Archivo del Autor: Manuel Gil Antón

Menuda vergüenza

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Poco antes de las 5 de la tarde (del viernes 29), quien esto escribe leía la novela de Javier Cercas,  El Impostor, en un autobús camino a Xalapa, cuando el teléfono empezó a sonar… mensajes, llamadas, Facebook y Twitter a todo tren. En todos los modos de recibir y compartir noticias la misma sorpresa: Que ha suspendido la SEP las ...

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Las caras del magisterio

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En el proceso de cambio administrativo, reconstrucción del control corporativo renovado, o ajuste centralista de los sistemas de gestión del sistema escolar, llamado por sus impulsores Reforma Educativa, hubo una falla estructural cuyas consecuencias no serán menores: todo el discurso previo, abonado por un sistemático descrédito durante años, descansó en un solo término, el magisterio, como la causa de todo ...

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Profesores de tiempo repleto

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Son muchos y sostienen la base del edificio. No tienen contratos de tiempo completo, pero laboran de tiempo repleto. De un salón a otro y de una escuela a la que sigue para completar, apenas, la quincena. Viven en gerundio: ando yendo de aquí para allá dando clases a diario.

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No está claro

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Preguntar. Dicen los que saben que en materia educativa, en el avance del conocimiento y en el ejercicio de la ciudadanía, dudar es indispensable. Un buen estudiante no es el que repite lo dictado. Cambiar las preguntas desarrolla el saber: las nuevas respuestas dependen de otro modo de interrogar, y la participación política encuentra su más acabada expresión en la crítica frente al silencio de gobiernos altaneros. Preguntar abre espacios para el debate: ese diálogo propicia aprender si se sabe escuchar.

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¿Alquimia educativa?

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La idea de encontrar una sustancia, solo una, que transforme metales vulgares en oro, capaz de remediar todas las dolencias y conducir a la inmortalidad es fascinante. Cautiva hallar, para encarar problemas difíciles, la Piedra Filosofal. Dar con ese añorado elemento, factor o proceso que, merced a su enorme potencial, deshaga entuertos resurge con frecuencia. No es arqueología del pensamiento: ...

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Las jacarandas y el viento

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Imagino bajo el suelo de la ciudad un sistema que transmite energía. Un día de marzo acumula tanta que hace florear las jacarandas. Surge una, tempranera, y con en el paso de los días se multiplican por todo lados. Prodigio. Asombro ante la vida que porfía en quebrar el gris y regalarnos su color: símbolo de esperanza a los ojos de este escribidor quien, cada año, describe la hermandad entre la nostalgia de un futuro mejor para los jóvenes que se anotan a los exámenes de ingreso a la prepa, o a las universidades, con la jacarandosa obcecación por estar ahí, de nuevo.

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Reforma educativa: forma, acciones y rumbo

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Tres imágenes. Dos secretarios: el de Educación Pública y el del SNTE. Uno al lado del otro. Se presenta al segundo, luego del primero y antes que a los representantes del Congreso. Inseparables. Re‐unidos. Otra: en el video, es tal la pulcritud actual de las escuelas antes pintarrajeadas, y tanto el elogio a lo sucedido que, más que avances, se ...

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Muy bien, señor secretario

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Lo felicito. No, al contrario, le estoy muy agradecido, señora Secretaria, y a mis otros dos compañeros del gabinete, por sus trabajos e intervenciones. Maravillas, educadísimas formas, ausencia total de crítica: el país va viento en popa, y ni la más breve brisa se atreve a rozar siquiera la proa de la nave del Pacto. Nada lo detendrá. El territorio ...

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El Verde miente

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Las tortillas. En lugar del papel tradicional, con la prestación de añadir a la de arriba un poco de sal para saborearla de regreso a casa, me topé en el barrio con un insulto a la inteligencia y la concreción de un delito. En el envoltorio está impreso: “leyes aprobadas”, “propuestas cumplidas” y, debajo, el logotipo del Partido Verde. La ...

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¡No se prendió el foquito!

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Imaginemos un automóvil, o si se quiere un avión, cuyo tablero de instrumentos no opere bien. En el primer caso, cuando hay una grave carencia de aceite en el motor, si no se enciende el signo que avisa del problema, al seguir conduciendo la probabilidad que ocurra la siempre costosa reparación que anuncia el mecánico: “se desvieló su coche”, es muy alta o ineludible. Oiga, reclamamos, no se encendió el foquito: ni hablar jefe, falló la computadora o el fusible. Va otra: el velocímetro marca 80 y la velocidad en serio no alcanza ni 50. ¡Hechos la mocha andamos!

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