En puerta tres planes de estudio en las escuelas: 2011, 2018 y 2022

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Abelardo Carro Nava

Llega el mes de mayo y el cierre del ciclo escolar 2021-2022 comienza a dibujarse en el horizonte; sin embargo, la Secretaría de Educación Pública (SEP), la Subsecretaría de Educación Básica (SEB) o la Dirección de Diseño Curricular (DDC), escasamente han informado sobre el proceso de implementación, para este año, de eso que se ha denominado Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana; de hecho, sobre este asunto, a través del Boletín No. 70 del mes de marzo, la SEP dio a conocer que “tras la revisión de la propuesta curricular de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, se iniciaría un proceso de formación, capacitación y acompañamiento para que su implementación fuera una experiencia enriquecedora y no un simple procedimiento administrativo” (SEP, 2022).

¿Quién realizaría la revisión de la propuesta curricular y qué acciones se desprenderían de tal ejercicio?, ¿de qué manera se implementaría ese proceso de formación, capacitación y acompañamiento?, es más, ¿qué se entiende por formación y acompañamiento para la implementación de un plan de estudios? Inquietudes que, si usted gusta, se antojan necesarias, pero también, las respuestas que de éstas podrían desprenderse pero que, desafortunadamente, ni la SEP, la SEB o la propia DDC han respondido; de hecho, hasta el momento, solo se han escuchado algunas posibles y escuetas respuestas de un vocero que nada más no abonan en este tema, sino que, por el contrario, desvían la atención de un ejercicio que resulta fundamental para el logro de los propósitos educativos. Veamos.

Como se sabe, el ciclo de reformas curriculares en nuestro país comenzó en los primeros años del 2000 con la conocida Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB); en preescolar inició en 2004, en secundaria en 2006, en bachillerato en 2008 y en la educación primaria entre 2008 y 2009. De tal ejercicio, se desprendió el Plan de Estudios 2011. Educación Básica

En términos generales, uno de los retos principales de esta RIEB fue el de integrar los tres niveles de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) para configurar un ciclo formativo con objetivos comunes, prácticas pedagógicas y formas de organización articuladas para evitar la fragmentación y la falta de continuidad vivida en la experiencia formativa de la educación básica (Treviño y Cruz, 2014); su modelo pedagógico estaba sustentando en el enfoque basado en competencias y, dichas competencias, se desarrollarían a través de campos formativos, mismos que marcarían la organización curricular de la educación básica. 

Por lo que respecta a las acciones que marcaron su diseño e implementación, en el discurso – y en el mismo Plan de Estudios 2011 – se dijo que, habían participado especialistas, centros académicos, consultas vía internet con materiales expuestos en la red, y foros de docentes en todo el país; además de que en cada entidad federativa se integraron Coordinaciones Estatales de Asesoría y Seguimiento (CEAS), aunado a varios procesos de revisión y seguimiento las reformas curriculares propuestas desde el 2004, por instancias nacionales e internacionales (Plan de estudios, 2011); todo ello con el propósito de lograr la tan anhelada calidad educativa. Un tránsito de varios años que, por donde quiera que se mire, ubicó al docente como un operador curricular más que como un verdadero agente de cambio. La verticalidad curricular de impuso desde las estructuras oficiales y de ahí no ha salido.

La reforma educativa de 2013 dio paso a la conformación de una nueva propuesta curricular: Aprendizajes Clave para la Educación Integral, Plan y Programas de Estudio para la Educación Básica; documento que, como se sabe, siguió un proceso de construcción en el que, al igual que el anterior, hubo consultas en 2014, se presentó el modelo educativo, propuesta curricular y fines de la educación en 2016, se realizó una segunda consulta de dichos documentos en ese mismo año, y se publicó en marzo de 2017 para que entrara en vigor en agosto de 2018; su modelo pedagógico estaba basado en eso que denominaron enfoque competencial con tres campos de formación académica.

El proceso de diseño e implementación siguió una línea similar al anterior, consultas, foros estatales en las 32 entidades federativas, discusiones en los Consejos Técnicos Escolares, consultas en línea (SEP, 2017) y, para su implementación, se impulsaron escasas acciones a través del Programa Nacional de Actualización Permanente de Maestros de Educación Básica (PRONAP) – aunado a lo que realizaron algunas instancias estatales de la misma naturaleza – puesto que, como se sabe, en 2017 se implementó en algunas escuelas “piloto” del país, sin embargo, en el 2018 ya “no se aterrizó en las aulas”, por la llegada de un nuevo régimen a Palacio Nacional aunque, en los hechos, no haya sucedido de esta manera pues en las escuelas actualmente opera dicho plan. En todo este tránsito, el docente siguió con la misma denominación, un operador o instrumentador de un plan de estudios.

El Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 para la educación, hasta el momento – porque aún está en “construcción” – ha seguido prácticamente la misma línea de diseño e implementación que los anteriores pues, en éste según se ha dicho, participaron diversas instituciones de la sociedad, especialistas en educación, personal de la SEP, entre otros (SEP, 2022); además de que se han realizado diversas asambleas y consultas por diferentes medios y en las que han participado cierta cantidad de docentes. Su enfoque, de alguna manera rompe con el basado en competencias o competencial, dado que pone al centro a la comunidad colocando a cuatro campos formativos para que, a decir de la propuesta, ya no se fragmente el conocimiento; en fin, este sería un paso hacia la “excelencia” educativa – sea lo que esto signifique – con la finalidad de dejar atrás la “calidad” educativa y el neoliberalismo.

Hasta el momento, en términos de la implementación de esta propuesta curricular, como he dicho, poco se sabe al respecto; sin embargo, no debería extrañarnos que, al inicio del siguiente ciclo escolar, al igual que ha sucedido en antaño, durante dos semanas se efectúen “intensos” cursos de “capacitación en los centros escolares” para que se logre “exitosamente” esa implementación. Otra vez, el docente será visto como un operador o instrumentador de los planes de estudio. ¿Qué cambiaría entonces de ese pasado más que inmediato y que hasta el hartazgo se ha criticado? 

En verdad, espero equivocarme en mis ideas porque, si como se ha dicho que una vez terminada la revisión (cuya fecha de culminación es desconocida) se iniciaría con un proceso de “formación y acompañamiento”, debemos tener en cuenta que estamos a poco más de dos meses y medio para que este proceso tenga forma pues, como tal, requiere de un proyecto o programa de trabajo de gran envergadura donde, como parece obvio, se deje de lado el esquema instrumentalista conocido y se coloque, en su lugar, al docente como ese verdadero agente de cambio. Vaya, bien se dice que del dicho al hecho hay mucho trecho o, lo que es lo mismo, del discurso a las acciones hay un abismo importante que, ni más ni menos, en tiempos de la cuarta transformación prácticamente no ha cambiado.

En suma, desde mi perspectiva estamos en la antesala de observar cómo, en nuestro país, “conviven” tres planes de estudio sin que, en la propia SEP, SEB o DDC, permee el sentido de responsabilidad para con los miles de estudiantes esparcidos en la República Mexicana. Vaya, lanzar una serie de adjetivos sin mirar el fondo e importancia de estos temas tan relevantes para la educación en su conjunto es una irresponsabilidad mayúscula que, lo único que logra es poner a ciertas figuras con un discurso diferente, pero siendo iguales; habría que recordar a Nuño. En fin.

¿Se han puesto a pensar en los aprendizajes y resultados educativos de una generación donde la reformitis educativa aguda, derivada de visiones partidistas y políticas, nada más no terminan de dejar atrás un pasado para pensar en el presente y en el futuro de los alumnos?

Al tiempo.

Referencias:

  • SEP. (2017). Aprendizajes Clave para la Educación Integral, Plan y Programas de Estudio para la Educación Básica. Recuperado de: https://www.planyprogramasdestudio.sep.gob.mx/descargables/APRENDIZAJES_CLAVE_PARA_LA_EDUCACION_INTEGRAL.pdf
  • SEP. (2011). Plan de estudios 2011. Educación Básica. Recuperado de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/20177/Plan_de_Estudios_2011_f.pdf 
  • SEP. (2022). La ruta de la nueva propuesta curricular para la educación básica. Recuperado de: https://www.sep.gob.mx/marcocurricular/#corteB.
  • SEP. (2022). Tras revisión curricular iniciará un proceso de formación, capacitación y acompañamiento: Delfina Gómez. Boletín No. 70. Recuperado de: https://www.gob.mx/sep/articulos/boletin-sep-no-70-tras-revision-curricular-iniciara-proceso-de-formacion-capacitacion-y-acompanamiento-delfina-gomez-alvarez?idiom=es
  • Treviño, E., y Cruz, R. (2014). La reforma integral de la educación básica en el discurso docente. Análisis desde el ángulo de la significación. Perfiles educativos. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982014000200004#:~:text=La%20RIEB%3A%20la%20propuesta%20y,transici%C3%B3n%20entre%202008%20y%202009.
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