El amor alcanza para educar

Las profesoras y profesores (por aquello de lo políticamente correcto), en los últimos meses han desarrollado su labor de manera distinta, desconociendo y por lo tanto explorando, sin capacitación y echando mano de lo poco o mucho que poseen, con dificultades para comunicarse con sus alumnos, padres de familia y compañeros, teniendo por enterados información que carece de certidumbre por parte de las autoridades educativas, locales y federales, sin embargo, esto no ha sido factor para detener su lucha por enseñar y lograr que los alumnos aprendan, aunque la calidad y nivel de aprendizaje no sea el óptimo, han sustituido la alta instrucción por las ganas de investigar  y explorar las “nuevas” tecnologías educativas, se han mostrado comprensivos al momento de escuchar y atender a padres de familia y alumnos, es más han hecho hasta lo imposible por que sus alumnos aprendan a la distancia, si bien es cierto que siguen percibiendo su sueldo íntegro, por que así lo determinó el Secretaría de Educación Pública y Gobernadores, el pasado 19 de agosto, menciona Miranda (2020), “firmaron un acuerdo en materia educativa que reconoce el papel “insustituible” de los maestros, y que garantiza que durante la estrategia de regreso a clases Aprende en casa, se les pagará su salario íntegro y recibirán todas las prestaciones a las que tienen derecho”, existe algo, aparte del trabajo como sustento de la vida, que hace que los profesores realicen su trabajo aun a pesar de todas las condiciones adversas para dicho fin, “pero ¿qué es esto de que la escuela la hacen? ¿Qué es lo que hacen?, y mejor aún, ¿qué los motiva a hacer lo que hacen, a hacer la escuela? Será una militancia, una vocación, un llamado, una convicción, una de responsabilidad, un asunto de amor”, Neyra (2018).