La educación en los adultos

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Eduardo Gurría B.

Al margen de las contrariedades y eventos que se han presentado en los últimos años en el tema de la educación, y al margen de las traídas y llevadas reformas, prevalece el interés humano por aprender, de ahí que es muy importante tomar en cuenta que no solo los jóvenes y los niños tienen la prerrogativa de acceder a la enseñanza escolarizada, sino que es también un derecho de los adultos como destinatarios propicios y propiciatorios del proceso E-A.

   Entre los adultos, la demanda educativa crece, y esto puede deberse a causas diversas entre las que destacan la necesidad de integrarse, de forma plena, al mercado laboral y mantenerse en él, la posibilidad de mejorar los niveles de vida, los requerimientos profesionales de la oferta de trabajo, los ascensos o el término de carreras truncas entre otros.

 El concepto de pedagogía se aplica en la educación/formación escolarizada y centrada en niños y jóvenes mediante la acción de un maestro y bajo ciertos esquemas localizados, programáticos, curriculares, evaluativos, etc., es decir, formal.

   El concepto de andragogía se aplica, específicamente, cuando se trata de la gestión de aprendizaje en adultos y la acción de un facilitador.

    La andragogía o educación para adultos, no se limita a programas de alfabetización, cursar la educación primaria o secundaria o a las comunidades rurales (educación comunitaria), sino que sus miras están enfocadas hacia todos los sectores, empezando por los mencionados y los diversos cursos de capacitación empresariales, técnicos o de cualquier índole, hasta el nivel superior, incluyendo los posgrados, es decir, se trata del proceso dirigido hacia una formación permanente.

   Debido a ello, existen múltiples ofertas educativas dirigidas a los adultos, tanto por parte del sector público (SEP, Acuerdo 286 y otros), como del sector privado.

   La educación en los adultos tiene connotaciones distintas a la educación en niños y jóvenes o propiamente escolarizada, debido a que las situaciones de contexto varían cuando se trata de la andragogía (del griego ανδροως= hombre, αγογη=conducir), considerando como adulto al individuo que ha alcanzado su máximo desarrollo desde todos los puntos de vista: fisiológico, orgánico, emocional, psicológico, etc., y presenta las siguientes características encaminadas al aprendizaje:

  •  Posee un autoconcepto del individuo.
  •  Tiene experiencia y conocimientos previos.
  •  Está dispuesto a aprender cosas que necesita saber. 
  •  Se encuentra orientado hacia su propio aprendizaje.
  •  Se siente motivado a aprender cuando tiene alguna necesidad.
  •  Posee motivación intrínseca para aprender.
  •  Su orientación para aprender se enfoca en la vida y en la vida laboral.
  •  Parte de que los nuevos conocimientos representan un aprendizaje significativo.

   De tal manera que el adulto, desde este punto de vista, más que de un maestro, requiere de un orientador, que en el caso de la andragogía se trata de un facilitador, 

debido a que en el proceso de enseñanza-aprendizaje no existe la relación propiamente de maestro-alumno, sino que se encuentran en un mismo status, en cuanto a edad y madurez, lo que no significa que tengan la misma edad, sino en cuanto al concepto de adulto, además de que se mueven dentro de un mismo ámbito, pero desde planos distintos, es decir, el plano del facilitador como tal, y el plano del adulto como generador del interés y de la acción de aprender, ya que, en 

sí, éste se encuentra en un proceso de formación permanente. 

   En la andragogía se destaca la relevancia de recuperar los conocimientos previos de los estudiantes, así como aprovechar su experiencia y riqueza en las diferencias individuales que poseen para generar procesos de enseñanza-aprendizaje significativos que les permitan responder a partir de diferentes alternativas a las situaciones que se les presentan en los contextos en los cuales se desenvuelven.

   Al facilitador le corresponde un papel muy importante dentro del proceso E-A en la andragogía, ya que debe de contar con ciertas aptitudes, habilidades y capacidades para guiar al adulto durante el proceso. Estas características deben ser variables con respecto al contexto en el que se da, ya que, por ejemplo, la edad o los ambientes de aprendizaje pueden ser considerablemente diversos, así como los intereses o las motivaciones.

   Entre los ámbitos o ambientes de aprendizaje que prevalecen en la educación para los adultos, se encuentran tres principalmente:

a) La educación comunitaria, que va desde la alfabetización, hasta la primaria, secundaria o preparatoria abiertas y no escolarizadas.

b) Los recursos humanos empresariales, que consisten en el adiestramiento, la     capacitación y la actualización con fines de acceder y/o mantenerse en el   mercado laboral.

c) Los grados universitarios, que comprenden licenciaturas, carreras técnicas, diplomados, maestrías y doctorados.

   De ahí que el facilitador que trabaje con estos diversos esquemas, paradigmas y 

niveles, a nivel grupal o a nivel individual y debe, a su vez, estar capacitado para cada área, tema, modalidad y/o ambiente de aprendizaje y según lo requieran las necesidades de los destinatarios de la enseñanza.

   Uno de los factores más importantes del proceso E-A en la enseñanza de los adultos, es la motivación, sin embargo, aparte de lo que mueve a un adulto a mantener su formación permanente, corresponde al facilitador ser promotor de esa 

motivación, mediante acciones y actitudes que favorezcan el proceso mediante algunos principios establecidos como estrategias didácticas.

  •  Es consciente de la necesidad de autodirección y presenta los objetivos y el rumbo del curso.
  •  Escucha y atiende al flujo del grupo, hace acuerdos, resume ideas y conclusiones e informa el avance del grupo.
  •  Utiliza la experiencia como un recurso o apoya al participante a confrontarla cuando es un obstáculo (como prejuicios, ideas erróneas o reticencia) para el fomento del aprendizaje de nuevas cosas.
  • Usa estrategias en donde los participantes descubren o se hacen conscientes por sí mismos de dónde están y dónde quieren estar.
  • Genera un ambiente seguro de confianza, confidencialidad, comunicación asertiva, afectividad, empatía, horizontalidad y participación de todos.
  •  Despierta interés o plantea retos alcanzables y apegados a la realidad, sin desafiar o agredir a través de la experimentación, los grupos de discusión, la simulación, el estudio y la resolución de casos.
  •  Apoya a que el grupo abra la perspectiva de su propia experiencia a nuevas posibilidades y miradas de su realidad.
  • Aclara objetivos y expectativas permitiendo incrementar el pensamiento, la autogestión y la creatividad del participante adulto (constructivismo).

   Si bien, México cuenta con lo que se conoce como bono demográfico, es decir, una población significativa está compuesta por jóvenes y niños (aprox. El 30%), no debemos dejar de lado el bono de la experiencia de las personas adultas que, potenciada por la formación permanente, permita solventar muchas de las carencias que sufre hoy y en todos los rubros, el entorno nacional.

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