La CNTE se ve y se siente

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Se equivocó alguien que pensó que con el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República y que, con las mercedes que le adjudica, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación bajaría la presión al gobierno. Hizo un receso, más marcado por la pandemia que por las concesiones. Pero la CNTE cabalga.

El 19 de este mes, la Asamblea Nacional Representativa, el núcleo de liderazgos de la CNTE, tuvo su sesión virtual. Acordó que pasado mañana, viernes 26, tendrá una movilización nacional, llegará a Palacio Nacional. Allí le espera ya una avanzada de la Sección 18 de Michoacán que se apoderó de la Calle de la Moneda.

Se nota que la CNTE se aferra con pasión a su leyenda de nunca rendirse, da un paso atrás, la alianza con AMLO del 12 de marzo de 2018, para dar dos adelante. Sus líderes se han reunido con el presidente López Obrador más de una docena de veces y van por la siguiente. Pero con la espada de las demandas desenvainada; en la misma forma le dan la bienvenida a Delfina Gómez Álvarez, la nueva secretaria de Educación Pública.

En esa sesión, la CNTE ratificó su ideología de clase, aunque se identifica más por el trabajo de sus agremiados, docentes y administrativos del sistema educativo mexicano. El primer consenso que publicita es la marcha de pasado mañana. Pero sobresalen las reclamaciones económicas y políticas, éstas son las más importantes para mantener la unidad en su lucha.

Su emplazo monetario principal: incremento salarial de 100% ante la crisis sanitaria y los incrementos que ha provocado. Además, exigen que se reinstale y pague salarios caídos de manera incondicional por todos los conceptos, incluido el de tiempo completo, a los maestros de la CNTE en Campeche, Quintana Roo, Chiapas, La Laguna, Nuevo León y Veracruz.

La luz de su estrategia —movilización-negociación-movilización— alumbra con claridad la ruta previa a su Congreso Nacional, cuya fecha de realización se discute, aunque lo más probable es que sea hasta que se reanuden las clases. Pero eso no impide que se movilicen con el ánimo de tener “una reunión con AMLO y la nueva titular de la SEP”. Lo marcan con carácter de urgente; el fin: exigir que se cumplan los acuerdos que, hasta el momento, siguen sin resolverse.

La CNTE es fecunda para apremiar a la autoridad y lo hace con la experiencia que dan sus años de bregar contra el gobierno —contra cualquier gobierno— y obtener resultados. Por ello insiste en que en el periodo de la Cuarta Transformación se abrogue de manera absoluta “la nueva mal llamada reforma laboral”. Reclama que se suprima del artículo tercero constitucional lo relativo al régimen de trabajo y las leyes reglamentarias. Quiere volver al pasado, que los derechos sean regidos por las conquistas laborales contenidas en el apartado B del artículo 123 constitucional.

Consecuente con ello, la CNTE compele al gobierno a crear una comisión para revisar la contrarreforma a la ley del ISSSTE por la implementación de la Unidad de Medida y Actualización. Aunque no manifiesta con exactitud qué desea o cuál sea el pecado de la UMA. Pero a lo mejor entre ellos sí es claro.

La CNTE es fiel a su historia y, aunque sea uno entre muchos pronunciamientos políticos, reivindica su cercanía con la pedagogía crítica, la de la resistencia. Por ello convoca a sus miembros a retomar el conversatorio del proyecto educativo en el marco de la pandemia. El énfasis: la defensa de las normales rurales.

Si bien en sus visitas a Oaxaca el dirigente de Morena, Mario Delgado, se pasea del brazo de Eloy López, secretario general del Comité de la Sección 22, no implica que la CNTE se subordine al partido del Presidente. Claro que buscará que haya legisladores afines a su proyecto, nunca había tenido tantos, pero la custodia de su autonomía política va por delante.

A fe mía que la CNTE busca medir a la maestra Delfina, quiere más, exige más y presiona más. Hoy retoma su grito: “Se ve, se siente, la CNTE está presente”.

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Sobre Carlos Ornelas

Carlos Ornelas es doctor en educación por la Universidad de Stanford. Es Profesor de Educación y Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de reformas educativas en perspectiva comparada. Su libro, El sistema educativo mexicano: la transición de fin de siglo (México: Fondo de Cultura Económica, 1995), tiene dos ediciones y 15 reimpresiones.

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