Las escuelas normales en el contexto actual

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Sergio Martínez Dunstan

La docencia y el magisterio representan la piedra angular de la formación de las nuevas generaciones. Por ello, en la legislación se regula el ejercicio de la profesión así como los derechos y obligaciones de los maestros. Las escuelas normales han sido y debieran seguir siendo los espacios por excelencia para la formación inicial. La profesión docente ha venido evolucionando a través del tiempo al igual que las expectativas sociales sobre ella. Recientemente, se ha debatido sobre la pertinencia de la formación docente. Algunos cuestionamientos se sustentan en los resultados de las evaluaciones nacionales e internacionales, que han dado cuenta del bajo nivel de aprendizaje de los estudiantes de educación básica que se atribuye a las deficiencias en la enseñanza. De esto se ha responsabilizado a los maestros. Aunado a lo anterior, se justifica la necesidad de replantear la formación docente en la reforma curricular actual.

El modelo educativo para la educación obligatoria plantea una visión particular de la formación y el desarrollo profesional de los maestros. Desde esta perspectiva, el docente es considerado uno de los factores para el logro de la calidad educativa porque constituye el aspecto diferencial en el aprendizaje de los alumnos. Por ello, se señalan tres puntos distintivos en su perfil: Los conocimientos disciplinares y pedagógicos; las habilidades para aprender por sí mismos; y las actitudes y valores para comprender las necesidades y contextos de sus alumnos. En este modelo se otorga al docente el papel de mediador y su función principal consiste en desarrollar la construcción de ambientes de aprendizaje. Al maestro le corresponde la implementación del currículum.

Desde ahí cobra sentido la formación de los maestros en servicio, quienes ejercen la docencia y desarrollan su labor frente al aula. Para ellos, se implementó el Servicio Profesional Docente. Se normó el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia. Con el objetivo de facilitarles la adaptación a esta nueva realidad, se consideraron en su formación continua las bases teórico – prácticas de la pedagogía y demás ciencias de la educación. Por su parte la formación inicial fue proyectada en concordancia con ese modelo. De aquí parte la idea de transformar las escuelas normales para hacerlas consistentes a estas circunstancias. Para este fin, se revisaron, modificaron los programas académicos y se contemplaron las bases pedagógicas y didácticas; la capacidad de aprender a aprender a lo largo de la vida; para brindar a los futuros maestros los elementos teórico metodológicos que les permitiera llevar al aula el modelo educativo. Se incluyeron también otros aspectos como la enseñanza del inglés, las TIC, la educación equitativa, inclusiva e intercultural.

Tomando como base lo anterior, se diseñó y validó socialmente un modelo para la formación inicial docente en las escuelas normales derivado de un amplio consenso recogido en Foros de Consulta y Reuniones Nacionales con especialistas, expertos, autoridades, estudiantes y maestros, entre otros. Este modelo adecua a las particularidades de las escuelas normales, el planteamiento curricular (las mallas curriculares) y el enfoque pedagógico (orientado al desarrollo de competencias). Se busca la transformación pedagógica de las escuelas normales con un modelo que guarda similitudes con el de la educación obligatoria. Para ambos, es prioritario el desarrollo de las competencias docentes mediante una sólida formación de los conocimientos disciplinares y una apropiada forma de enseñar.

En consecuencia, se pone en marcha la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales. Resulta de ello, al menos inicialmente, la definición del perfil de los docentes de educación normal, acorde al de la educación obligatoria. De igual manera y para el mismo fin, se estableció un servicio profesional docente en las escuelas normales con evaluaciones para el ingreso y la promoción.

La formación inicial docente se orientó hacia la innovación curricular para fortalecer el perfil; el desarrollo profesional de la planta docente a fin de consolidar los planes de estudio; así como la gestión y organización institucional con el propósito de transformar las escuelas normales en auténticas instituciones de educación superior.

Es evidente la relación entre ambos modelos, el de la educación obligatoria y el de la formación inicial, se afectan mutuamente, de manera que si se modifica uno, debe transformarse el otro, de lo contrario habría inconsistencias.

Al concebir las escuelas normales como instituciones de educación superior, es necesario que desarrollen a cabalidad las funciones de docencia, difusión de la cultura e investigación; por ello, la transformación de las normales, propuesta en la Reforma Educativa de 2013, está orientada hacia la consolidación de estas funciones.

En el gobierno actual, se reconoce al maestro como agente de cambio y a la la vocación como un aspecto singular de la profesión docente. El pasado veintiocho de enero, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán expuso a los legisladores la iniciativa de reforma al artículo tercero constitucional, en una reunión de trabajo con la Comisión de Puntos constitucionales de la Cámara de Diputados y días después, en la Cámara de Senadores, ratificó que la formación continua para los maestros en servicio será voluntaria, dado que el magisterio es considerado como el gremio más preparado y capacitado, ya que, de acuerdo con la información que tiene, más del 60% de los profesionistas que cuentan con un posgrado son profesores. Moctezuma Barragán agregó que para transformar la educación se debería ir al origen, a las escuelas normales. Así, en la iniciativa presidencial se menciona que se dará atención prioritaria al fortalecimiento de las escuelas normales para actualizar los métodos de enseñanza y de aprendizaje, para mejorar el trabajo docente y aportar a la excelencia educativa.

Fortalecer significa dar fuerza a lo que ya se tiene y, desde esta perspectiva, me queda la sensación de que no habrá cambios sustanciales en las escuelas normales sino que se llevarán a cabo adecuaciones. A diferencia de la reforma educativa en curso, en la propuesta educativa presentada ante las cámaras no se advierte la intención de transformar las escuelas normales, sino que se coincide en la necesidad de fortalecerlas.  De modo que pareciera que la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación quedará solamente como Estrategia de Fortalecimiento.

La política educativa se encuentra hoy en día en un proceso de transición, entre los planteamientos del Modelo Educativo enarbolados por la administración anterior y los del actual gobierno; en este contexto el destino de las escuelas normales implica decidir entre fortalecerlas y transformarlas o sólo fortalecer lo ya instituido. Actualmente, hay nuevas mallas curriculares para las licenciaturas en educación (preescolar, primaria y secundaria) que se han venido implementando en algunas normales. He sabido de algunos desencuentros y tensiones para lograrlo, pero desconozco el posicionamiento oficial al respecto o algún estudio que dé cuente de cómo va ese proceso.  

Por otra parte, hay que destacar que la investigación juega un papel importante para la formación inicial de los maestros.  Se propone impulsarla a través de la academia, de la conformación de redes y cuerpos académicos; del desarrollo de la investigación aplicada al campo educativa y del impulso a la movilidad e intercambio académicos. También mediante la vinculación con universidades y centros de investigación. Impulsar las actividades académicas de investigación implica orientar el perfil de los profesores de tiempo completo hacia el cumplimiento de los requisitos del PRODEP.

Por su parte, la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE) ha tratado de promover e impulsar la investigación dentro de las escuelas normales a través del CONISEN (Congreso Nacional de Investigación sobre Educación Normal), que se ha venido organizando desde hace tres años. En los dos anteriores, se ha posicionado muy bien entre la comunidad estudiantil y docente de las escuelas normales, que se ha apropiado de él, lo ha hecho suyo y, en definitiva, ha participado con gran entusiasmo.

Tuve la oportunidad de estar presente en el CONISEN el año pasado y pude constatar el interés y el gusto por participar. Para este año, la expectativa ha aumentado, según percibo. La actual administración ha sido prudente en la implementación de la política, de su política, sobre todo en lo que concierne a los recursos económicos. Se encuentra en discusión su política en materia educativa. De igual manera, la política de formación de docentes; la visión sobre el fortalecimiento de la escuelas normales y específicamente en lo que concierne el desarrollo de la investigación educativa.

Existe el riesgo que la SEP considere la organización del CONISEN como un gasto oneroso. Por ello, hay que ser previsores ante esa posibilidad que resultaría muy negativa para el modelo de formación de docentes, la formación de investigadores, la creación y recreación del conocimiento pedagógico, el perfil de los profesores y estudiantes normalistas; en general  para la educación en sí misma. El desinterés bien pudieran disfrazarlo de falta de recursos. ¿Hacia dónde mirar desde este hipotético escenario? Debieran preverse vías alternas para asegurar la continuidad del CONISEN.

Está en juego ni más ni menos que la formación pertinente de los futuros maestros de educación básica, la subsistencia y revaloración de las escuelas normales, y la calidad de la educación en nuestro país.

Carpe diem quam minimun credula postero

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