María Teresa Galicia Cordero
Para mi hija Naye, con
todo mi cariño y admiración
“Detrás de muchas madres fuertes,
hay una sociedad profundamente
Irresponsable”
Estudios de género de América Latina
Se inició este sexenio declarando que “es tiempo de mujeres”, pero a pesar del tiempo trascurrido aún hay muchas brechas de desigualdad en lo correspondiente al género, especialmente si hablamos de madres de familias. El INEGI, al dar a conocer las cifras relacionadas indicó que la mitad de las mujeres que son madres de 15 años y más ocupadas en México (49.2 por ciento) reciben hasta un salario mínimo al mes por su trabajo, -aproximadamente 9 mil 582 pesos- y que casi en esa misma proporción (45.6 por ciento) trabaja entre 35 y 48 horas.
En el país residen 54.9 millones de mujeres de 15 años y más, de las cuales, cinco de cada siete habían tenido al menos un hijo nacido vivo a lo largo de su vida. En tanto, la actividad que más tiempo dedicaron las madres en el país fue la realización de quehaceres de su hogar, con un promedio de 20.5 horas semanales. Le siguieron la atención o cuidado sin pago de manera exclusiva a niños, ancianos, personas enfermas o con discapacidad (17.3 horas) y el estudio o cursos de capacitación (10.3 horas). En tanto, el 45.7 por ciento de las madres de 15 años y más se encontraban casadas y 23.6 por ciento estuvieron alguna vez unidas (separadas, divorciadas o viudas). Le siguieron las madres que declararon estar en unión libre y las solteras (20.1 y 10.6 por ciento, respectivamente). Como puede observarse en estos datos existe un gran porcentaje de mujeres que son madres y que viven una realidad muy alejada del discurso.
En redes sociales y en medios de comunicación, las representaciones sociales sobre las madres se ha ido trasformando de manera paulatina, desde aquellas que mencionan la abnegación, el sacrificio y el dolor de ser madre, hasta aquellas que muestran la lucha de las madres buscadoras, quienes clamaron justicia para todas las madres a las que el Estado Mexicano por inacción, impunidad y complicidad, les debe el abrazo de sus hijas e hijos: “no hay duelo sin hallazgo”; o de aquellas indígenas de Guerrero que pasaron el Día de las Madres huyendo del narco o de las madres combativas que envían el mensaje que ser madre también es resistir, por las que ya no están, por las que nos criaron rebeldes y por las que aun luchan.
La realidad es que hay una diversidad de maternidades: planeadas, deseadas, acompañadas, hasta aquellas atravesadas por las desigualdades, violencias o falta de oportunidades, por eso es necesario tomar en cuenta que las decisiones políticas revelan de golpe, la estructura sobre la que se sigue sosteniendo la sociedad mexicana, ante la escasez de guarderías, poca flexibilidad laboral, brechas salarial y desigualdad en las tareas del hogar, por eso la molestia ante las decisiones de las autoridades educativas, que solo mostraron a funcionarios que carecen no solo de información sino también de empatía ante lo que sucede en la vida cotidiana en nuestro país.
Y es entonces cuando te preguntas ¿Es realmente tiempo de mujeres? Muchas decisiones que se toman se sostienen sobre una cadena silenciosa de cansancio feminizada que solo aparece en los discursos oficiales cuando conviene porque funciona mientras permanece invisible. Cuando es periodo escolar, las madres hacen malabares entre su trabajo, reuniones, transporte, calor extremo y las tareas domésticas que tienen que realizar y si esa cotidianeidad se ve alterada por una decisión política argumentando que, por el calor extremo y el Mundial, se adelanta el cierre del ciclo escolar, entonces ¿a qué y a quienes le dan importancia? y aunque ahora se ha revertido esa disposición, queda la percepción social de la falta de sensibilidad de las autoridades educativas ante sus decisiones y la ligereza con la que la asumen.
Cualquier decisión que se tome en cuanto a la educación de los NNA, repercute en mayor medida en las mujeres, quienes asumen la carga de las decisiones hechas al vapor sin que nadie les escuche, les consulte o las haya tomado en cuenta: madres, abuelas, hermanas, tías, maestras y cuidadoras, es un hecho que cuando se altera la escolaridad sin una planeación educativa integral, no se afecta igual a todos, de tal manera que muchas de las decisiones políticas actuales promueven la desigualdad y la inequidad. Inclusive en las vacaciones de verano, también hay diferencia sobre la atención que tendrán los NNA, algunos tendrán viajes, actividades, acompañamiento, espacios amplios y adultos disponibles cuando no vayan a la escuela porque sus familias disponen de recursos económicos para solventarlos, pero están los otros, la gran mayoría, para quienes ese tiempo significará aislamiento, hacinamiento, abandono frente a pantallas o simple supervivencia cotidiana. La declaración de Mario Delgado es totalmente contradictoria, si como afirma: “La escuela es un territorio de aprendizaje, no un lugar de resguardo de niñas y niñas por conveniencia del mercado”, entonces, ¿por qué en su momento, utilizaron el Mundial para justificar una decisión política?
En el posicionamiento de la Red de Mujeres Unidas por la Educación, se hizo un señalamiento concreto: “cuando el Estado se retira, cuando la escuela deja de estar, cuando las instituciones reducen su responsabilidad, el costo invisible recae sobre las mujeres” … “¿Dónde estuvo la mirada de género al tomar esta decisión? ¿Quién evaluó el impacto que tendrá en las madres trabajadoras? ¿Quién pensó en las mujeres que viven al día y no tienen redes de apoyo? ¿Quién pensó en las maestras que también son madres? ¿Quién pensó en las niñas y niños cuyo único espacio seguro o de acompañamiento es la escuela?”
Esas interrogantes implican consecuencias profundas porque toda decisión política tiene repercusiones, pero las educativas recaen en millones de niñas, niños, adolescentes NNA, las mujeres y también en las maestras. El no asistir a la escuela, implica para muchos NNA, la carencia de un refugio, del encuentro con otros, del acceso a la palabra, al juego, porque la escuela sigue representando uno de los pocos espacios relativamente protectores frente a la violencia, la negligencia o la soledad. La maternidad y la precariedad constituye la realidad de millones de madres en México.
Hay mucha evidencia sustentada en investigación, sobre la dificultad de trasladar los procesos de enseñanza al ámbito doméstico porque hay tareas que solo la puede realizar el trabajo pedagógico de las maestras y los maestros, recordemos que, durante la pandemia, las madres de familia experimentaron una profunda reconfiguración de sus roles, enfrentando altos niveles de estrés debido a la carga laboral, doméstica y educativa. Por lo tanto, se sabe que factores como el bajo nivel educativo, las dificultades económicas, los problemas de salud mental preexistentes y el hecho de vivir sola o con los hijos se identificaron como factores de riesgo para niveles más altos de ansiedad y depresión (Arilha et al.2024)
Lo cierto es que, sin victimizar a las madres mexicanas, es necesario reconocer que aun este tiempo de mujeres su rol social se sostiene muchas veces, sobre una cadena silenciosa de cansancio feminizada ante la falta de tejido social que promueva mayor apoyo, reconocimiento social, más comunidad, menos exigencia, más corresponsabilidadymenosidealización. Hasta en esto hace falta educar a la sociedad.
Referencia
Arilha M, Carvalho AP, Forster TA, Rodrigues CVM, Briguglio B, Serruya SJ.(2024) Women’s mental health and COVID-19: increased vulnerability and inequalities. Front Glob Women’s Health

