y de la atención a la población desfavorecida? Veremos si en este caso, hay rompecabezas o montones de hojuelas inconexas…

Arrancamos

La Reforma, inicia el Dr. Tuirán, se propone educación de calidad con equidad. En su primera consideración afirma que, ergo, una educación de calidad con equidad es inclusiva. A continuación, y puede verse en la ilustración que propone, se lee:

  1. “Suele pensarse que las diferentes expresiones de la desigualdad educativa son un reflejo de las desigualdades sociales.
  2. Las desigualdades educativas se reproducen de una generación a otra, a menos que las políticas sociales y educativas contribuyan a neutralizar las desigualdades de origen.
  3. Pero las desigualdades educativas a menudo persisten y se reproducen debido a la dinámica del propio sistema escolar.
  4. Las desigualdades educativas son el resultado de una compleja interacción de factores internos y externos al sistema educativo.”

Continúa: las brechas en el acceso a la educación, generan o se derivan de tratamientos desiguales a las escuelas, lo cual las segrega pues el tiempo y los recursos que los padres dedican a apoyar la educación de los hijos es muy dispar: y todos estos son procesos generadores de desigualdad y exclusión, sobre todo en ausencia de proyecto para impulsar la equidad y la inclusión desde las escuelas.

Quien esto escribe, anota la tesis: la desigualdad social le pega a la desigualdad educativa, y la desigualdad educativa seguirá golpeada sin la intervención de políticas sociales que alteren la desigualdad social originaria, lo cual incluye, a juicio del ponente, políticas educativas orientadas a disminuir la desigualdad.

Hay, escribo en mi libreta, una sensación de ritornelo, de juego entre desigualdades; si una, la social, es causa eficiente de la otra, entonces hay que atacar a la primera para que el efecto no sea la inequidad educativa y, a su vez, es posible mejorar la equidad en la educación como un recurso, menor si se quiere, para combatir la desigualdad social. Pero la desigualdad social manda en el impacto… ¿entonces?

Desde hace tiempo he conversado con un gran colega y amigo en torno a que la interacción de factores internos y externos es tal, que solo un artilugio estadístico puede “medir” cuánto le “pegan” al aprendizaje lo externo y lo interno tomados por separado, dado que la interacción es eso: relación constante entre una y otra dimensión. Hacer de cuenta que no hay interacción, para medir los “efectos netos” de cada uno de los factores, es un error lógico de primer orden, pues es una – nunca mejor dicho – simulación. Si hay interacción, es preciso reconocer la direccionalidad dominante: que la causa de la causa (la desigualdad social abrumadora) es causa de lo causado (la desigualdad educativa).

¿Hay algo que se pueda hacer en sentido inverso? Claro, pero teniendo en cuenta que es muy diferente neutralizar – que significa impedir, como dice el Dr. Tuirán – que otro verbo, mitigar que implica atenuar o paliar. Una mejora en la escuela puede disminuir el impacto de la desigualdad social en que se inscribe, pero sin alterar a fondo las razones de la desigualdad social, si la dirección causal es tal como la propone este escribidor, terminará por neutralizar, de manera imparable, el impacto del efecto sobre la causa. Parece galimatías, pero no lo es. Es crucial el dilema que enfrentamos.

Cita a Schmelkes: “…los más pobres y vulnerables acceden menos a la escuela, permanecen en ella menos tiempo, transitan por ella de manera más atropellada, aprenden menos cuando están en ella y lo que aprenden les sirve menos para su vida actual y futura”. En esta cita, no se califica el tipo de escuela – si es buena, mala o regular – sino que la condición de pobreza es la que domina en los resultados.

Tuirán insiste en que “la operación de todos esos procesos no es inevitable, y puede ser “influida” por decisiones de política educativa”. Notemos el cambio: primero habló de neutralizar, ahora se reduce a influir.  

Su argumento enfrenta tres preguntas:

  1. ¿Qué se puede hacer para que la educación no contribuya a propiciar la exclusión y discriminación y a reforzar la desigualdad?
  2. ¿De qué manera la educación puede emerger como un instrumento igualador de oportunidades y de inclusión?
  3. ¿A qué tipo de políticas es posible recurrir para lograr estos propósitos?

La apuesta es fuerte: que no contribuya a lo que ya es un hecho (exclusión, discriminación y desigualdad) ni lo refuerce; que sea un instrumento igualador de oportunidades cuando las posiciones sociales están segmentadas, fijas y sin escaleras… (Puras serpientes según el juego) y que hay políticas para lograrlo.

Para ello, dice que la reforma propone tratar de manera desigual a los desiguales. En esto no hay novedad alguna: desde que tengo memoria, ha habido eso en el discurso… ¿no le suena a usted conocida la frase “programas compensatorios”? Además, que todo esté al servicio de la equidad e inclusión. Ya lo hemos oído desde hace décadas, y además es uno de los ejes transversales del Plan Nacional de Desarrollo del señor Peña…

Y, entonces, aparecen las 8 estrategias de equidad e inclusión, e intervenciones, seleccionadas para su ponencia, porque hay más, ¿eh?, hay más…

  1. Elevar la calidad de la oferta: escuelas al CIEN y reorganizar al CONAFE.
  2. Fortalecer la demanda: becas y algo sorprendente: Padres educadores (es una intervención, estrategia o programa que implica que los padres se involucren en el proceso educativo de sus hijos: ¿luego de la chamba agobiante y, en general, sin recursos personales para poder acompañar a los hijos?) ¿Y lo de la Escuela para Padres ya no existe? Desde el siglo pasado se hablaba de esto.
  3. Intensificar la movilidad educativa intergeneracional: desarrollo infantil temprano, desarrollo de habilidades socioemocionales y asegurar la transición entre niveles educativos. Complicado: hay apoyos para permanecer en cada ciclo, pero el pasaje no cuenta con programas de sostenimiento justo en el brinco del barranco: faltan los puentes.
  4. Propiciar reincorporación educativa y capacitación: campaña de alfabetización y abatimiento del rezago educativo y programas de “segunda oportunidad” en el bachillerato o capacitación laboral. ¿Para la economía informal?
  5. Vigorizar la integración social en las escuelas: reforzar el aprendizaje de los estudiantes de la Educación Media Superior en el turno vespertino, y ensayar medidas para reducir la segregación.
  6. Pasar de la educación especial a la inclusiva
  7. Fortalecer la igualdad entre hombres y mujeres
  8. Atender la diversidad étnica, lingüística y cultural. Enseñar lenguas originarias, profesionalización docente, libros y material educativo en lenguas indígenas y español, infraestructura y recursos de aula y el fortalecimiento académico y organización escolar. ¿Hace cuántas décadas hay libros en todas las lenguas conocidas? Muchas, y la realidad es terca: los peores resultados en las escuelas indígenas.

Una vez mencionados, irá exponiendo lo hecho, realizado y las cifras de avance en cada caso. No puedo escapar a la pregunta que comparto con usted: ¿hay algo nuevo bajo el sol? No lo creo, a menos que con las mismas palabras se quiera decir algo distinto. ¿Hay algún hilo conductor que teja a este conjunto seleccionado (por algo será) de acciones? Sí: con franqueza, lo que escribí es que sí: lástima que sea el buen deseo, la ilusión que, por añadidura, por artes de la confluencia de la voluntad en cada caso, la escuela sea tan potente que nulifique la desigualdad social. Es un argumento circular: porque la Reforma está comprometida con la equidad, la calidad y la inclusión, vamos a hacer cosas que tengan que ver con esos tres términos y entonces será “integral el enfoque”.

En eso insiste, e insistirá ante las críticas de los comentaristas, el señor subsecretario. ¿Qué ha de entenderse por integral? Sospecho que, en lugar de ordenado de acuerdo a prioridades, efectos esperados, seguimiento paciente y velocidad juiciosa en lo experimentado, lo integral es lo que sucede al mismo tiempo. Y ojalá embone.

¿Cereal o rompecabezas? Atisbo al Tigre Toño en todo esto, o dicho con más fuerza, de la mano de Eduardo Lizalde, el poeta, recuerdo: “Hay un enorme tigre metido en todo esto”. Y ese tigre es, como dirán luego Emilio Blanco y Margarita Zorrilla, una mirada desde la justicia.

La falla está en el enfoque

Desde el enfoque de derechos, escribo yo, hay consecuencias; desde la mirada que parte de las carencias, hay otras. Si se trabaja mirando cómo paliar las carencias, entonces “algo es algo”: dado que, por ejemplo, no hay ningún esquema de atención a la salud, un programa remedial, sin recursos y deficiente, es mejor que nada. Tomando el problema con base en el enfoque de derechos – del derecho a la salud en este caso – no basta con un remedo de atención, o una atención de cuarta en comparación con lo necesario: es exigible (como lo son los derechos) el servicio completo y cabal que establece la constitución. Y para ello, es menester un proyecto de gobierno, un plan de Estado, un horizonte social al que oriente la justicia, no los parches caritativos.

Y así sigue la charla: no más un ejemplo: Escuelas al CIEN, una de las 8 intervenciones relevantes, como ya vimos, al explicarla el Dr. Tuirán nos informa que tiene 8 componentes: seguridad estructural/sanitarios/mobiliario y equipo/bebederos/accesibilidad/áreas de servicios administrativos/ conectividad y espacios de usos múltiples. 8 por 8= 64… ¿Una escuela al CIEN ha de tener esos elementos que, sin duda, no son más que condiciones elementales, normalidad mínima, lo básico? Quizá nuestra noción de CIEN es diferente.

Desde el enfoque de carencias, qué bueno que pongan sanitarios… si se trabaja a partir del enfoque de derechos, es inadmisible que no los haya y se tengan que poner.

Beneficiarios o ciudadanos

En el primer caso, hay beneficiarios a los que se atiende, en el segundo, hay ciudadanos a los que se les ha escatimado lo más elemental para satisfacer un derecho, y resarcirlo es imperativo, lo cual, de nuevo, remite a la desigualdad de contexto social y familiar.

Ese, estimados lectores, es el quid en estas exposiciones a mi juicio: no subyace a la acción pública en materia educativa la relación con ciudadanos, sino la atención a beneficiarios. Este argumento destroza cualquier planteamiento integral, a menos que se trate de la Secretaria de la Beneficencia Educativa Nacional. Por eso, de repente, apareció una idea que vale la pena pensar a fondo: ¿SEDESOL es la SEP de los pobres?

El camino va por el lado de PROSPERA: ese programa (Antes IMSS/COPLAMAR, luego Solidaridad, Después PROGRESA, tan reconocido a nivel mundial, dice el Dr. Tuirán, es el eje: paliar las cosas, mejorar estadísticas, red para impedir el desplome… Miro que el subsecretario mira alguna cara de sorpresa y desacuerdo. No le hace. Lo sostiene. ¿De verdad ha servido para lo que se diseñó desde el inicio este de programa emblemático, esto es, para evitar la reproducción intergeneracional de la pobreza? Sabemos que no, que las evaluaciones muestran que ha sido un paliativo, que incrementar – si es que ocurre – las capacidades (el mal/dicho Capital Humano) sin sitios sociales en la economía donde se puedan llevar a cabo, es la razón de su fracaso. Pero son hartos millones de personas que, por PROSPERA han ido a la escuela… claro, si no los mandan, pierden el beneficio. ¿Y a qué escuela van? Bueno, algo es algo, algo es mejor que nada, algo aprenderán, o al menos se entretienen… De nuevo, caridad o espacios ciudadanos. Vuelve el dilema.

BECAS, PADRES EDUCADORES… Cada vez, nos dice, los segmentos de menores ingresos van incrementando su presencia en los niveles posteriores a la secundaria… sí, la gráfica lo muestra, pero no dice más que el arribo al nivel, no reflexiona sobre el tipo de servicio al que se accede en el nivel. ¿Telesecundaria sin luz ni tele? Cuenta como acceso al nivel, pero ni en cuenta en lo que toca al aprendizaje.

Si hasta el turno en que te toca estudiar está segmentado, como afirma el señor subsecretario, ¿qué esperar del tipo de escuela, su localización, sus recursos?

Me sorprende que el Dr. Tuirán insista en que, lo que expone, muestra “con toda claridad” lo acertado de la acción y su progreso… y esas expresiones de apoyo científico tan de moda: “la experiencia internacional es concluyente…” Sin hilo conductor, sin un compromiso de mejorar la educación de la mano de propuestas de mejora sustantiva en la distribución del ingreso, toda claridad es concluyente en los discursos, pero ahí no más.

Aunque termina diciendo que sólo presentó unas de las intervenciones que se están dando, pues algunas de las señaladas no existían, o se refuerzan o se redefinen, termina con una conclusión que elude el análisis y la valoración: es una hoja de ruta, un mapa de navegación… Vemos por la ruta correcta (otro estribillo preferido por los gobiernos) ¿Las acciones así son pared a construir, o ladrillos que se apilan sin más?

Aplausos.

Coda

En el poco tiempo que queda, el Dr. Blanco y la Consejera Zorrilla insisten, a mi juicio, en un argumento, expresado de manera muy educada pero firme: Blanco: lo que puede hacer la escuela es muy poco contra la desigualdad social… hay que privilegiar el combate a la desigualdad socio económica… hay que poner en el centro a la política y cambiar de “narrativa.” Mi mensaje, concluye: becas, muy bien, pero distribución distinta de los ingresos es lo central y, además, por poner a la evaluación en el centro de la Reforma, hay temas, como este, que llegaron tarde a la discusión, y que eran necesarios para sostener que la Reforma tiene una mirada integral.

Zorrilla: es preciso revisar el ordenamiento de tantas cosas que hace la SEP. Y ofrece una frase central: cuidado con el acceso: acceder es un asunto de llegar a un pupitre o unas listas de asistencia, pero de lo que se trata es que, por acceder, ocurra el aprender. Acceder sin aprender es inútil, aunque luzca, anoto. La política sobre desigualdad se parece, o puede parecerse – cauta sí es – a un arbolito de navidad al que se le cuelgan más y más esferas, moños y foquitos.

Tuirán responderá que no está de acuerdo ni con Blanco ni con el arbolito de Zorrilla: las acciones están integradas porque así lo ha mostrado en la exposición. Quien tenga ojos para ver, que vea. Y otra idea que pone en jaque a la acción política: “es cierto, hay temas que llegaron después que otros, pero en política se hace lo que se puede hacer primero, no lo que sería mejor poner primero”. Cita al presidente del INEE que eso afirmó en un texto periodístico, al que se le objetó con la pregunta: ¿El orden de los factores no altera el producto?

Qué pena que se tenga que recurrir a la semejanza con el socavón del Paso Exprés en Cuernavaca: primero se pone el pavimento, porque es lo primero que se puede, y luego el drenaje… ¿se hundió la carpeta asfáltica? Ni hablar… así son las cosas si la política – no solo la de inclusión con equidad, sino toda la Reforma – inició, justo, sin un plan integral, sino con lo que primero se podía hacer: primero evaluar a toda costa, y al final incluir, a la trompa talega, un Nuevo Modelo Educativo que pronto perdió, por evidente contradicción, el adjetivo de Nuevo, y va diluyendo la característica de Modelo pues es, otra vez, como se verá en la sesión del miércoles 11, dedicada justo a ese tema, una serie inconexa de acciones antiguas, tan añosas como su corazón de acuerdo a Nuño: aprender a aprender.

Caray. Camino por Avenida Revolución y la encuentro obsoleta. Si fuera por Reforma, me sentiría mal ubicado. Cosas que pasan al intentar, de nuevo, inventar el agua tibia.

  1. Así lo vi, lo viví y lo he sintetizado. No es que así haya sido: la mejor opinión es la de usted, que puede mirar la repetición de los debates en algún sitio de la red, el cual ignoro, pero seguro la página del INEE lo indicará.

 

   

Comparte...

Comentarios en Facebook

Sobre Manuel Gil Antón

avatar

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*