Educación como actividad esencial: entre la etiqueta y la prioridad

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Rogelio Javier Alonso Ruiz*

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, señaló que la educación será reclasificada como actividad esencial, de modo que no existan restricciones para la asistencia a las aulas, aun cuando el riesgo de contagio por COVID-19 se encuentre en nivel máximo. El anuncio se dio a unos días de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en varios actos públicos, ha expresado de manera abierta su intención de reabrir los planteles, asegurando que esto se dará “llueva, truene o relampaguee”.

Poca oposición seguramente puede haber en los beneficios de la educación presencial en relación con la remota, tanto en el aspecto académico como el emocional, pero la expresión presidencial engloba algo peligroso: abrir las escuelas a costa de lo que sea. El mismo presidente dio a conocer los datos de una encuesta que señalan la oposición de la mayoría de los informantes a regresar a clases: ¿es casual la postura? ¿qué ha influido en el ánimo de la población para tener temor para enviar a sus hijos a las aulas? ¿qué vacíos perciben como para, pese a las conveniencias indiscutibles de la educación presencial, optar por mantener a sus hijos en casa?

El subsecretario de Salud apunta a que, tras “analizar evidencias”, se ha concluido en recomendar ampliamente la reapertura escolar. Desde luego que existen experiencias internacionales que apuntan a la escuela como un espacio poco propicio para la propagación del virus, pero es arriesgado adoptar esta conclusión sin subrayar los factores que la engendraron. Así, por ejemplo, en Uruguay se dio un retorno seguro y ordenado, pero entre los componentes de su estrategia de reapertura en escuelas rurales se encontraron factores como el “hisopado nasofaríngeo a docentes y no docentes que provengan de localidades con casos confirmados [y el] diseño de un plan de apoyo psicoemocional” (Alarcón y Méndez, 2020, p. 36) para profesores, asimismo la modalidad híbrida de enseñanza, que hizo posible la menor asistencia a los planteles, fue posible gracias, en buena parte, a la presencia del Plan Ceibal, a través del cual, desde hace varios años “cada niño y niña que ingresa al sistema educativo accede a una computadora para su uso personal con conexión a internet gratuita” (Alarcón y Méndez, 2020, p. 22) y hace posible que “100% de los centros educativos [cuente] con red wifi” (Alarcón y Méndez, 2020, p. 57).

No se pide que se importen, con calzador, acciones puestas en práctica en otras regiones: las diferencias demográficas, sanitarias, económicas y sociales entre un contexto y otro no aconsejan un trasplante de estrategias. Sin embargo, las evidencias deben servir para advertir la importancia de la consolidación de una buena cantidad de factores para propiciar un regreso seguro: ¿en México ya se garantizaron tales condiciones al grado de poder determinar que las escuelas abrirán “llueva, truene o relampaguee”? No se deben olvidar tampoco que, aunque escasas, hay experiencias negativas: en Israel, por ejemplo, un brote al interior de una escuela, que “coincidió con una ola de calor que pudo haber impactado negativamente en conformidad con el uso de mascarillas o de las medidas preventivas” (Otte, Lehfeld, Buda, et al, 2020, p. 5), puso de manifiesto la trascendencia del equipamiento y la organización.

Pocos podrían contradecir al presidente cuando afirma que ya ha pasado demasiado tiempo desde que las escuelas cerraron. Tampoco en los impactos negativos que la pandemia ha traído en los aprendizajes de los estudiantes y su bienestar emocional. Es importante que los alumnos asistan a la escuela, no hay duda, pero no como sea y cuando sea, como lo da a entender la referida expresión. Que no se olvide que el término esencia se refiere, según la Real Academia Española, a “lo más importante y característico de una cosa”. Está por verse si se asume o distorsiona esa acepción. Ojalá la reclasificación de la educación como actividad esencial no sea un mero cambio de etiqueta, sino que represente una reconsideración de la prioridad que le hemos dado como nación al ejercicio de este derecho. ¿Se está pidiendo demasiado?

 

*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Profesor colimense. Director de educación primaria (Esc. Prim. Adolfo López Mateos T.M.) y docente de educación superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía.

Twitter: @proferoger85

REFERENCIAS

Alarcón, A. y Méndez, G. (2020). Seguimiento del retorno a las clases presenciales en centros educativos en Uruguay. Montevideo: UNICEF.

Otte Im Eveline, Lehfeld Ann-Sophie, Buda Slike, et al. (2020). Surveillance of COVID-19 school outbreaks, Germany, March to August 2020. Euro Surveill; 25 (38). Disponible en https://doi.org/10.2807/1560-7917.ES.2020.25.38.2001645

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