Análisis. Censo educativo: ¿Y quién rinde cuentas?

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La SEP y el Inegi cumplieron, a la letra, lo establecido en el artículo V Transitorio de las modificaciones a los artículos 3º y 73º que conforman la denominada Reforma Educativa: el censo de escuelas, maestros y alumnos debe llevarse a cabo en 2013,
con el fin de sentar las bases de un Sistema de Información y Gestión Educativa que “permita a la autoridad tener en una
sola plataforma los datos necesarios para la operación del sistema educativo y que, a su vez, permita una comunicación
directa entre los directores de escuela y las autoridades educativas”. Con precisión, lo que ayer se dio a conocer son
los “resultados del levantamiento del censo”, esto es, el reporte de los alcances y límites de su aplicación, no la
información sobre el sistema que quizá se anhelaba, aunque adelantó algunas cifras muy generales y, por ende, imprecisas
aún.

Además de la cobertura que logró al aplicar los cuestionarios electrónicos e impresos sobre inmuebles, centros de trabajo
(CT), personal y alumnos en los estados —la tasa de respuesta de los 261.6 miles de CT activos en el ciclo 2013-2014 fue del
90.5%, es decir, no se consiguió información de un poco más de 24 mil— y de señalar la distribución de la negativa a informar
por entidades, el reporte expone algunos datos: hoy sabemos que el 88% de los CT tienen como función la educación básica y
la especial —son escuelas— y los restantes son sitios en que se apoya a la educación u oficinas. De cada 10 escuelas, cuatro
son preescolares, otras cuatro atienden primaria y dos, a secundaria. A ellas van 25.6 millones de estudiantes, aunque
esta es una cifra aproximada pues se pudieron contar nada más 23.7. El resto son cifras estimadas sobre las regiones no censadas.

Los números que más se esperaban —habrá que esperar hasta marzo de 2014— eran los relacionados con la cantidad de  profesores. El censo no da cuenta de ello. Afirma dos cosas: hay casi dos millones de empleados, que pueden llegar a ser
2.15 calculando las zonas sin información. Los empleados se componen de docentes y personal de apoyo a la docencia,
administrativo y de servicios. Posteriormente refieren al personal, o sea los empleados, pero se aclara que se da cuenta
del “personal, pero no de las personas, pues hay personas que laboran en más de un CT y fueron contadas en cada uno de
ellos.” No sabemos, todavía, cuántos son docentes ni cuál es la diferencia entre nombramientos, plazas y personas. Saberlo es
necesario.

Habrá que esperar tres meses para pasar de la brocha gorda al pincel. Lo que no puede esperar es una pregunta: ¿con este
nivel de ignorancia de aspectos absolutamente básicos ha operado el sistema educativo durante décadas? ¿Así, con esa
indolencia, se pagó cada quincena, se dieron prestaciones y se cobró y transfirió la cuota sindical? Enhorabuena que se busque
claridad, transparencia, pero de esta calamidad y vergüenza, ¿nadie ha de rendir cuentas? ¿Borrón y cuenta o censo nuevo?
Cala.

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Sobre Manuel Gil Antón

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