Presencialidad: AMLO tiene razón

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Eduardo Andere M.

AMLO tiene razón, los niños deben regresar a clases (Reforma julio 24 y 29), y presenciales, por el bien de todos. Los niños no solo van a clases para aprender (se supone) sino para socializar, para jugar, y para ayudar a los padres de familia a realizar sus propias actividades y para que las actividades comerciales y cotidianas de los adultos funcionen de manera previsible y fluida. Le escuela, por tanto, no es solo un lugar de enseñanza-aprendizaje sino una solución social para que el resto de las vidas familiar, económica y social funcione bien.

La mayor parte de las escuelas del mundo ya regresaron a clases, desde el año pasado, y lo han hecho con muy diversos modelos. Las potencias educativas como Finlandia, Nueva Zelanda y Singapur regresaron de manera presencial, otros países lo han hecho de manera combinada. Estados Unidos, que por su composición social y segregada se parece más a México, ha regresado a clases de manera paulatina, pero los tres distritos escolares más grandes, los de las ciudades de Nueva York, Los Angeles y Chicago, regresarán de manera presencial en el otoño próximo.

Existe un consenso mundial entre los expertos pedagógicos de que la educación presencial es superior a la educación a distancia, inclusive para quienes tienen las mejores conexiones a internet y los mejores artilugios tecnológicos. La distancia solo es aceptada cuando no hay de otra (y por tiempos reducidos), o en casos muy específicos de educación especial. Desde agosto del año pasado tanto UNICEF como UNESCO hacían una invitación para planificar el regreso a clases presenciales destacando la importancia de la educación cara a cara (https://www.unicef.org/lac/comunicados-prensa/ahora-es-el-tiempo-de-preparar-las-escuelas-para-una-reapertura-instan-agencias).  

La salud es crucial, pero decretar un cierre total, nacional y permanente de escuelas, por contagios localizados por regiones, localidades o estados, es una medicina con efectos más nocivos que la enfermedad. Por supuesto que si una escuela o zona escolar tiene elevados esquemas de contagio, por cualquier enfermedad, la salud es primero. Pero que un estado muestre tasas elevadas en promedio, no quiere decir que se deban cerrar todas sus regiones, municipios, localidades o escuelas.

Ahora que ya tenemos las experiencias de un año y medio de cierre total de escuelas, es buen momento para repensar todo el sistema educativo, desde la nación hasta el hogar. ¿Qué deben hacer los siguientes actores de la educación?

El presidente de la República: Tiene la oportunidad de oro para mostrar que la enorme centralización de la política educativa ha sido perversa (logros diferentes a las intenciones) y ha provocado que toda la educación del país se aletargue. Es momento para (a los 100 años de la SEP)  redimensionar su tamaño y funciones y descentralizar por fin la política educativa. La SEP se quedaría como institución de directrices para datos e información, movilidad y certificación de grados y competencias, etc.

La secretaria de Educación: Mientras se diseña y gesta la reforma al sistema y modelo educativos, abrogar el Acuerdo del 5 de junio de 2020, y delegar a los estados la facultad total para decidir las condiciones de apertura o cierre de escuelas. Ayudar al presidente de la República para el diseño de un nuevo sistema.

Los gobernadores de los estados: Buscar un arreglo con la SEP para diseñar sus propios esquemas de re-apertura. Preparase para una posible transmisión de la política educativa a sus entidades. Junto con las autoridades educativas estatales, diseñar esquemas flexibles de regreso a clases, para que cada escuela (pública o privada), con apoyo de autoridades y expertos, pueda diseñar, de acuerdo con su contexto y capacidades, la mejor forma de regreso a clases.

Los líderes sindicales: Apoyar el regreso a clases por localidades según los niveles de contagio y las condiciones contextual y reafirmar la importancia del bienestar de los niños. El conflicto entre el derecho a la educación y los derechos laborales debe resolver a nivel del maestro no de los líderes; los líderes están limitados por intereses políticos.

 

Los supervisores: Reconvertirse en ejecutivos de la educación para apoyar a las escuelas; en lugar de inspeccionar y exigir, apoyar: “Dígame director(a) ¿en qué puedo ayudarle para realizar mejor su trabajo?”.

Los directores: Prepararse para todo tipo de escenarios; apertura, cierre, distancia, esquema combinado, re-apertura, etc., de acuerdo con los capitales digitales, económicos y socioemocionales de escuelas y hogares.

Maestros: Ellos saben mejor que nadie la importancia de la presencialidad y de concentrarse en el bienestar de los niños. Capacitarse en teorías del aprendizaje, digitalización y comunicación con padres de familia y estudiantes.

Padres de familia: crear las condiciones de hogar  (crianza) para que se conviertan en ricos ambientes de aprendizaje y creatividad para los hijos. Si los padres de familia no desean enviar a sus hijos a la escuela deben estar preparados para ofrecer un plan alternativo de aprendizaje de los niños sin esperar que los programas a distancia funcionen sean suficientes. De hechos en varios países como las potencias educativas y el distrito escolar más grande de Estados Unidos, el de la ciudad de Nueva York, iniciará clases presenciales sin que las escuelas estén obligadas a ofrecer educación a distancia, ni híbrida, ni parcial, ni total.

Estudiantes: Ir a la escuela, jugar, esforzarse, estudiar, divertirse.

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