El SNTE: ni se ve, ni se siente

                 
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Años han pasado desde que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) era el todo omnipotente en México. De hecho me atrevo afirmar que dicha omnipotencia, se debió al liderazgo que le imprimió la maestra Gordillo durante más de dos décadas. Y es que mire usted, después de la “salida voluntaria” de Carlos Jongitud Barrios, mentor de esta profesora, ella ocupó el lugar de sus sueños, la dirigencia nacional del Sindicato al que, desde sus inicios, le fue fiel, y con toda la astucia que la caracterizó, logró colocarlo en los cuernos de la luna. Así, sin más ni más: en la cúspide del poder en México.

Durante su gestión, hablar del SNTE implicaba fuerza, poder, respeto, veneración y vaya, hasta admiración. Prácticamente todos le temían y, como era de esperarse, muchos pero muchos políticos querían establecer un vínculo con la líder de la organización sindical que, pomposamente, fue bautizada como la más grande de América Latina.

Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, fueron los políticos que esta maestra vio desfilar en Los Pinos. Su habilidad para negociar con éstos y los partidos que los impulsaron fue impresionante y digna de reconocer, tan es así, que varios investigadores, como Carlos Ornelas, han afirmado que la Secretaría de Educación Pública (SEP) fue “colonizada” por el SNTE, o bien, lo que en su momento expresaron Alberto Aguirre y Arturo Cano en su libro “Doña Perpetua”, José Martínez en “La Maestra”, Ricardo Raphael en “Los socios de Elba Esther”, Rafael Rodríguez Castañeda en “Los rostros de Elba Esther” y Francisco Cruz Jiménez en “Los amos de la mafia sindical”; en cuyos textos con claridad, se pone en evidencia ese poder del que hago referencia.

Ahora bien, si lo que he expresado no bastara para sustentar mi dicho, le comparto brevemente una experiencia que hace algunos años viví en lo que hoy se conoce como la Ciudad de México. Se trataba de uno de esos eventos político-sindicales en los que por azares del destino – más que por voluntad propia –, fui testigo de esa fuerza y ese poder que esta organización tenía. Compartían el templete la profesora Gordillo y Roberto Madrazo – haga usted sus cuentas y saque sus conclusiones – y, cuando la primera referida culminó su discurso, recuerdo con claridad que al unísono, el grito de la mayoría de los asistentes se convirtió en uno: ¡Se ve, se siente, el SNTE está presente!, y otra vez: ¡Se ve, se siente, el SNTE está presente! y así sucesivamente. El simple hecho de estar ahí y escuchar tales expresiones, provocaron que a más de uno se nos “enchinara” la piel por un instante.

Sin duda, ésta fue la época dorada del Sindicato y del sindicalismo en México. Por un momento, la CTM, la CROM u otra organización que en alguna parte de la historia de México representó una verdadera fuerza sindical en el país, se vio eclipsada por la figura del SNTE y de sus maestros. ¿Cuántos no llegaron a pensar que, efectivamente, la maestra tenía pleno control de su gremio? Muchos – me incluyo –. Sin embargo, y como era de esperarse, después de su detención y el inicio de un nuevo ciclo con Juan Díaz de la Torre, las cosas no han pintado bien o muy bien que digamos. Como todo en la vida, las cosas cambian y las circunstancias que hoy se viven son totalmente diferentes a las que vivió la profesora en su momento.

Cierto es que los medios de comunicación han influido en la percepción que tiene la sociedad sobre el SNTE, pero también, lo que el magisterio nada tonto – y sí muy crítico – ha observado, por un lado, en su ejercicio docente y, por el otro, en lo que hasta antes de la reforma laboral – no educativa – conocía como sus “derechos” por ser trabajadores al servicio de la educación y, por ende, pertenecer a una organización sindical.

¿Cómo se espera que los mentores reaccionen ante una reforma punitiva y que atenta contra sus derechos laborales que han sido ganados a través del tiempo?, ¿cómo se espera que los docentes reaccionen ante un estado de indefensión que fue provocado por una autoridad miope sin que su “Sindicato” haya hecho algo para defenderlos?, ¿cómo se espera que reaccionen los maestros si su líder sindical ha establecido un pacto con un Secretario autoritario que desde un inicio no ha hecho otra cosa más que agredirlos sin que nadie le haya puesto un alto?, ¿cómo se espera que reaccionen los profesores si han sido sobajados y poco valorados en su ejercicio por organizaciones civiles y privadas que poco o nada han hecho por la educación en su conjunto?

Como hemos visto, el magisterio se ha movido, no por una convocatoria que el SNTE haya emitido para que los maestros se manifestaran en contra de lo que han considerado injusto y violatorio. Su fuerza, quedó demostrada en varios estados de la República Mexicana donde este Sindicato, fue rebasado; y si esto no fuera cierto, habría que preguntarles a miles de trabajadores de la educación que pusieron en verdaderos aprietos a la Secretaría de Educación y el Gobernador de Nuevo León. ¿Cómo explicaría ese movimiento Juan Díaz de la Torre? Me gustaría saberlo.

Ojo: el que en días recientes el Secretario Nuño se haya sentado con Díaz de la Torre para atender los 12 puntos que la organización sindical le presentó como parte de sus “demandas” para solventar las inconsistencias de la implementación de la “reforma educativa”, no significa que los maestros hayan aprobado la “supuesta” gestión de su líder que “supuestamente” los representa.

Vaya, en estos días, me gustaría estar nuevamente en uno de esos eventos políticos-sindicales como el que líneas atrás refería para saber si el grito sería el mismo porque, desde mi perspectiva, en estos días: el SNTE ni se ve ni se siente, sobre todo, porque el gremio – buena parte de éste –, ha perdido esa credibilidad tan necesaria para lograr la legitimidad en las acciones que pueden emprenderse.

Ahora bien, y si mis datos no me fallan, este Sindicato ha presumido contar entre sus filas a grupos de académicos que se encargan de un Sistema de capacitación, actualización y profesionalización docente, SINADEP le llaman; sería bueno que en sus proyectos contemplaran una investigación sobre la percepción que tienen los docentes de su representación sindical, ¿no lo cree?

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Sobre Abelardo Carro Nava

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