Fortalecimiento y transformación de las escuelas normales ¿sin jóvenes estudiantes?

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Dr. Roberto Leonardo Sánchez Medina*

El pasado 13 de julio de 2017, el entonces Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, dio a conocer la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales. Cerca de un año después (22 de Mayo de 2018), el ahora titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Otto Granados Roldán presentó en un acto público el documento oficial que sustenta dicha Estrategia. De entrada, llama la atención que el documento se presente a unos días de que el primero de julio el electorado mexicano, acuda a emitir su voto para elegir al futuro presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Las principales casas encuestadoras, muestran ciertas tendencias y estiman que de mantenerse las condiciones actuales, el próximo presidente no será un militante en activo del Partido Revolucionario Institucional (PRI); lo que puede traducirse en una clara intención de la actual administración de dejar amarradas las condiciones para que la Reforma Educativa, trastoque los patios internos de las escuelas normales, y quizá para que la siguiente administración se enfrente a serias dificultades en su posible intento por modificarla.

Aunque se presenta sumamente tarde dicho documento, hay que reconocer que, pese a las intenciones declaradas de “robustecer la formación inicial que reciben los docentes de todo el país de conformidad con el nuevo Modelo Educativo” (pág. 15), se dejaron de lado de manera deliberada algunos temas que realmente ayudarían a posicionar y fortalecer a las instituciones formadoras de docentes, por ejemplo, financiamiento, elección de directivos, autonomía institucional y autonomía en la formulación de planes y programas de estudio.

Sin duda, son temas que requieren de una mayor discusión y un análisis más profundo, pero hay que prestar atención a un tema emergente que se ha venido acentuando en los últimos cinco años: la disminución considerable en la demanda real de ingreso a las escuelas normales públicas, y en consecuencia, la disminución en la matrícula de primer ingreso.

Analicemos el primer problema. El Informe del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación INEE (2015), denominado Los docentes en México (pág. 100), muestran que durante el ciclo escolar 2013-2014, algunas entidades federativas expusieron una baja en las solicitudes de ingreso en comparación con el total de lugares disponibles. En cambio, otras entidades expusieron una demanda real dos o tres veces superior al número de lugares disponibles.

No obstante, hay que mencionar que actualmente las escuelas normales, han tenido que realizar esfuerzos extraordinarios para lograr captar a una mayor cantidad de aspirantes. Algunas escuelas normales, mantienen campañas de promoción continua a través de redes sociales y de volanteo en las escuelas de nivel medio superior. En cambio otras instituciones, han tenido que hacer uso de sus docentes para asistir a las escuelas de nivel medio superior a impartir pláticas y convencer a los futuros egresados de estudiar una licenciatura en sus centros educativos. Los resultados de una investigación en proceso, muestran que la disminución en la demanda real de ingreso, aunque no se refleja en las cifras oficiales, se presenta hasta en escuelas normales con una larga historia, tradición y prestigio.

Aquí convendría cuestionarnos ¿a qué se debe la disminución en la demanda real de ingreso a las escuelas normales públicas del país? Una primera respuesta puede ser hallada en los cambios que trajo consigo la Ley General del Servicio Profesional Docente emitida en 2013. Dicha Ley, suprimió la posibilidad de que los egresados de las escuelas normales, obtuvieran una plaza definitiva en alguna institución de educación básica. En su lugar, se estableció que el ingreso al servicio docente se efectuaría a través de concursos de oposición. Lo contradictorio del asunto es que quienes han aprobado el examen de oposición, no siempre se les ha asignado una plaza docente; incluso hay quienes han tenido que presentar de nueva cuenta el examen para solicitar un lugar en regiones donde aparentemente hay espacios disponibles. Con esta serie de cambios, la señal que se mandó a los futuros egresados de las instituciones de educación media superior, es que la carrera de “maestro” no es una opción viable para “tener un empleo seguro y estable”.

Aunado a lo anterior, hay que tomar en consideración que la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa Guerrero, en septiembre de 2014; sumado a las constantes movilizaciones y tensiones que se dieron ante este hecho en diferentes puntos del país, causaron merma en la conciencia social. Esto se tradujo en una mala imagen para las escuelas normales, y ello trajo como consecuencia que los estudiantes aconsejados por sus familias –quienes en nuestro medio, siguen teniendo un fuerte peso en la decisión de la carrera a elegir-, analizaran y aconsejaran otras opciones de formación profesional.

De hecho, los avances de investigación que hasta el momento se tienen, indican que muchos de los estudiantes que se encuentran en este momento cursando el primer año de la licenciatura, no sólo se enfrentaron a las críticas y rechazos por parte de los padres, sino también a los grupos de amigos del nivel medio superior, quienes en continuas ocasiones les indicaron que “mejor ya no estudiaran”, y en el peor de los casos, que eligieran “una buena carrera y ya después se metieran a dar clases”.  

Pasemos ahora al segundo tema: la baja en la matrícula de primer ingreso en las escuelas normales. De nueva cuenta, el informe del INEE (pág. 100), muestra que sólo once entidades cubren por encima del 90% el total de lugares disponibles. En el lado extremo, se encuentran aquellas entidades (once en total), que reportan hasta un 70% de lugares ocupados en el primer ingreso. Este comportamiento obedece a diversos factores. En primer lugar obedece a que aquellos estudiantes que solicitaron su ingreso, cumplieron con los requisitos establecidos y acudieron a presentar su examen, no lo aprobaron, por lo que no fueron admitidos por las instituciones. De igual forma, se tiene a aquellos estudiantes que aprobaron su examen de selección, pero no acudieron a inscribirse formalmente a la institución, muy probablemente porque fueron aceptados en otra institución.

Al respecto, las estadísticas que proporciona el documento oficial de la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales (pág. 77), muestran que el descenso se agudizó en todas las licenciaturas que se imparten dentro de la educación normal desde el ciclo escolar 2013-2014. De hecho reportan que la baja más significativa se presentó en la Licenciatura en Educación Secundaria quien paso de tener 37,326 estudiantes en el ciclo escolar 2012-2013, a tener 21,209 estudiantes en el ciclo escolar 2016-2017, esto significa una disminución del 43.2%.

Por tanto, es necesario asumir que la disminución en la demanda real de ingreso a las escuelas normales y la disminución en la matrícula de primer ingreso es una realidad y que es necesario atenderla desde el presente. Así pues, se requiere abrir el diálogo entre la comunidad normalista, de tal forma que sea posible el diseño de posibles rutas de acción que conlleven al reposicionamiento de las escuelas normales entre los jóvenes estudiantes y sus familias. Hay que seguir haciendo esfuerzos, que contribuyan a mostrar a los estudiantes que las escuelas normales son una excelente opción de formación profesional.

Al mismo tiempo, hay que tomar en cuenta que quienes se están formando actualmente son jóvenes y por lo tanto, es necesario que encuentren en las escuelas normales, no sólo espacios de formación, sino también de recreación, de socialización, de apoyo, de diálogo y de construcción de identidades juveniles; alejando de alguna manera, el peso del control, la tradición y la disciplina que permean los procesos formativos. Al efectuar este cambio, será posible que comuniquen a sus pares del nivel medio superior y a su círculo social, el quehacer cotidiano que tiene lugar en la escuela normal.

En consecuencia, hay que empezar por lo básico. Sin estudiantes no hay trabajo académico al interior de las escuelas normales y sin escuelas normales, no hay docentes con los conocimientos, los saberes y la experiencia necesaria para garantizar los aprendizajes esperados en los estudiantes de educación básica. No es lógico introducir nuevas estrategias de mejora y transformación, o nuevos planes de estudios –por cierto, sin un consenso y una correcta revisión por parte de la comunidad normalista-, si en el futuro las escuelas normales seguirán enfrentándose al problema de la baja en la demanda de ingreso y matriculación de primer ingreso. Necesitamos seguir apuntalando la educación normal, pero con nuestros jóvenes estudiantes, no sin ellos.

*Licenciado en Sociología y Maestro en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco. Doctor en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente, labora como profesor en la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, asimismo, es profesor de asignatura en la Escuela Normal de Tlalnepantla. Ha publicado diversos artículos y reflexiones sobre los jóvenes estudiantes en la educación superior.

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