¿Se desplomó o se transformó la movilidad estudiantil en México?: cifras y espejismos

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Sylvie Didou Aupetit

Cinvestav-Proyecto CONACYT A-1-S 8492

Entre 2019-2020 y 2020-2021, contrariamente a lo augurado, los totales de estudiantes extranjeros de primer ingreso inscritos en las instituciones de educación superior (IES) mexicanas no disminuyeron. Según las estadísticas de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y del formato 911 de la Secretaría de Educación Pública (SEP), aumentaron en un 32%, pese al cierre de las instituciones de educación superior y de las fronteras, por causa del Covid-19.

No obstante, en 2020-2021, el desglose del dato global por institución y nivel revela que el incremento encubre el despunte de una movilidad internacional, sin migración a México. Está vinculado con la convocatoria lograda por los establecimientos de educación a distancia. como opciones privilegiadas de obtención de grado, sustitutivas a las tradicionales, durante la crisis sanitaria.

Conforme con lo que ocurrió en el mundo, en México, la oferta de educación superior virtual fue dinamizada por los confinamientos sanitarios. Dos ejemplos: la Universidad tecnológica latinoamericana en línea (UTLL ubicada en la Ciudad de México), a inicios del ciclo 2019-2002, recibía el 1% de la matrícula extranjera de primer ingreso en pregrado. Al siguiente año, concentraba el 23.3% de ella. La Universidad Internacional Iberoamericana (UII, localizada en Campeche) pasó de agrupar del 34.5% al 44.2% de la de posgrado. Ambas acogían a alumnos internacionales interesados en cursar una carrera en un establecimiento del extranjero, sin que estuvieran obligados a cambiar de lugar de residencia. Apostaron con éxito a la circulación de conocimientos como sustitución a la movilidad geográfica de los individuos. 

De hecho, si separamos los estudiantes internacionales sin movilidad y los estudiantes extranjeros con movilidad por estudios a México, resulta que el número de los segundos se redujo en un 14.6%, durante el bienio. Esa contracción hubiera, además, sido mayor si, para calcularla, hubiéramos sustraído a todos los estudiantes inscritos en los establecimientos en línea, incluidos en el listado proporcionado por la ANUIES, y no sólo a los matriculados en las instituciones más relevantes del grupo. 

Si rastreamos la región de procedencia, nos damos cuenta de que, en 2020-2021, la UTLL reclutó el 98.8% de su matrícula de primer ingreso a licenciatura en Sudamérica (en contraste con un promedio del 34.5% a escala nacional). Esa especialización geográfica mitigó el derrumbe de la movilidad física entre los estudiantes latinoamericanos. Permitió a México mantenerse en tanto polo regional de atracción, en época de pandemia, pero por movilidad de servicios más que de individuos. 

Movilidad física y movilidad de productos se concentraron ambas en un puñado de instituciones. En 2020-2021, los 5 establecimientos con los números más elevados de estudiantes extranjeros albergaban el 47.7% de los totales en licenciatura y el 44.5% en posgrado. Pero, en paralelo, el desplome de los flujos de movilidad física cortó de tajo los esfuerzos de posicionamiento de las instituciones que apenas habían incursionaron en ese ámbito en vísperas de la pandemia. Modificó así el quien es quien, en materia de producción de una oferta educativa nacional, atractiva internacionalmente. 

El número de instituciones mexicanas que reportaban estudiantes extranjeros disminuyó de 791 a 694 en pregrado y de 259 a 246 en posgrado. Muchos establecimientos registraron números irrisorios de ellos y ciertos subsistemas prácticamente dejaron de recibirlos. Apenas dos universidades interculturales, con un poder de atractividad reducido, estaban incluidas en la lista, por ejemplo. Los institutos tecnológicos, las universidades tecnológicas y politécnicas sólo albergaban el 5.6% de la extranjera (una proporción casi 4 veces menos que su tasa de recepción de la matricula nacional de licenciatura). 

En esa perspectiva, volver a dinamizar, en los próximos años, la movilidad internacional entrante implicará remontar lo desandado durante la pandemia, pero, también tomar en cuenta las transformaciones del contexto. Obligará a mejorar la comunicación sobre las ofertas propuestas por un sistema de educación superior diversificado. Supondrá establecer los perfiles de las IES que suplen servicios en línea y evaluar la calidad de sus programas.  Plantea la urgencia de elaborar una tipología de categorías de estudiantes internacionales, indagar sus requerimientos, ajustar los servicios a las demandas y diferenciar, en los conteos, la movilidad de los sujetos de la de los productos. 

Para ello, requerimos volver a explorar un viejo interrogante: ¿quiénes son los estudiantes extranjeros que llegan a México para estudiar una carrera?  Los países firmantes del 2021 Common Statement in Support of International Education and Mobility advirtieron que la movilidad estudiantil internacional ya no es equiparable al intercambio espacial de los sujetos. Descansa también en el de conocimientos, de servicios y de títulos, vía TIC. Ojalá, demógrafos y especialistas en ciencias de la educación en México tomen en consideración ese pronunciamiento y produzcan prontamente datos y estudios al respecto.

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