Estudiantes universitarios vulnerables en la pandemia

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Javier Tolentino

Como todos sabemos la pandemia nos sorprendió cuando estábamos en un ciclo escolar presencial y de pronto nos fuimos a casa porque era necesario el aislamiento social para preservar la salud y la vida.

En principio, esto era por dos semanas. Y luego se amplió por más tiempo e incluso hay incertidumbre acerca de la fecha en que podremos regresar a las clases. Hay probabilidades de regresos escalonados o intermitentes. Es decir, la pandemia no se irá, tendremos que convivir con ella. Los tiempos por venir ya no serán iguales.

Entre los efectos que ya preocupaban desde la política educativa está el asunto de las desigualdades educativas. Ésta se entiende desde diferentes ángulos y son diversos los factores que se interrelacionan para explicar este fenómeno educativo. De manera general, la desigualdad se expresa en las diferentes y limitadas oportunidades de acceso, permanencia y egreso. Es decir, no todos los estudiantes tienen las mismas oportunidades. Y esto debe ser explícito para los diferentes actores del sistema de educación superior a fin de actuar en el ámbito de su influencia.

Y aquí es donde se sitúa este comunicado a los docentes, con la pregunta

qué hacer en tiempos de pandemia, en el tema de la desigualdad educativa.

Antes de algunos comentarios sobre lo que pueden hacer los docentes, es necesario entender, aunque sea brevemente, lo referente a las desigualdades educativas. Al respecto, la investigación educativa ha generado un conjunto de conocimientos, un estado del arte abundante, al cual se alude aquí desde ciertos saberes de interés para un docente, cuya comprensión permita tomar decisiones sobre su práctica docente. De las desigualdades sabemos que:  

  • No todos los egresados de bachillerato tienen las mismas oportunidades de ingresar a la universidad. Por ejemplo, entre el medio rural y el urbano, seguramente el primero tiene menos posibilidades o no accederá. Por ello se identifica al sistema escolar como selectivo y excluyente. Todo ello, se agudiza cuando la demanda es mayor que la oferta (muchos estudiantes y pocos lugares).
  • Y si logran ingresar, estarán en desventaja y quizás pronto deserten. Es decir, al inicio del ciclo escolar es como en una carrera, donde no todos parten en igualdad de circunstancias. Los estudios se refieren a la puerta giratoria (entra, pero sale). Por ello, las tasas de abandono escolar son altas en el primer año de la universidad. Sobre todo, cuando la gestión escolar no ayuda a los más desfavorecidos.
  • Entonces, la permanencia escolar estará determinada por un conjunto de factores. Unos de los estudiantes (de la demanda), otros de la oferta (plan de estudios, profesores, etcétera) y por la interacción entre ambas. Aludiendo a lo socioeconómico, sin duda que esto pone al estudiante en condiciones de ventajas o desventajas frente a sus posibilidades de aprendizaje. Es decir, tiene un impacto en su rendimiento académico. Los estudiantes que trabajan también se explican en este marco de las desigualdades.
  • Cuando los estudiantes no tienen las condiciones tecnológicas, lo que conocemos como la brecha digital, como la ausencia de la infraestructura tecnológica (computadora y acceso a internet) o las capacidades para el uso de las TIC, también enfrentan la falta de oportunidades (la desigualdad).

En términos generales, el no aprendizaje, el atraso escolar, que conlleva a la reprobación, a la deserción y finalmente a la baja eficiencia terminal (que en algunas carreras es del 30 al 40% o más) ahora se podrá incrementar por el aislamiento y los problemas económicos que ha ocasionado en las familias en términos de sus ingresos. 

En concreto, si ya era difícil asistir a la universidad por lo económico de los padres, hoy con menos ingresos o con la pérdida del mismo, los estudiantes enfrentarán muchas dificultades para continuar sus estudios.

Hasta aquí quizás los docentes ya estén generando ideas sobre

cómo apoyar a sus estudiantes universitarios vulnerables

Qué podemos hacer los docentes:

  1. LOCALIZARLOS. – Es increíble, pero con algunos estudiantes todavía no tenemos comunicación. Un profesor me dice, tengo 16 en lista y sólo tengo contacto con 12. Incrementemos nuestros esfuerzos individuales e institucionales para saber de nuestros estudiantes.
  2. COMUNICARNOS. – Aunque sabemos que hay profesores con 5 grupos de 50 estudiantes, lo que da un total de 250, es necesario tener comunicación. Por supuesto que será difícil contestar tal número de correos electrónicos o de mensajes telefónicos, máxime cuando se está también tratando de dar continuidad a la asignatura ahora de manera virtual desde casa.

Cómo hacerlo. No hay una receta única y válida para todas las circunstancias, pero dependerá de cada caso. Una verdad de Perogrullo es decirte que se requiere organización. 

Dado en contexto de este texto, una opción sería comunicaciones generales (mismo texto para todos) y comunicaciones específicas, por ejemplo, con los más vulnerables (dedicar una mayor inversión de tiempo y de calidad). Igualdad es dar a todos lo mismo, equidad es dar a cada uno lo que necesita.

  1. QUÉ DECIRLE. – Primeramente, tratar de conocerlo más. Saber cómo está, cuál es su situación personal y familiar. Dónde vive. Qué está haciendo. Cómo se siente. Antes de estudiante al que tengo que enviarle un conjunto de tareas (contenidos) es una persona, que, como todos, en este momento está en riesgo su salud y su vida.
  2. QUÉ NECESITA. – Todo lo anterior, nos dará una pauta para saber sus necesidades y sus expectativas y a partir de ello, hacer uso de la flexibilidad curricular. Esa a la que aluden los modelos educativos que se refiere además de tiempo y de lugar, a la cuestión del contenido. Por ejemplo, de manera simplista, entre leer un artículo y leer otro, darle la opción de escoger puede hacer la diferencia. Entre leer un PDF y ver un video en YouTube no se altera el programa de estudios de nuestro curso.

Pregunto, verdaderamente se verá alterado su perfil de egreso si aceptamos qué nos propongan, ante un tema dado, alternativas qué nos demuestren lo aprendido.   

Sin duda, es factible alcanzar algún consenso con los docentes respecto de los cuatros puntos anteriores, sobre todo, porque siempre sabemos de las limitaciones de nuestros estudiantes, de su vulnerabilidad.

Si algún docente, no considera que sea de su responsabilidad la atención de los estudiantes vulnerables (que no esté en el ámbito de sus funciones), a continuación, se ofrecen algunas razones de por qué hacerlo: 

  • Porque se ha elegido estar en la docencia, aun incluso cuando su llegada ha sido fortuita. Somos docentes que estamos por gusto.
  • Porque entre las opciones seguramente nos inclinamos por una educación humanista. Incluso algunos modelos educativos aluden a esta concepción filosófica o educativa.  
  • Porque el Modelo Educativo de la institución (o de manera personal) estamos de acuerdo con la necesidad de una formación integral (intelectual, humana, social y profesional en la clasificación se Carlos Zarzar), la cual incluye la dimensión humana.
  • Porque el artículo tercero constitucional y la ley general de educación superior (actualmente anteproyecto), aluden a una educación equitativa, inclusiva y de atención a grupos vulnerables.
  • Y, por Ética profesional.
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