Soy mexicana y soy docente de inglés

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Ayudo a la gente a que aprenda inglés para que colabore globalmente, eliminando su sentimiento de inferioridad cuando ve a un extranjero de ojos azules cruzar su puerta y sabiendo que valen lo mismo, porque comparten la tierra. Esta ha sido una actividad consciente y cotidiana que he desarrollado por más de 23 años con mis estudiantes, porque me interesa que meta cognitivamente reconozcan su potencial.

Reconozco que los dieces de la memorización no inundaron mis boletas, pues en la juventud había mucho ruido en mi mente, sin embargo, lo que aprendí en la escuela ha sido muy significativo y de gran utilidad a lo largo de toda mi vida, gracias a mi familia y a todos los docentes que compartieron conmigo sus conocimientos. También que, aunque el inglés no es mi segunda lengua, he tratado de volverlo parte de mi vida para  facilitarlo a la gente que se acerca a mí para aprenderlo; y me gusta despertarles un sentimiento de competitividad, no necesariamente para ganar, sino para participar y no quedarse mirando, mientras otros aprovechan las oportunidades de comunicarse.

En los últimos 10 años he tenido la oportunidad de platicar con muchos extranjeros  y las bondades de la comunicación en otro idioma me permitieron poder aclararles que los mexicanos no somos flojos, ni malos, ni ignorantes, como se han empeñado en hacernos quedar algunos personajes famosos de la política y de la farándula, mostrando su ignorancia al no comprender nuestra cultura ni la educación que recibimos a diario y en todas sus vertientes. Pude platicarles que en las mañanas y a diario, al igual que mucha gente de otros países, nos mezclamos miles de mexicanos, que buscamos ser mejores mediante el estudio para correr grandes distancias y llegar a una escuela, titiritando en un clima gélido  pero sin dejar de estudiar. Pude describirles  también lo admirables que son esos mexicanos que se levantan a las 4 o 5 de la mañana para llegar a su trabajo y que recorren los pavimentos deteriorados aún en la obscuridad de la noche que muere, para tomar un colectivo o un transporte enviado por sus empresas, para que lleguen a tiempo y que si existe algún mexicano malo, son más  los millones que son buenos y trabajadores. También, que las hermosas tradiciones de México nos hacen ser una cultura viva y feliz, a pesar de las multivariadas carencias que borbotean a raudales, ante la minoría abusiva que encadena con sus decisiones, mientras se atraganta del poder hasta saciarse, sin pensar que pasarán muchas vidas más sufriendo después de reventar, por todas las maldiciones que le lanza el pueblo. Les he pedido también que eviten juzgar al hombre por su apariencia, si antes no han tenido la oportunidad  de conocerlo y de descubrir la esperanza en sus ojos, que al final, es su motor que los empuja para seguirse moviendo entre las masas, soñando con un posible cambio, para las próximas fechas. Les sugerí que se den la oportunidad de  platicarle a sus vecinos, que no es la idiotez de la gente per-se, la que la hace ser ignorante, sino que la pobreza cognitiva, actitudinal,  procedimental y evaluativa para la mejora, surge de una pobreza educativa que la vuelve carente de iniciativa, promovida por las instituciones que los han formado o que los han albergado durante mínimo 100 años. Hablamos también del abrazo invisible de un currículum oculto que nos forma, desprovistos de pensamiento crítico para comprender ampliamente la raíz de cualquier problemática, y que abrir los ojos a la realidad requiere volverse amigo de los libros y del estudio constante: Una iniciativa que se practica poco, porque primero se debe comer, para poder pensar.

La posibilidad de compartir con cualquier extranjero en otro idioma y  modificar su percepción de un compatriota es una obligación para cualquiera que tenga la oportunidad de hacerlo, en la autoafirmación nacional y defensa del que no puede hablar. Lilián Hernández dice que “el inglés no solamente puede incrementar el retorno económico personal, sino también la percepción social que se tiene de sí mismo” y hablar otro idioma (en cualquier país) nos ayuda a reafirmar nuestra identidad y saber que tenemos la capacidad de aprender lo que nos propongamos. No es el color de piel, ni de los ojos o la estatura lo que hace que un ser humano valga más que otro. Por lo que los estereotipos, las fronteras y los paradigmas son puestos por los seres humanos y los seres humanos somos los que podemos romperlos, pero de manera consciente. Si esto no lo cree, vaya y mida una propiedad que recientemente haya comprado o heredado. Verá qué fácil es crear las fronteras. Notará que somos nosotros quienes le damos significado a las situaciones y somos nosotros mismos quienes podemos cambiarlas.

 

Hernández, L. (2015). Hablar inglés mejora sueldo y abre puertas. Retrieved June

11, 2016, from http://www.excelsior.com.mx/nacional/2015/03/05/1011730

Rosalía Nalleli Pérez-Estrada. Directora de Universidad Santander, Campus Tlaxcala. Profesora por asignatura, de la Universidad Politécnica de Tlaxcala. rosalia_na@hotmail.com

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