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Los que no hicieron el examen PISA

por Pluma invitada
29 septiembre, 2026
en Opinión
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Los que no hicieron el examen PISA
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Luis Medina Gual Director de Innovación Educativa, Universidad Iberoamericana Ciudad de México

El promedio de México describe a dos de cada tres adolescentes. El de Chile, a casi todos. No estamos comparando la misma fotografía.

Un amigo que no se dedica a esto me escribió, después de la semana de PISA, una pregunta corta: “¿entonces mejoramos o empeoramos?”. Le contesté con otra, que sonó a evasiva y no lo era: ¿comparado con quién?

No me refería a Chile, ni a Singapur, ni a la OCDE. Me refería a nosotros mismos. Porque el 388 de matemáticas no describe a los jóvenes mexicanos de quince años. Describe a la población que la muestra de PISA representa, y esa población es siete de cada diez de ellos.

El dato está en la nota de país que la OCDE publicó sobre México y casi nadie citó: la muestra —7 843 estudiantes de 297 escuelas— fue diseñada para representar a cerca de un millón y medio de jóvenes, es decir, al 69 % de quienes tenían quince años en México en 2025. El 31 % restante no aparece en ningún puntaje. No sacaron una calificación baja: no sacaron ninguna.

Esto no es un defecto de PISA. Es un dato sobre México, y es el que más se ha movido en la última década.

Lo que sí cambió

La OCDE no publica ese porcentaje en una tabla suelta, pero sí publica lo necesario para reconstruirlo ciclo por ciclo y país por país. Hecha la cuenta, México pasó del 62.7 % de cobertura en 2015 al 69.3 % en 2025. Es la cifra más alta de la que hay registro, y el método se puede auditar: reproduce el 69 % que la OCDE publicó para México, y también el 32 % de Ruanda y el 43 % de Camboya que el informe menciona de pasada.

Casi siete puntos porcentuales más de jóvenes dentro del examen en diez años. Mientras discutíamos si el puntaje había bajado siete puntos, lo que se movió de verdad fue la puerta.

Detrás de ese movimiento hay una historia que sí conocemos. La matrícula neta en educación media superior pasó del 45.2 % en 2000 al 74.5 % en 2018 —las series de la UNESCO y de la CEPAL coinciden dígito a dígito—, con la reforma constitucional de 2012 que hizo obligatoria la media superior justo en medio de la curva, y la de 2019 que ordenó su gratuidad gradual. En dieciocho años, México metió a la escuela a casi treinta puntos porcentuales más de sus adolescentes. Es, con mucha distancia, el logro educativo más grande del país en este siglo.

Y aquí viene lo que nadie quiso mirar la semana pasada: buena parte del motivo por el que el promedio no sube está ahí.

No es una excusa; está en el informe

Vale la pena decirlo con palabras de la OCDE y no con las mías, porque suena a justificación y no lo es. El Volumen I de PISA 2025 lo escribe así: la expansión de oportunidades educativas “hace más difícil interpretar cómo han cambiado los puntajes promedio a lo largo del tiempo”, y los aumentos de cobertura “pueden llevar a subestimar las mejoras reales que los sistemas educativos han logrado”. Y explica el mecanismo sin rodeos: conforme entran poblaciones que antes estaban excluidas, entra con ellas una proporción mayor de estudiantes de bajo desempeño.

Hay incluso un estudio de la propia OCDE cuyo título es la pregunta que estamos haciendo: ¿cae la calidad de los aprendizajes cuando la educación se expande para incluir a más estudiantes desfavorecidos? (Avvisati, 2017). Lleva casi una década publicado.

Un promedio no es una medida de calidad si la población que promedia cambia. Es una medida de calidad y de quién entró. Cuando la puerta se abre, las dos cosas se mueven al mismo tiempo y el número no distingue entre ellas.

A quién describe cada promedio

Aquí es donde la comparación internacional deja de ser un ranking y se vuelve interesante.

Cuando decimos que Chile nos supera en lectura por veintiocho puntos, estamos comparando un promedio que describe al 95 % de los adolescentes chilenos con uno que describe al 69 % de los mexicanos. El promedio chileno incluye a casi todos los que van quedando atrás; el nuestro, no. Si mañana México alcanzara la cobertura chilena sin cambiar nada más, su promedio bajaría. Y habríamos mejorado.

La comparación regional es más incómoda todavía. México tiene hoy menos cobertura de PISA que El Salvador, Costa Rica, Colombia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Perú, Argentina y Chile. En toda América Latina, solo República Dominicana y Guatemala están por debajo. Y la brecha con quienes se movieron rápido es grande: Chile ganó quince puntos porcentuales de cobertura desde 2015; Perú, once; Costa Rica, diez. México ganó siete y sigue en el fondo del grupo.

Y sin embargo, matemáticas

Sería deshonesto dejar la columna aquí, porque el argumento de la cobertura tiene un límite y conviene ser quien lo señala.

La OCDE construyó para este ciclo una medida mucho menos sensible a quién entró a la muestra: el puntaje mínimo que alcanza al menos el 25 % de todos los jóvenes de quince años del país, estén o no en la escuela. No es magia —sigue siendo una estimación por cotas, con el supuesto explícito de que quienes quedaron fuera estarían en la parte baja—, pero es la forma más honesta de mirar una tendencia cuando la cobertura se mueve.

Para México, entre 2015 y 2025, esa medida da +5 puntos en ciencias, −10 en lectura y −18 en matemáticas. Y aquí conviene aplicar la misma regla que en cualquier otra comparación: los dos primeros vienen con intervalos que incluyen el cero, así que no sostienen ninguna afirmación. El tercero no. Matemáticas cayó dieciocho puntos y esa caída resiste: es lo único de todo este ciclo que sigue en pie después de descontar la cobertura.

Ese es el dato que merecía los titulares. No bajamos en todo; bajamos en matemáticas, y bajamos de verdad.

La conversación que no estamos teniendo

Llevamos una década discutiendo PISA como si fuera un examen de calidad. En México sigue siendo, sobre todo, un examen de cobertura, y eso cambia por completo cuáles son las preguntas que importan.

La primera: la expansión se detuvo. El máximo histórico de matrícula en media superior fue 2018, con 74.5 %. La pandemia se llevó casi seis puntos y en 2024 seguíamos en 72.0 %, por debajo de donde estábamos hace seis años. Que la cobertura de PISA haya subido en 2025 no cambia ese hecho: son dos medidas distintas, de años distintos, y la de matrícula lleva seis años sin recuperar su máximo.

La segunda: el 31 % que falta no es un margen estadístico, son personas. Unos setecientos mil jóvenes de quince años que a esa edad ya no estaban en un salón, o estaban tan atrasados que el examen no los alcanzó. De ellos no sabemos casi nada, y la evidencia internacional sugiere que la mayoría estaría muy por debajo del umbral básico. Si los incorporamos, es probable que el promedio nacional baje durante un tiempo —dependerá de cómo les vaya a ellos y de qué pase con el resto—, y aun así será una buena noticia.

La tercera, la más difícil: el problema no es el instrumento, es el uso que hacemos de él. Si el único número que discutimos es el promedio de quienes entraron, y lo tratamos como un marcador, tenemos un incentivo silencioso para no ir por los que faltan.

Mi amigo preguntaba si mejoramos o empeoramos. La respuesta más útil que se me ocurre es que durante veinte años hicimos bien lo más difícil —abrir la escuela— y que llevamos seis parados a mitad de camino, discutiendo el marcador.

Los que no hicieron el examen son los que faltan en la conversación. Y son, exactamente, los mismos.

Referencias

Avvisati, F. (2017). Does the quality of learning outcomes fall when education expands to include more disadvantaged students? (PISA in Focus No. 75). OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/06c8a756-en

Instituto de Estadística de la UNESCO. (2026). Tasa neta de matrícula, educación media superior [Indicador NERT.3.CP]. UNESCO.

OCDE. (2026). PISA 2025 results (Volume I): Future-ready students. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/73451bc5-en

OCDE. (2026). PISA 2025 results (Volume I): Country notes — Mexico. OECD Publishing.

Spaull, N. (2017). Who makes it into PISA? Understanding the impact of PISA sample eligibility using Turkey as a case study (PISA 2003 – PISA 2012) (OECD Education Working Papers No. 154). OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/41d175fc-en

Ward, M. (2020). PISA for Development: Out-of-school assessment — Results in focus (PISA in Focus No. 110). OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/491fb74a-en

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