La escuela exhausta

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Para Manolo:

echando en falta

su generosa mirada.

En las sobremesas, luego de la letanía de las desgracias del país que se profiere, no falta una frase, final y lapidaria : “todo es cuestión de educación”. Basta y sobra este lugar común (percepción inútil generalizada) para cerrar el tema. Como es frecuente que por educación se entienda a la formación escolar, se puede hacer un parangón: todo es responsabilidad de la escuela. Y así lo expresan las normas.

El artículo 30 de la nueva Ley General de Educación, señala, en 25 incisos, los “contenidos de planes y programas de estudio de la educación que impartan el Estado, sus organismos descentralizados y los particulares con autorización o reconocimiento de valides oficial de los estudios, de acuerdo al tipo y nivel educativo”. Está escrito que, entre otros, son: aprender matemáticas; conocer la lecto-escritura y la literacidad; aprender historia, geografía, civismo y filosofía. Fomentar la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación y su uso responsable. Conocer y, en su caso, aprender lenguas indígenas, así como reconocer la pluralidad lingüística de la Nación y el respeto a los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas; aprender, también, lenguas extranjeras.

Fomentar la activación física, la práctica del deporte y la educación física: promover estilos de vida saludables, educación para la salud, la importancia de la donación de órganos, tejidos y sangre; fomentar la igualdad de género para construir una sociedad justa e igualitaria; impartir educación sexual integral y reproductiva para el ejercicio responsable de la sexualidad, la planeación familiar, maternidad y paternidad responsables, prevenir embarazos adolescentes e infecciones de transmisión sexual.

Y sigue: ha de haber educación socioemocional; prevención de sustancias psicoactivas y el conocimiento de sus causas, riesgos y consecuencias; reconocer la diversidad de capacidades de las personas, reconociendo su ritmo, estilo e interés en el aprendizaje; el uso de Lenguaje de Señas Mexicanas, y el ejercicio de los derechos de todas las personas. Promover el emprendimiento, la cultura del ahorro y la educación financiera.

Fomentar la cultura de la transparencia, rendición de cuentas, integralidad, protección de datos personales, y el conocimiento de los educandos de su derecho al acceso a la información pública gubernamental, y de las mejores prácticas para ejercerlo.

Educación ambiental, para la sustentabilidad, desarrollo sostenible, combate al cambio climático, y generar conciencia para valorar el manejo conservación y aprovechamiento de los recursos naturales, con participación social y cuidado al ambiente. Aprendizaje de la cultura de protección civil (prevención, autoprotección y resilencia); mitigación y adaptación al cambio climático. Fomentar los valores del cooperativismo para construir relaciones solidarias y fraternas. Actitudes solidarias y positivas ante el trabajo, el ahorro y el bienestar general.

Fomentar la lectura y el uso de libros, materiales diversos y dispositivos digitales. Promover el valor de la justicia, observancia de la ley y la igualdad de las personas ante ésta; cultura de la legalidad, la inclusión y la no discriminación, la paz, la no violencia en las manifestaciones y conocer los derechos humanos. Conocer las artes, respeto al patrimonio musical, cultural y artístico; desarrollar la creatividad artística por medios tradicionales o tecnológicos. La enseñanza de la música, por supuesto, para potenciar el desarrollo cognitivo y humano, así como la personalidad de los educandos. Ah, y educación vial.

La escuela mexicana, nueva o vieja, con tanta encomienda no puede, aunque sí quepa en la Ley. Y es que todo es cosa de la educación.

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Sobre Manuel Gil Antón

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