Evaluar, copiar y acreditar: ocurrencias de la 4T

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Hace unos días, un medio de comunicación entrevistó telefónicamente a Esteban Moctezuma Barragán (EMB), secretario de Educación, sobre su propuesta de evaluar a los alumnos dejándolos copiar; no solo como una opción, sino como una obligación. No es la primera ocasión que el secretario menciona esta idea y tampoco la primera vez que la comento. En la entrevista antes mencionada, EMB aclaró que la idea de dejar copiar a los alumnos se debe a que es una manera muy natural en que ellos resuelven problemas en la vida real y, también, porque es una buena forma de aprender.

Comenta que todos los estudiantes aportan información al momento de enfrentarse a un problema y que la solución se construye grupalmente. Si bien es cierto que la solución a un problema es más natural y eficiente, por aquello que “dos cabezas piensan mejor que una”, también es cierto que, cuando se trata de evaluar las competencias de un estudiante —tanto con propósitos diagnósticos y formativos como de acreditación—, es indispensable medir lo que dicha persona sabe y es capaz de hacer.

No me imagino cómo se podría evaluar el dominio de cualquier idioma con propósitos de certificación, ya sea la comprensión lectora o la expresión oral y escritura, a través de evaluaciones grupales. Si este fuera el caso, lo que sucedería con toda seguridad es que el estudiante (o estudiantes) que mejor domine el idioma será quien aporte la mayor parte de las respuestas de una evaluación.

Si con este ejercicio se pretende evaluar a todos los estudiantes que participaron en la prueba, se cometerán muchos errores e injusticias. Primero, se le dará una calificación que no merecen a algunos estudiantes. Segundo, no se obtendrá información sobre las competencias de los estudiantes en específico y, por lo tanto, no se les podrá dar retroalimentación sobre sus fortalezas y debilidades, con propósitos formativos.

Si el profesor da retroalimentación sobre el trabajo del grupo, solo la aprovecharán quienes tengan mayor conocimiento sobre el tema evaluado; es decir, los estudiantes que estén cerca de lo que Vygotsky llamó la ‘zona próxima de desarrollo’ (que les permite aprender). Los alumnos que estén muy alejados de esta zona no podrán aprovechar la retroalimentación del docente.

Creo que los integrantes de la CNTE le han vendido a EMB una idea que no entiende y que está mal planteada. El documento de la CNTE, Bases para una propuesta de educación alternativa de México, textualmente dice: “… la evaluación individualizada marcha en sentido contrario a las tendencias sociales y humanas más importantes. Nos corresponde a los maestros de hoy describir y desarrollar las múltiples formas que pueden … devolverle a la educación y a la evaluación su carácter profundamente colectivo.”

El documento narra que “…un grupo de jóvenes indígenas había pedido a su profesor que les aplicara una prueba, como en las escuelas de gobierno, pues los exámenes eran algo que ellos no conocían…” Es claro que la idea de no evaluar a los estudiantes individualmente, sino grupalmente, no es una propuesta original de EMB, sino de la CNTE, que considera a la evaluación individualizada como dañina para los estudiantes pues “lo que busca es compararlos de manera artificial.”

Pero una cosa es realizar ejercicios de evaluación grupal, como estrategia didáctica, donde los escolares buscan encontrar soluciones a problemas y otra cosa es evaluarlos con el propósito de certificar los conocimientos adquiridos y otorgarles una calificación de su aprendizaje. Se le olvida al secretario que la evaluación educativa bien diseñada tiene muchos efectos positivos en el estudiante.

Uno de ellos es motivarlos para estudiar y dominar un tema; otro (menos importante) es conseguir el reconocimiento de sus profesores y padres de familia por el esfuerzo y empeño en superarse. Sin embargo, estos efectos positivos se pierden cuando el responsable de la solución de un examen no es el estudiante mismo, sino un compañero con mayores competencias. Si la evaluación no motiva la superación personal del estudiante, se pierde una de sus principales virtudes. En la propuesta de EMB, no queda claro a qué estudiantes se aplicará la propuesta de copiar en las evaluaciones y, tampoco, en qué tipo de evaluaciones se aplicará esta regla.

La 4T empieza a mandar un mensaje que, a falta de un modelo pedagógico propio, las ocurrencias sin fundamento son las que van imperar en la contrarreforma educativa. Sin embargo, puede haber ocurrencias buenas, que hagan sentido para mejorar el aprendizaje. Lo malo es cuando estas ocurrencias no se sustentan en el sentido común, están muy alejadas de las mejores prácticas educativas y no se sustentan en la literatura científica.

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