El SNTE: entre el corporativismo y la democracia sindical

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 Oscar Rodríguez Mercado

Sindicatos y democracia son en el imaginario social dos sistemas antagónicos e irreconciliables. Líderes corruptos con un poder omnipotente son las cualidades más explotadas en los medios sobre tales personajes. Nada más alejado de la realidad. La estabilidad de un sindicato como el SNTE y el poder de sus dirigentes nacionales es dada por la capacidad de los órganos locales de dirigir la vida bastante activa de sus bases sindicalizadas mediante mecanismos que nos deben hacer repensar conceptos que se volvieron coloquiales como el de “democracia”.

La democracia sindical fue una de las banderas de campaña del actual presidente Andrés Manuel López Obrador. Los caciques debían ser erradicados para dar paso a una nueva etapa en el sindicalismo mexicano. La firma del Tratado Comercial de México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), obligó a acelerar el proceso de reformas legales con la finalidad de cumplir con los requisitos fijados (Guerrero, 2019).

La democracia sindical parece ser percibida (si no es que reducida) a realizar elecciones con la participación de la totalidad de los afiliados, desestimando el carácter corporativo con el que fueron creadas organizaciones como el SNTE. La gobernabilidad y control de las demandas (salariales y laborales) de los trabajadores, es la moneda de cambio de los líderes con el Estado, y la seguridad laboral con los maestros para mantenerse en la cúpula del poder.

Desde su fundación en 1943, el SNTE posibilitó la expansión del sistema educativo nacional y la mejora en las condiciones laborales de los maestros en todo el país. El número de maestros era reducido, pero su dispersión era tal que parecía imposible hacer llegar recursos (desde el salario) a cada uno de ellos. Por ello, el sindicato se articuló mediante una base territorial que facilitara la comunicación con los maestros y de los maestros hacía las autoridades.

Las secciones sindicales, presentes en cada entidad de la República, representan a maestros de los sistemas federal o estatal, dependiendo de cada estado. A su vez, los Comités Delegacionales, el siguiente órgano de gobierno en la estructura sindical, se conforman en cada zona escolar y, en algunos casos, en cada Centro de Trabajo en escuelas secundarias y de media superior. En ambos casos, los Comités se conforman por una serie de carteras estipuladas en el estatuto, mediante el registro de planillas. Los Comités Seccionales son elegidos en asambleas donde confluye una cantidad limitada de maestros, mientras que, en las Delegaciones, participa la totalidad de sus integrantes.

La historia del SNTE se puede dividir en la permanencia de tres liderazgos prolongados, usualmente llamados cacicazgos, encabezados por Jesús Robles Martínez, Carlos Jonguitud y Elba Esther Gordillo. El predominio de su camarilla parecía limitar el acceso al gobierno sindical a otras expresiones del sindicato, particularmente de los disidentes. En poco tiempo, el poder adquirido por los distintos grupos que dominaron el sindicato era tal que ameritó la intervención presidencial para disminuir su influencia en la vida política nacional. Sin embargo, los relevos en el gobierno sindical, producto de crisis internas (principalmente por expansión de la membresía sindical) y presiones del sistema político mexicano (por la democratización), han tendido a fortalecer la unidad interna del SNTE.

El estilo de gobernar de los líderes sindicales antes mencionados se basó el tamaño y dispersión de su base magisterial, así como en la estructura del sistema educativo. Con la mayor parte del magisterio concentrado en la Ciudad de México y en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), Jesús Robles Martínez pudo gobernar centralmente. Pero por la expansión y dispersión del sistema educativo, particularmente en educación básica, el SNTE experimentó un déficit de representación y le fue imposible controlar las demandas magisteriales.

Carlos Jonguitud se dio a la tarea de establecer vínculos con los seccionales y formar una estructura paralela, altamente personalizada y dogmática (contaba con himno y culto a la personalidad del líder), en Vanguardia Revolucionaria del Magisterio (VRM), que se extendía (en muchos casos) hasta cada centro de trabajo. Los intentos totalitarios del líder, al no otorgar grados de autonomía a los seccionales en un contexto de descentralización de la vida pública (además de sus constantes desafíos al régimen), devinieron en un desgaste y pérdida de gobernabilidad en el magisterio.

En 1990, luego de la defenestración de Carlos Jonguitud se obligó a reformar los estatutos para incluir la figura de representación proporcional en la conformación de los órganos de gobierno, con la finalidad de dar representatividad a voces disidentes. La intensión no declarada del gobierno federal era que cada sección sindical fuera autónoma y se disminuyera el poder del Comité Ejecutivo Nacional (Ornelas, 2008).

Elba Esther Gordillo supo leer el momento político y estableció una serie de reformas al gobierno sindical, pero logró mantener la unidad del sindicato. A pesar de que la maestra ejerció un liderazgo férreo, nunca tuvo realmente el control total del sindicato. Sin dejar de ejercer poder, otorgó a las secciones amplios grados de autonomía con respecto de los órganos nacionales. Bajo su liderazgo los estados dominados por la CNTE lograron autonomía y se hicieron visibles “caciques” en otras secciones como la 20 de Nayarit y la 32 de Veracruz.

Actualmente, la disputa por el sindicato discurre entre tres grupos políticos. Por un lado, el grupo oficial y hegemónico es encabezado por Alfonso Cepeda Salas, líder formal del sindicato a raíz de la dimisión a finales de 2018 de Juan Díaz de la Torre. En otro bando, se encuentra la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), con presencia mayoritaria en los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca (cada uno con su dinámica particular). Finalmente, Redes Sociales Progresistas (RSP), asociado a Elba Esther Gordillo, con presencia en varios estados, pero con el proyecto ya bastante avanzado (y, al parecer, prioritario) de convertirse en partido político (Hernández, 2020).

Esta condición pareciera ser importante impulsar una fuerte competencia electoral interna, a partir de las reformas a las Leyes Federales del Trabajo y de los Trabajadores al Servicio del Estado, publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 1 de mayo de 2019. En ambos casos, uno de los cambios introducidos fue la obligación de elegir vía voto secreto y directo a las directivas de los sindicatos. Los órganos de gobierno sindicales se encargarán de elaborar las convocatorias y turnarlas a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS) para su aprobación.

En semanas recientes apareció la convocatoria para la renovación de Comités Seccionales emitida por el CEN del SNTE. En dicha convocatoria, establece que los cargos para Secretario General y las demás carteras estatutariamente autorizadas por el seccional se realizarán por voto libre y secreto de todos los miembros adscritos al sindicato. Lo mismo sería para los Comités Ejecutivos Delegacionales. Los interesados en participar deberán presentar sus planillas con todos los cargos estipulados cubiertos.

Sin embargo, la vida política del SNTE se encuentra muy lejos del imaginario de quienes pretenden democratizarlo (en el entendido de que realmente se pretenda hacerlo). Tanto en la renovación de los Comités Ejecutivos Delegacionales, como en los Comités Ejecutivos Seccionales, lejos de la influencia de los líderes nacionales, se generan las dinámicas que dan forma y poder al sindicato. Cada asamblea, Delegacional y Seccional, es precedida de negociaciones y acuerdos entre los distintos grupos, hasta que logran conformar una planilla de unidad (Rodríguez, 2014). Difícilmente una renovación se dirime mediante elecciones (a las que concurre un número limitado de maestros, en el caso de los Seccionales y la totalidad de los miembros, para el caso de los Delegacionales). Estas prácticas son ampliamente compartidas por el gremio magisterial a lo largo del país (y del tiempo), pues el imperativo de unidad sindical provoca que los maestros rechacen a toda costa el conflicto interno.

El SNTE cuenta con procesos de relevo y renovación de dirigencias sumamente institucionalizados, por lo que se antoja difícil su modificación ante las distintas reformas estatutarias. La representación proporcional siempre se ha dado en los hechos, al ceder algunas carteras a grupos opositores, por lo que el imperativo de unidad y la tendencia a conformar planillas únicas, también parece ser una práctica difícil de superar. Las primeras elecciones de Comités Seccionales en Puebla, Ciudad de México y otros estados realizadas con esta normatividad tuvieron como imperativo la unidad, al grado de que maestros asociados a RSP bloquearon las vías del ferrocarril en varias entidades en protesta por estas prácticas, reitero, bastante institucionalizadas (Jiménez, 2020).

Incluso, en los órganos nacionales, la cesión de ciertas posiciones a cuadros de grupos disidentes ha sido una práctica constante, particularmente desde los primeros años de Elba Esther Gordillo al frente del sindicato. Por lo tanto, de cara a la renovación de los órganos nacionales, es previsible que el grupo de Alfonso Cepeda ceda algunos espacios a la CNTE y RSP, a manera de concesiones basadas en las mismas prácticas de unidad sindical que responden a la propia cultura magisterial.

Organizaciones sindicales de carácter corporativo, como lo es el SNTE, no pueden desarrollar prácticas democráticas en el sentido estricto del término, pues la legitimidad de sus líderes no se basa en elecciones libres. La seguridad laboral y la conquista de ciertas prestaciones son la base de la legitimidad de los liderazgos sindicales, mismos que se convierten en interlocutores directos entre el poder político y sus bases magisteriales por lo que la unidad es determinante en las negociaciones.

La consolidación e institucionalización de las prácticas sindicales, depende de la efectividad de la estructura sindical en satisfacer demandas tan cotidianas como cubrir faltas o acceder a una prestación laboral. Si no se comprende esta clase de dinámicas de la estructura sindical, las reformas laborales tendrán poco efecto en algo que ni siquiera tienen en el radar como necesario de reformar: la cultura magisterial.

Referencias y fuentes consultadas

DOF (2019). “Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, de la Ley Federal de la Defensoría Pública, de la Ley del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores y de la Ley del Seguro Social, en materia de Justicia Laboral, Libertad Sindical y Negociación Colectiva”.

DOF (2019). “Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, Reglamentaria del apartado B) del Artículo 123 Constitucional”.

Guerrero, C. (2019) “Quieren demócratas democracia sindical: AMLO”. Reforma. 11 de octubre de 2019.

Hernández, E. (2020). Piden elbistas registro y acarrean a afiliados. Reforma. 25 de febrero de 2020.

Jiménez, B. (2020). Bloquea SNTE vías del tren en 3 estados. Reforma. 3 de marzo de 2020.

Ornelas, C. (2014). El sistema educativo mexicano. La transición de fin de siglo. México: Fondo de Cultura Económica.

Rodríguez, O. (2014). La configuración de las relaciones de poder. Legitimidad y liderazgos en la Sección 20 del SNTE, Nayarit. Tesis de maestría. Instituto Mora.

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