¿Y si las niñas y los niños nos iluminan contándonos las historias poderosas e inspiradoras para la acción?

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Rosa Guadalupe Mendoza Zuany

Las historias son poderosas e inspiradoras para la acción. Partamos de la idea de que todas y todos podemos contar historias que expresen nuestras preocupaciones sobre nuestra comunidad – entendida en un sentido amplio – y sobre nuestro entorno, que también expresen nuestros conocimientos y prácticas para resistir, sobrevivir y transformar ese entorno hacia una vida sana y un mejor vivir.

En el actual contexto de pandemia, más que nunca, es claro que la noción de educación no debe reducirse a lo escolar. La educación ocurre en la escuela y fuera de ella. Hoy en día ocurre en los hogares y los lugares donde los niños y las niñas están viviendo este confinamiento. En esos espacios, aprenden y despliegan conocimientos y prácticas que son valiosas y que les he llamado aprendizajes inesperados, que no están definidos en los planes y programas, y que ocurren porque la coyuntura está colocándonos en una situación incierta, novedosa, extrema y que requiere nuevas capacidades para afrontar un mundo post-Covid 19, como lo es el cuidado de nosotros mismos, de los demás y de nuestro entorno en crisis.

La escritura sobre lo que vivimos, sobre lo que sabemos, sobre cómo nos cuidamos, cómo cuidamos a los demás y cómo cuidamos este entorno inmediato nos permite compartir nuestras visiones, propuestas y acciones con otras personas y así inspirar y contribuir a transformar. La escritura de historias y narrativas nos permite expresar nuestra incertidumbre, pero también nuestras certezas, nuestras formas de cuidar, nuestra ruta para el cambio. Por esa razón, en el marco del proyecto “Hacia una nueva pertinencia y relevancia de la educación rural e indígena: aprendizaje situado para la sustentabilidad a partir de narrativas locales sobre preocupaciones, conocimientos y prácticas socio-ecológicas y su articulación al currículum nacional” que se desarrolla en la Universidad Veracruzana, pensamos en incentivar la escritura de historias y narrativas entre los niños y niñas de 6 a 12 años sobre cómo cuidan su entorno, a las personas a su alrededor y a sí mismos a través de un concurso.

Niños y niñas de todo el país enviaron historias de ficción, escritas como diarios personales, repletas de consejos y propuestas concretas para la acción, llenas de sabiduría de sus abuelos y abuelas, expresando preocupaciones y daños en el entorno que han podido identificar a su corta edad, compartiendo conocimiento sobre plantas del cual se han apropiado a través de las enseñanzas de personas que se han preocupado por trasmitirlo.

Los niños y las niñas que escribieron viven en contextos muy diversos, y muestran la diversidad que hay en nuestro país. Niños y niñas que viven en zonas urbanas, zonas rurales y que se autoadscriben como indígenas y afromexicanos participaron en el concurso. Sus experiencias, sus acciones y sus propuestas para cuidar su entorno y sus comunidades son muy diversas y por lo tanto muy ricas y llenas de potencialidades. Sus propuestas son situadas y derivan del conocimiento y de la comprensión de las problemáticas que aquejan a sus comunidades, ciudades, barrios, ríos, ecosistemas. Los niños y niñas escritores habitan la selva, el bosque, el desierto, la llanura, etc.; han aprendido sobre su entorno en contextos muy diversos y a través de experiencias cotidianas, pero también excepcionales en procesos organizativos y de lucha.  Un aspecto sobresaliente de sus historias es la confirmación de todos podemos contar historias, que todos somos sabedores y aprendemos sin importar nuestra edad.

En sus historias:

1) Realzan la importancia de la organización comunitaria y la perseverancia para construir, cuidar y defender el entorno, y concretamente hablan de que las alianzas y los diálogos son esenciales para la reflexión y la organización para el cuidado;

2) visualizan las consecuencias de no propiciar cambios para cuidar;

3) dan cuenta de su conocimiento de la ley y de lo que no está permitido para ayudar a resolver los problemas medioambientales;

 4) muestran, que a su corta edad, han podido observar los cambios que se han suscitado en el entorno donde viven, y eso les ha permitido tener una clara conciencia de su responsabilidad; 

5) realzan a la educación escolarizada pero también los procesos de aprendizaje y descubrimiento fuera de la escuela;

6) dan cuenta de prácticas culturales de sus contextos que fomentan la solidaridad y la importancia de estar bien físicamente, como por ejemplo, los juegos que unen a la comunidad porque no enfatizan la competencia sino la convivencia y la resistencia física;

7) muestran sus conocimientos sobre cómo curarse con los elementos naturales en contextos sin acceso a servicios de salud;

8) hablan de la importancia de comer sanamente y de consumir los alimentos que se producen para el autoconsumo de sus familias;

9) reconocen la importancia de las semillas como origen de la vida;

10) presentan al planeta, a los animales y a las plantas como seres que sienten y que tienen derecho a ser cuidados y protegidos dándoles voz en las narraciones;

11) nos comparten los consejos de los abuelos y su sabiduría; 

12) enfatizan la importancia de la gratitud y la conexión espiritual con el entorno y quienes lo protegen;

13) dan cuenta de la creación de espacios de aprendizaje de cuidado del entorno en sus propias casas para compartirlos con otros niños y niñas;

14) muestran sensibilidad para apreciar que en la diversidad y la biodiversidad podemos y debemos respetar y valorar nuestras diferencias y convivir y cuidarnos unos a otros;

15) enfatizan los lazos de afecto y amistad que nos unen y que hacen posible un mundo mejor a pesar de ser tan diferentes podemos convivir en armonía como familia;

16) apelan a la valentía, a la esperanza, a la reflexión, al aprendizaje, a nuevos retos que emergen de lo anterior durante el confinamiento.

Algunos participantes escribieron sobre esta situación de pandemia en sus historias. Es muy esperanzador apreciar en sus historias su apropiación de las indicaciones y recomendaciones para cuidarnos, mantenernos sanos y cuidar a todas las personas que nos rodean. Es también importante identificar una visión clara de la superación de la pandemia a través del cuidado y de la necesidad de reflexionar y actuar para transformar este mundo en crisis. Esta es una gran lección para reemplazar el pesimismo y el fatalismo por la esperanza y la acción para instrumentar cambios relevantes en nuestra forma de relacionarnos con el planeta. Ellos tienen claro que la pandemia no es un fenómeno aislado de una crisis global.

 Identificamos varios aprendizajes valiosos en esta experiencia de escritura. El primer aprendizaje valioso es que los niños y las niñas tienen ideas claras y contundentes de cómo debemos cuidarnos y actúan en consecuencia, son coherentes entre lo que piensan y lo que hacen. Saben que el cuidado es central para vivir, quizás porque están más cerca temporalmente de una etapa en la que fueron absolutamente dependientes de los adultos que los cuidamos. El cuidado está presente en ellos como un asunto experiencial cercano y es absolutamente real y central. A través de su escritura y sus textos lo manifiestan. ¿En qué momento de nuestra vida dejamos de concebir al cuidado como algo vital? 

El segundo aprendizaje valioso es que las historias muestran que estamos equivocados al concebir a los adultos como los únicos que pueden aportar ideas y propuestas concretas y fundamentadas para el cambio y la transformación de nuestra forma de habitar el planeta. Sin duda, tenemos que escuchar a los niños y las niñas. 

El tercer aprendizaje valioso es la importancia de incentivar la escritura como vía de expresión, de acción y de emoción en un momento tan crucial de nuestra existencia y que sin duda marcará nuestras vidas y las de futuras generaciones. La decisión y la acción de escribir y compartir sus historias colocó en el escenario de estos niños y niñas un proyecto que los emocionó y que los embarcó en el planteamiento de ideas y sueños en un formato libre de escritura que nos mostró las múltiples rutas que encuentran para comunicar lo que piensan, lo que han vivido y lo que sienten.

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Sobre Pluma invitada

Un comentario

  1. Excelente artículo. Sin duda es una acción q se tienen que tomar. Escribir historia como otro medio de aprendizaje. Cultivar el hábito, que toma 21 días en generarse. Esto, conjugado con una buena alimentación
    haría una diferencia enorme.

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