Hacia los planes y programas de la Nueva Escuela Mexicana

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Alberto Salvador Ortiz Sánchez

Estructura curricular del plan de estudios 2022 de la educación básica mexicana. El aprendizaje como hecho histórico-contextual

Teniendo en el horizonte a dos grandes pensadores educativos como lo fueron Piaget y Vygotsky, lo que se denomina como la Nueva Escuela Mexicana (NEM) plantea que todos los que participamos del proceso de enseñanza y aprendizaje comprendamos el aquí y ahora de nuestra realidad y cómo es que llegamos a este punto; esto es, mirar desde la perspectiva histórica de las causas y las consecuencias. Nos plantea entonces preguntarnos qué hacemos, para qué lo hacemos, qué comprendemos y hacia donde vamos; entendiendo a la escuela, alumnos, maestros y comunidad como un todo. En ese sentido, una escuela situada en un contexto social y político ya dado trata de ser parte de la realidad de quienes ahí participamos. 

No es que antes no estuviéramos involucrados, sino que las circunstancias actuales exigen un mayor compromiso social con el establecimiento de una educación emancipadora y que tiene sus principales referentes en Sudamérica, es decir, naciones en constante movimiento social que han transitado de modelos económicos y sociales de opresión política neoliberal-libre mercado a modelos socialistas, con énfasis en el nacionalismo, la defensa de la soberanía y la economía local.  

La comunidad como eje articulador de los procesos educativos 

Este nuevo planteamiento curricular contempla a la educación pública como producto de la construcción social y cultural que nos dejó el movimiento armado de 1910 con todos sus efectos, virtudes, pecados, incluidas filias y fobias. La escuela como actor social de primerísimo nivel, está inserta en las comunidades y en un momento dado puede o no tener el monopolio de las relaciones sociales que dan lugar al aprendizaje. Lo mismo ocurre con la convivencia, así como la construcción social de los valores. Desde un punto de vista pragmático, el ser humano no solo aprenderá en la escuela, sino que también en su entorno podrá tener o vivir esas experiencias pues se da a la comunidad el reconocimiento de también ser promotor de los valores educativos. 

En ese orden de ideas, el paradigma imperante en la Nueva Escuela Mexicana será el de ser y crear comunidad a partir de la premisa de preocuparme y ocuparme del otro, de mi semejante, de mi igual y velar porque no se violenten sus derechos. En esa misma perspectiva, al ocuparnos del otro, alguien más a su vez podrá ver y ocuparse de nosotros y que a su vez no seamos violentados o abusados. La escuela conecta saberes y relaciones con su comunidad; luego entonces, los procesos de aprendizaje nacen y se legitiman a partir de las condiciones particulares del colectivo desde las perspectivas activa y situada. El aprendizaje activo tiene su raíz en las relaciones de la comunidad y de esta a su vez con la escuela. 

Frente a este nuevo esquema de pensamiento, la exigencia para la escuela y los docentes se eleva a su máxima expresión, pues todo el planteamiento curricular solicita expresamente profesionales de la educación con mucha apertura mental y emocional, conciencia social, un alto nivel cultural y además un velado compromiso político con un proyecto de nación impulsado desde el Estado. 

Perfil de egreso de las y los estudiantes al concluir la educación básica

En un esfuerzo de síntesis, se puede identificar a los siete rasgos del perfil de egreso con una palabra o frase que trata de resumir el fondo de este nuevo planteamiento curricular: 

1.- Identidad 

2.- Identidad personal y ante la comunidad

3.- Autoconocimiento y pensamiento crítico

4.- Atención integral al medio ambiente

5.- Conocimiento de otros lenguajes, así como los medios de comunicación

6.- Interpretación de la realidad

7.- Diálogo e interacción con los demás

Ejes articuladores del currículo de la educación básica

A lo largo del tratamiento de los ejes articuladores, concebidos como temáticas de relevancia social que permean a todo el sistema educativo, se deja entrever una profunda lucha entre dos grandes esquemas de pensamiento que contemplan e interpretan el mundo. 

Por una parte, lo que se ha caracterizado como los resabios del “neoliberalismo”, la economía de mercado, el colonialismo y todos sus efectos devastadores (pobreza, discriminación, separatismo) en los pueblos del mundo a partir de la era moderna y la trascendencia de ese modelo hacia la globalización “salvaje”. 

Y del otro lado, la visión que se identifica a sí misma como renovadora y “decolonialista” que plantea valores como los de la solidaridad, igualdad, no discriminación, justicia social, combate al patriarcado, generación de un pensamiento crítico ante la realidad y la elevación del concepto de interculturalidad critica como reconocimiento pleno de hecho y derecho de las diversidades tanto desde lo social como incluso también en sus expresiones artísticas y culturales. 

Critica personal: 

Sin lugar a dudas, este nuevo planteamiento curricular significa una de las más grandes y sobre todo disruptivas apuestas por la construcción de un nuevo paradigma social que se contrapone diametralmente a la realidad actual. A lo largo de todos los documentos, se expresan de manera relativamente franca y abierta ideas que hasta hace poco tiempo podían ser consideradas como opuestas o contrarias al “status quo” imperante en el mundo. Es una gran esperanza que trata de imprimir a nuestro país un sentido totalmente humanista y no mercantilista de la educación y el desarrollo humano. En ese sentido, la construcción de una utopía no necesariamente está peleada con la realidad y le es lícito tratar de suavizar las crudezas de una realidad que se planta frente a nosotros como algo insalvable. 

Sin embargo, muchos planteamientos parten de la interpretación de una parte de la realidad y paradójicamente a su vez no contempla a los demás actores sociales. Destaco por ejemplo el hecho de mencionar muchas ocasiones la bondad de la educación pública. Si bien no se le demerita ningún atributo, un plan educativo nacional no puede hacer distinciones entre educación pública o educación privada, pues en los hechos se caería en una nueva discriminación. Hay párrafos donde pareciera ser que la escuela pública es el único lugar donde puede haber trasformaciones y eso deja en desventaja a los demás actores sociales que han impulsado sus propias iniciativas educativas. 

Otra idea que resulta ser muy desafiante, es la consideración generalizada de que a nivel social todas las personas actúan (o actuarán) en bien del otro o de una premisa suprema. La quimera de que todas las personas dentro de sí son “buenas” o “bondadosas” y se preocupan por los demás ya por generación espontánea entraña una idea que se aparta del cabal cumplimiento y vigilancia de un estado de derecho y deja a la subjetividad de cada quien qué es lo “bueno” y qué es lo “malo” siendo que estos conceptos son relativos y refieren a la realidad de cada persona (o de cada colectivo). Si bien hay un concepto imperante de identidad desde lo personal y lo colectivo, no se puede dejar a un lado la individualidad precisamente como producto de una construcción social.  

La profesión docente hoy más que nunca está en un camino de no retorno; debe apartar de sí todo rasgo de autoritarismo y totalitarismo; debe ser si no un revolucionario, al menos sí un agente que busque que sus alumnos cuestionen, analicen y abran su mente frente a cualquier ideología. El magisterio está en la frontera de dejar de ser una profesión de estado para tomar ahora su lugar como una profesión universal que no centra sus esfuerzos solo en los muros de los salones de clase. Hay partes del planteamiento curricular que dan la impresión de ser caracterizaciones de escuelas que no viven en la realidad de sus alumnos, siendo que muchos niños, niñas y adolescentes ven en nosotros su primer (y algunas veces único) dique de contención y apoyo frente a esa realidad cruda y hasta despiadada en algunos casos. Ni todas las escuelas ni todos los maestros estamos aislados de la realidad.     

Queda aún mucho por discutir, pero estos planteamientos deben seguir naciendo y siendo tomados en cuenta desde cada aula y cada colectivo escolar. La utopía nadie nos la podrá arrebatar, pero frente a una realidad donde en estos momentos el instinto de supervivencia es el imperante, la escuela y sus actores estamos en toda la posibilidad de hacer más con menos y crecer pese a las trabas de la sociedad y el estado (e incluso a pesar de aquellos). 

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