Corrupción, cultura y educación

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En una entrevista organizada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) en Palacio Nacional, el presidente de México charló con diversos periodistas y ofreció su particular visión sobre los graves problemas de México como la corrupción. Ante la pregunta de la periodista Denise Maerker de por qué ha tardado tanto en ponerse en marcha la Comisión Nacional Anticorrupción, Peña Nieto minimizó el hecho al decir que “una sola figura, una sola institución” no asegura que no tengamos corrupción el “día de mañana”.

Para el presidente, el tema de la corrupción es de “orden cultural” y una sola institución como ésta, no basta; por eso existen, dijo, la Auditoria Superior de la Federación, el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y de Protección de Datos y una Fiscalía Anticorrupción que dependerá de otra fiscalía (¿?), pero que aún no tiene un responsable. 

Pareciera, por un lado, que para el presidente no es la forma en cómo funcionan las instituciones, sino el número de ellas lo que marca la eficacia para combatir la transa y por otro, al asumir que la corrupción es un “tema de orden cultural […] casi humano” (sic), sugiere que las posibilidades de revertirla por medio de acciones públicas deliberadas son escasas. Sabiendo ejercer bien el oficio periodístico, León Krauze rebatió a Peña Nieto. “Yo me resisto, señor Presidente, a su lectura sobre el orden cultural de la corrupción”. En Estados Unidos, señaló Krauze, hay mexicanos que respetan las señales viales, pagan multas si las violan e impuestos, por lo tanto, la corrupción no es una “condición cultural”, sino el producto de un mal sistema de gobierno que alimentó el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Peña Nieto responde y absuelve al PRI, la corrupción “va más allá” (seguramente, Cuauhtémoc Gutiérrez, Carlos Romero Deschamps  y Arturo Montiel respiran ya tranquilos) e insiste: es un “tema que está en el “orden social” y para que “realmente logremos cambiar esta condición cultural” debe haber varias acciones. Entre estas acciones, el presidente nombró a la educación. “Creo que aquí tenemos que fomentar valores, principios. Creo que la reforma educativa tendrá un impacto en este tema, seguramente en el largo plazo, pero no podemos dejar que solamente sean instancias persecutoras, persecutoras de la corrupción los que nos cambie esta condición cultural…” (sic) (Peña Nieto, www.radioformula.com.mx itálicas agregadas)
Si bien la reforma educativa incluía una amplia consulta para revisar el modelo educativo, aún no se sabe si, a partir de ese ejercicio, las asignaturas de formación cívica y ética están funcionando, si los contenidos sobre la cultura de la legalidad se van a cambiar o si por fin, se articulará el fortalecimiento de la autonomía escolar con un programa nacional orientado a desarrollar y aprovechar las competencias democráticas de las comunidades, ¿o es que acaso también se piensa que los mexicanos, por naturaleza o herencia cultural, somos autoritarios y poco participativos? 

Son pocos los libros que han marcado la vida y el pensamiento del presidente Peña Nieto; por ello, ojalá pudiera revisar el texto intitulado, Ciudadanos Inesperados de Ariadna Acevedo y Paula López en donde compilan diversos capítulos que ponen en cuestionamiento las tesis culturalistas relativas a la formación ciudadanía. Alejadas de las ideas abstractas sobre el tema, Acevedo y López, así como otros autores muestran que las personas adquieren la cualidad de ciudadanos en la práctica; de esta manera, Daniela Traffano señala que la población indígena del siglo diecinueve “conoció, aprendió y utilizó su ciudadanización en otros espacios públicos” distintos a las aulas escolares como “las reuniones entre vecinos y autoridades locales, o las iglesias y sus púlpitos, también gracias al correr de boca en boca de las nuevas disposiciones, a través de la palabra impresa en la prensa y en los comunicados oficiales”. 

No hay entonces un fatalismo basado en la “cultura” que impida avanzar en la formación de ciudadanos y por qué no, en la formación de personas honestas y no corruptas. La intelección de los problemas nacionales requiere reflexión profunda, una idea amplia del mundo y una posición realista. Ven como sí es importante tener gobernantes mejor preparados. ¿Qué responsabilidades tendrán las universidades en ello?

Publicado en Campus milenio

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