Reducir el rezago escolar necesita ser una política de Estado

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Claudia Santizo

Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Cuajimalpa

En cada ciclo escolar el sistema de educación pública otorga certificados a estudiantes que concluyen la educación básica, primaria y secundaria. Esta formación, sin embargo, es deficiente como resultado de años de rezago escolar, es decir los estudiantes no aprendieron lo que deberían según su edad y el grado escolar que cursaron. Estas deficiencias las acumula cada alumno año con año.

El aprendizaje de los estudiante se discute en términos de calidad o excelencia, pero son términos vagos para definir acciones de política educativa. Les propongo establecer de manera concreta los objetivos educativos en términos de una educación satisfactoria. Por lo pronto, podemos utilizar la definición de “Satisfactorio” señalada en la prueba PLANEA en las áreas de conocimiento relevantes de lenguaje y matemáticas. Como sabemos PLANEA clasifica los desempeños de estudiantes en las categorías: i) insuficiente, ii) básico, iii) satisfactorio y iv) sobresaliente[1].

La definición de “Satisfactorio” establecida en PLANEA puede ser ajustada para que exprese adecuadamente los objetivos educativos, pero sí es necesario superar la vaguedad de los términos “Calidad” o “Excelencia” educativa. A los pedagogos les corresponde definir el grado de aprendizajes mínimos, o satisfactorios, que debe proveer la educación pública.

Una educación con resultados satisfactorios requiere de la evaluación de cada uno de los ciclos escolares cursados por los estudiantes. Los resultados no satisfactorios en un grado, por ejemplo en 6º de primaria, pueden ser resultado de las deficiencias en grados escolares previos. El rezago escolar, entendido como las deficiencias en aprendizajes de acuerdo con la edad y el grado escolar de los estudiantes, se evalúa en términos de aprendizajes no satisfactorios.

La evaluación del desempeño del sistema educativo necesita ser realizada de acuerdo con los aprendizajes de los alumnos. De esta manera, se vincula la evaluación del sistema educativo con la evaluación de aprendizajes de los alumnos, y los padres de familia pueden plantear demandas específicas para la mejora educativa.

El tema que interesa destacar es la magnitud del rezago escolar que se manifiesta en las evaluaciones de aprendizajes. Sirven como ejemplo los resultados de las pruebas ENLACE y PLANEA que valoran el uso y comprensión del español o el lenguaje en 6º de primaria en escuelas generales. No se incluye la educación indígena y comunitaria ya que requieren un análisis particular.

La pruebas de español o de lenguaje al finalizar la educación primaria muestran una educación no satisfactoria. En la prueba ENLACE de español entre 60% y 84% de los estudiantes obtuvo un desempeño insuficiente y elemental desde 2006 hasta 2013. La prueba PLANEA también reporta un alto número de estudiantes con desempeño no satisfactorio; con un porcentaje mayor a 80% con desempeño insuficiente y básico en 2015 y 2018.

De 2006 a 2018 finalizaron su educación primaria 13 generaciones de estudiantes. Sólo en escuelas de primaria general recibieron una educación no satisfactoria 20.9 millones de estudiantes, a los que se deben sumar los estudiantes en escuelas indígenas y comunitarias. Los estudiantes que no reciben una educación satisfactoria necesitan ser colocados en el centro de la política educativa, como su objetivo central. No se puede seguir eludiendo el problema cuya magnitud requiere de soluciones que sólo se pueden plantear como una política de Estado.

Porcentaje de alumnos de 6º de primaria en escuelas generales con desempeño:

Insuficiente+ elemental en ENLACE 2006-2013;

Insuficiente + básico en PLANEA 2015 y 2018

Nota: en los ciclos escolares 2015-2016 y 2016-2017 se utiliza el porcentaje observado en la prueba aplicada a los estudiantes de 6º grado del ciclo escolar 2014-2015.

En el periodo de 2006 a 2018 se establecieron políticas y programas educativos con objetivos ambiciosos, pero que sistemáticamente dejaron de lado el problema del rezago escolar. En 2006 inicia la reforma integral de la educación básica con la cual se buscó que la educación se basará en 4 pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser. Como resultado, en 2011, se establecieron nuevos planes de estudio en educación básica. En ese periodo se firmaron acuerdos como la Alianza por la Calidad de la Educación, en 2008, hasta llegar a la Reforma Educativa de 2013 como un acuerdo entre partidos políticos en el pacto por México, cuya historia ya conocemos.

Una nueva etapa de la política educativa se inicia con la propuesta de la Nueva Escuela Mexicana. Algunas declaraciones permiten vislumbrar ideas que de concretarse pueden abrir oportunidades de cambio, por ejemplo si las escuelas se transforman en comunidades de aprendizaje según lo anotado por el Subsecretario de Educación Básica[2]. Falta saber cómo se implementaría ese modelo de gestión escolar. Sin embargo, el rezago escolar está ausente del diagnóstico. En uno de los primeros documentos de la nueva administración educativa, ”Hacia una Nueva Escuela Mexicana, Taller de capacitación”[3], se orienta la reflexión de directivos y docentes en temas donde no se incluye el rezago escolar. Estos temas son: a) Hacia una nueva escuela mexicana: primero pasos, b) nuevo acuerdo educativo: construcción de una nueva visión, y c) ¿Qué mexicana y qué mexicano queremos formar?

El problema del rezago escolar no figura en la agenda de las políticas. No ha sido una prioridad para los encargados de elaborar las políticas educativas lo cual puede tener dos significados:

En primer lugar, las autoridades esperaron que ese problema se resolviera por sí mismo una vez que se implementaron las políticas y programas; esto ocurre particularmente cada vez que inicia una nueva administración del sector. Fue el caso de la RIEB, la Alianza por la Educación de 2008, los nuevos planes de estudio de 2011, la Reforma Educativa de 2013.Todas son propiamente políticas de la esperanza de que en un futuro tendrían éxito las acciones emprendidas. El Ex Secretario de Educación Pública Aurelio Nuño señalaba en 2016 que los cambios significativos de la reforma educativa se verían en 10 años[4].

En segundo lugar, el problema del rezago escolar es complejo, por ejemplo en primaria involucra los aprendizajes que se adquieren en cada grado escolar de 1º a 6º y continúan en los tres grados de secundaria. Las fallas acumuladas en los aprendizajes no tienen una solución inmediata y requieren de programas, estrategias y recursos importantes. Sin embargo, programas de este tipo no tienen una rentabilidad política de corto plazo y, por ello, resulta más atractivo prometer una solución a futuro. Es la política de postergar soluciones, una política de procrastinación.

Después de 18 años, desde el 2000, y múltiples planes educativos con objetivos ambiciosos no hemos llegado a la tierra prometida. Ojalá que cambie la situación en la administración de AMLO. De lo contrario, en 2024 habremos acumulado 24 años de fracaso educativo y se sumarían, por lo menos, otros 9 millones de estudiantes con aprendizajes no satisfactorios al terminar la educación primaria.

[1] http://planea.sep.gob.mx/content/general/docs/2015/PlaneaFasciculo_7.pdf

[2] http://www.cronica.com.mx/notas/2018/1103677.html

[3] https://educacionbasica.sep.gob.mx/multimedia/RSC/BASICA/Documento/201908/201908-RSC-m93QNnsBgD-NEM020819.pdf

[4] https://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/sociedad/2016/12/7/nuno-nadie-esta-satisfecho-con-los-resultados-de-pisa

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