Sobre el derecho de aprender en paz / Atenea Rosado

Por Atenea Rosado

El conflicto que desuela a México desde hace ocho años inevitablemente ha afectado el Sistema Educativo Nacional. En marzo de este año, la Coalición Global para la Protección de la Educación bajo Ataque[1], publicó la lista de los treinta países cuyos sistemas educativos se encuentran en situación de emergencia debido a la violencia. Ahí está México, en la categoría de “fuertemente afectado”, habiendo contado entre 500 y 900 ataques a escuelas, maestros y estudiantes desde el 2009, compartiendo indicadores con Libia, Costa de Marfil, la República Democrática del Congo, Yemen e Irak, países con condiciones de pobreza y conflictos armados que en nuestro país el discurso oficial convenientemente ignora.

Sin embargo, más allá de dicho reporte, poco se sabe sobre esas consecuencias. No hay suficiente información oficial respecto al tema, ha habido escaso interés académico y resulta difícil hacer un recuento histórico. En el texto de la Reforma Educativa, la supuesta gran transformación estructural en materia educativa, no aparece la palabra “violencia” ni una sola vez y en la Secretaría de Educación Pública parece que la mayor preocupación es su implementación.

País que es fosa clandestina. País en el que hay 22,000 personas desaparecidas[2], 120,000 desplazados internos[3], una cifra incalculable de muertos. La tesis es sencilla: el sistema educativo, inmerso en un Estado frágil, se debilita también. Parece que el más grave problema educativo es el aprendizaje sin considerar que éste, en gran medida, es fruto de estímulos y oportunidades sociales que la institución escolar es incapaz de controlar.

Antes que enseñar el contenido académico, los docentes se ven obligados a restablecer la cultura de aprendizaje y estabilidad psicológica de sus alumnos[4], explicarles qué ocurre a su alrededor y por qué. No obstante, para reconstruir el sistema, además de buenas y buenos docentes, infraestructura educativa y compromiso político, hace falta reconocer que quienes enseñan y aprenden en nuestras escuelas tienen miedo, se sienten amenazados y reconocen la injusticia. Hace falta hacer preguntas y buscar respuestas que nos faciliten garantizar el derecho de todas y todos a tener una escuela donde se pueda aprender en paz.

¿Cuántas maestras han sido desplazadas en los últimos ocho años? ¿Cuántas escuelas han visto disminuido el número de docentes a causa de la violencia? ¿Cuántos docentes están desaparecidos? ¿Hay capacitación en torno a la guerra contra las drogas? ¿Hay pupitres, salones, patios suficientes para las niñas y niños que van de una ciudad a otra buscando tranquilidad? ¿Nuestras escuelas tienen orientadoras que escuchen historias de niñas y niños afectados por la violencia? ¿A dónde van los huérfanos de la guerra? ¿Cuál es la estrategia de la Secretaría de Educación Pública para proteger la infraestructura escolar del crimen organizado? En México, como en Colombia, Honduras y El Salvador ¿hay escuelas que son bodegas de criminales? ¿En dónde reclutan los cárteles de la droga a sus miembros más jóvenes? ¿Cuántas personas menores de 18 años “trabajan” para el narcotráfico? ¿Cómo se enseña sobre la guerra? ¿Cómo se les explica a las niñas y niños de este país que no sabemos dónde están más de 22 mil personas? ¿Cómo enseñamos que hay quienes, por protestar, fueron desaparecidos? ¿Cómo les enseñamos a no tener miedo, a alzar la voz, a exigir sus derechos en un país que parece incapaz de escucharles, de siquiera verles? ¿Cómo se enseña a que tirarse al piso cada que alguien grita “balacera” no es un juego? ¿Cómo debí reaccionar cuando José me dijo: “Maestra, ¿tú qué me vas a enseñar si yo ya hasta he pasado droga en la frontera?” ¿Cómo les enseñamos a nuestras niñas y niños que estudiar vale el esfuerzo y la pena? ¿Cómo les explicamos la Historia reciente de este país? ¿Cómo les preparamos para una guerra que no pidieron, no merecen? ¿Cómo nos enseñamos a reconstruir un país en ruinas?

¿Cómo enseñamos que, pese a tanta desolación, en México puede haber espacios para la esperanza, la empatía y la solidaridad?

  • [1] Global Coalition to Protect Education from Attack (2014). Education under attack. NYC, USA: GCPEA.
  • [2] Human Rights Watch (2013). Los desaparecidos de México. USA: HRW.
  • [3] Internal Displacement Monitoring Centre (2014). People internally displaced by conflict and violence. Global overview 2014. Geneva: IDMC &NRC
  • [4] Smith, A. (2014). Contemporary challenges for education in conflict affected countries. Journal of International and Comparative Education, 3(1), 113-125.

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