En el vientre de la ballena

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Bruno Velázquez Delgado[1]

La idea de que el paso por el umbral mágico es un tránsito a una esfera de renacimiento queda simbolizada en la imagen mundial del vientre, el vientre de la ballena. (La heroína) El héroe, en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral, es tragado por lo desconocido y parecería que hubiera muerto.

(Joseph Campell. “El héroe de las mil máscaras”.)

 

Al aproximarse la hora, una nube se oscurece

y siento temor del más allá que desconozco.

Iré muy lejos.

Recorreré los Estados un tiempo, no sé dónde ni cuándo.

Pronto, algún día o noche estaré cantando y mi voz

súbitamente cesará.

Oh libro mío, oh cantos, ¿todo tiene que llegar a esto?

¿Tenemos que volver inermes a nuestro principio?

Y sí, con eso basta, alma mía.

Verdaderamente, alma mía, hemos estado. Eso basta.

(Walt Whitman. “Al aproximarse la hora”.)

El Contexto:

Pandemia global por COVID-19. Ciudad de México. Año 2020. Más de noventa días de confinamiento. Mi situación es sumamente privilegiada, sin escasez, con salario pagado puntualmente y buena salud. En casa: la mujer de la que soy pareja y madre de nuestros hijos, una niña de tres años, un niño de cinco y uno mismo. Ambos, la mujer de la casa y yo, su esposo, somos docentes por vocación y por pasión, algo que asumimos además como nuestra misión y por la que nos pagan, dado que es también nuestra profesión. Ella alfabetiza en inglés a niños de una escuela privada en el grado preprimaria, yo soy profesor de asignatura en el ITAM y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en ambos casos de materias de índole filosófica.

Pasan los días y las noches. Damos clase en línea, los hijos toman clase en la misma modalidad; hacemos labores domésticas, jugamos, nos distraemos, tele-trabajamos de forma desarticulada y, muchas veces, absurdamente cayendo de la explotación asalariada a la auto-explotación alienante. Convivimos como nunca antes, hacemos familia. Yo disfruto, o así lo intento, aunque cuestiono y dudo mucho, no obstante me gusta ver cómo se ha desgarrado el velo abriendo la oportunidad de repensarlo todo.

Escuchar al mito.

He leído el “Libro de Jonás” del Viejo Testamento, versión en inglés de la King James Bible y, en español, de la Biblia de Jerusalén.

Relata el mito que fue durante una tempestad cuando a Jonás, el profeta rebelde, lo devora la ballena. Hombre antiguo y contemporáneo, débil como todos los hombres débiles y egocéntricos del mundo, queriendo eludirse y escapar de la responsabilidad de afirmarse en su destino, Jonás colisiona con la Naturaleza y pretende estar dormido mientras lo azota, a barlovento y sotavento, el principio inexorable de la vida.

Aquí, la mar inmensa representa a la Naturaleza devenida monstruo[2] pues muestra, manifiesta y anticipa aquello que Jonás rehúsa.

A Jonás lo engulle su propio miedo, su incapacidad de asumir la finitud, su vulnerabilidad e impotencia, su insignificancia humana, su angustia ante la muerte, su imposilidad ante el deber, sus prejuicios y preconcepciones que lo inhabilitan y engañan.

El oscuro océano de su ignorancia arrogante (humana y sólo humana) y la marea desmesurada de su voluntad desorientan a Jonás que está en el vientre, sin saber dónde ni qué ni para qué. Y la Ballena nada.

Tres días y sus noches implorando y llorando. Jonás derrama lágrimas vanidosas de inmadurez, enojo e incomprensión ante sí mismo. El que ha sido engullido súbitamente no asume ni aprehende, pero se arrepiente sin entender muy bien de qué, deseando ya no estar allí, queriendo salir de donde está, haciendo como si otro lugar existiera.

Implorando perdón, tan sólo para salvarse según él cree, Jonás se lamenta ante nadie, y su voz reverbera en el vacío de la Ballena.

Supuestamente fue el azar, lo impredecible, quien lo denuncia. Pero Jonás sabía muy bien el precio de su ambición improcedente: Sobrevivir, y no sólo, obtener un poco más, como si alguien o algo le debieran cualquier cosa.

El pobre Jonás, profeta, rebelde, comete el absurdo pecado de reclamar derechos sin asumir ninguna obligación; de actuar a placer sin asumir las consecuencias-, de manifestarse sin responder por sí mismo ni preocuparse por lo radicalmente Otro.

Al final, Jonás se salva de ser digerido mas no se salva de ser él mismo. Y entonces, ¿Jonás se supera?, en lo absoluto, no es ningún Dionisio ni aquél Jesús. Sólo vuelve a sí, aunque en apariencia un poco más sumiso, igualmente caprichoso y egolátrico, pero más rabioso y necesitado.

Jonás, una cara más del anti-héroe protagonista del monomito en su capítulo asiático-europeo, de rasgos cercanos a Odiseo y también a Orfeo (quienes descendieron a los ínferos, el vientre de la Tierra, para volver en nombre de una mujer a la que terminan dañando). Jonás se suma a la legión de quienes quedan atrapados en una ilusión desesperada y cumple la tríada de grandes y enormes fracasados que triunfan sin saberlo, o viceversa. Los tres hombres orgullosos, ricos en ardides y, por un momento, trágicos y afortunados simultáneamente.

En contrapunto a este relato queda el mito mesoamericano de los gemelos femenino-masculino, luna y sol, de Hunahpú e Ixbalanqué[3], que trascienden, ellas sí, en su traspaso por el sustrato terrenal-universal.

Jonás, el nunca digerido, es la sombra masculina de la inefable Kore-Perséfone, la mujer paradigmática que representa lo nutricio femenino que hay en todo lo humano, a aquello que de tanto ocultarse siempre nos hace cada vez más falta: mujer símbolo de la humanidad (que no del hombre) y signo del eterno retorno como tiempo cíclico-estacional. Perséfone, flor de la muerte y alumbramiento, fruto y podredumbre, fin y renacimiento de la posibilidad primaveral. Jonás no es ni cerca todo eso, pero nos representa con más fidelidad.

En cuanto al relato de Jonás y la Ballena lo demás no importa, salvo el hecho de que el Dios del Tetragrámaton se anuncia ya como una deidad de amor y compasión, muy a pesar del profeta rebelde, superando así su faceta arbitraria, en fuga del mundo y, muchas veces, cruel e iracunda.

  • Mirar críticamente a nuestro mundo. 

En esta coyuntural circunstancia (que en nada nos debió tomar por sorpresa) me siento favorecido y fascinado, apesumbrado por lo mismo. El reto ha sido escribir sobre ello evitando caer irremediablemente en el pantanoso terreno de los lugares comunes (donde tantos filósofos han perdido más de una zapatilla, muchos aspirantes a oráculos su credibilidad y tantos aventajados intelectuales su etiqueta de pensadores universales). Obviamente he fracasado en el intento. Sin embargo, me parece el ahora un buen tiempo para hablar sobre la necesidad de acabar con la farsa y la simulación, si es que en algo queremos cambiar para no salir y caer de nuevo.

Entusiasma ver lo que está ocurriendo en algunas latitudes del mundo. Por ejemplo, en los Estados Unidos de América (no en México), donde la estructura racista, clasista, supremacista blanca, imperialista, militarista, capitalista-neoliberal, patriarcal y misógino-machista pareciera estar sacudiéndose un poco más allá de la superficie.[4]

Acabar con la farsa implica permitir que este resurgimiento de una antigua convocatoria sea total. ¿Cuál convocatoria? La de conquistar la calle, la de hacer efectivo el Derecho a la Ciudad, la de desembarazarse de líderes y partidos políticos que a nadie representan (más que a su propia estructura, liderazgos y burocracia) para devolver a la política, que hoy es sólo teatro y negocio, su sentido original.

Acabar con la simulación es aceptar que Jimi Hendrix tenía razón cuando expresaba que “Cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz”, y, de inmediato, aceptar que seguimos viviendo en un mundo donde la paz sigue contándose entre las ideas que tienen nombre pero que son aún cosa desconocida para la enorme mayoría de las personas.

Acabar con la farsas pasaría también por asumir nuestro enajenamiento, nuestra compulsión de consumistas pasivos, así como rechazar seguir viviendo en una sociedad diseñada según la estructura piramidal-jerárquica, de títulos y cargos, donde la adulación, el oportunismo y la explotación de un recurso escaso (el talento humano) es capitalizado por unos pocos que se coronan los laureles germinados y cosechados por otras manos. Aceptar que ya es inaceptable vivir en una sociedad de individuos que creen estar diferenciados por sexo, género, fenotipo, nomenclatura y casta (burocrática, académica, profesional, nobiliaria o de otra ralea). Dejar el modelo arbóreo y pasar a uno rizomático horizontal, de redes de colaboración, sería seguir simulando pero al menos de una nueva manera, no tradicional, opresiva, ni discriminatoria.

Acabar con la simulación implicaría, por ejemplo, exigir a todas las personas que se dicen cristianas dejar de ser fariseos sepulcros blanqueados, que no viven según el ejemplo de la persona que les sirve de paradigma moral. Sería aceptar que el mensaje del Papa Francisco, cuando se compromete con los derechos de los más marginados y explotados (Evanglii Gaudium[5]), y con los derechos de la Tierra (Laudato sii[6]), es sin duda loable, pero incompleto y decepcionante cuando no se acompaña de un compromiso total con los derechos de las niñas y niños, víctima de violación y pederastia por nefastos, grotescos e hipócritas criminales con sotana bajo su soberanía. Y esto de forma concreta y con alcances penales. Y también aceptar la diversidad y considerar a la homofobia y la misoginia un pecado mortal, por ejemplo[7].

Cabe ya también aceptar que el “Estado democrático representativo” y, en última instancia, el “sistema democrático” tal y como lo hemos instituido en sus diversas vertientes en todo el mundo, son una enorme farsa. Una farsa que, además, pasa por una de sus crisis más pronunciadas. Esto nos alejaría de la simulación que nos enajena cuando votamos o discutimos en redes creyendo que, así, afirmamos nuestra calidad de ciudadanos comprometidos.[8]

En este sentido, Manuel Castells propone y profundiza en la idea compuesta de “La conexión perversa”[9] para denunciar a una de las mayores farsas y simulaciones de la historia. Esto es, el hecho de que desde que existe la polis hay una interconexión indisoluble del crimen organizado con los gobiernos y con las clases políticas. Lo que ha permitido y funda el enriquecimiento/empoderamiento de los encumbrados poderes fácticos y sus títeres, a luz y sombra, a base de negocios tan siniestros, aberrantes y perversos como la trata de personas, el tráfico de órganos humanos, el tráfico ilegal de armas (incluido material nuclear) y drogas, el lavado de dinero o el contrabando de migrantes. Todo esto ampliamente documentado y discutido incluso en la ONU, desde hace años, sin ningún resultado tangible para erradicar dicha pandemia.

Hacer frente al fascismo, a todo tipo de discriminación, al discurso de odio y al “capital del miedo”, lo mismo que a todo tipo de populismo[10] de derechas y de izquierdas, es romper con la posibilidad del totalitarismo. Y esto implica no participar de la farsa que lleva a rendir pleitesía a un individuo que se idolatra como infalible; a pensar al mundo como un Uno que excluye lo diverso y lo múltiple y, por supuesto, en el que hay una lucha binaria entre las fuerzas del bien y las del mal. Igual que lo hacían los maniqueos del siglo III d.C.

Volver a imaginar a la clase trabajadora es también un paso que da David Graeber, el antropólogo en la London School of Economics, para devolverle un poco de coherencia a nuestra simulación que da sentido al mundo. En este sentido Graeber dirá que el valor real de las actividades esenciales (que, por supuesto, no son las que tradicionalmente se consideran “productivas”) está no sólo subvaluada sino descartada en la invisibilidad. Él llama “caring class” (en contraposición a la “working class”)[11] a este agente social que está integrado por las y los profesores, investigadores científicos y humanistas, médicas, enfermeros, paramédicas, camilleros, rescatistas, trabajadoras domésticas, cuidadores de ancianos e infantes, activistas climáticos-ecologistas, ferroviarios, policías, bomberos, barrenderos, recolectores de basura, cocineros y personal de intendencia. Ellas y ellos, que hacen lo que es esencial para mantener la vida común funcionando, son las más explotadas, peor remuneradas, incluso despreciadas y subestimadas. Personas que, además, en grandes cantidades pertenecen a las minorías víctimas de desigualdades, discriminación y violencia. Graeber se pregunta “¿Por qué entonces aceptamos que los trabajos útiles sean mal remunerados?”, lo que implica aceptar, además, que personas un tanto inútiles e incompetentes sean las que más ganan y obtengan los mayores reconocimientos (entiéndase esto desde el “Principio de Peter”[12]).

Esto entre otras cosas, pero aquí ha de bastar nuestro mirar críticamente al mundo pues ya de por sí duele y nos afecta en demasía sabernos parte de él.

Decir algo como conclusión y sentir.

¿Se puede concluir algo desde lo que simplemente no concluye?, ¿cambiarán las cosas, las leyes y las relaciones causa-efecto que no han cambiado hasta ahora y desde que se tiene registro?, ¿seguiremos engullidos hasta desaparecer, esperando a Godot, en el vientre de la Ballena?

Me parece pertinente aceptar que no hay mañana. Siendo, como somos, la generación que no pude evitar (consciente, racional, humildemente y basados en las evidencias), saber que la extinción de la especie humana es un hecho que ocurrirá en no muchas generaciones (ojalá en muchas).

Me parece también que la utopía, entendida como ese futuro mundo posible “más justo, libre, solidario, democrático, equitativo y sustentable” es ya un lugar común inoperante que a nadie apela ni obliga. Quizá sea pertinente, y una apuesta arriesgada acorde con nuestros tiempos, comenzar a pensar en la Utopía tal cual es: como el no lugar, la nada, el fin, la muerte, la continuación de la vida sin la humanidad (y su depredación y depreciación congénita).  ¿Por qué? Dado que me parece que es tiempo de reinventar el imaginario fracasado del “mañana será un nuevo amanecer”, del “tendremos una nueva oportunidad”, del “todo se resolverá”, del “somos hijos de Dios y hay un paraíso más allá”. Por lo que se ha visto, cuando creemos que hay un mañana entonces saboteamos el hoy, cuando sabemos que la cosa que nos compete no es un juego de muerte súbita entonces no nos tomamos nada en serio.

Quizá lo propio sea asumir que estamos en el umbral del “no hay mañana”, en el instante nietzscheano, como lo hace el desahuciado que sabe que quizá éste sea su último momento y el minuto de “su oportunidad”. Entonces quizá es que hagamos, de la conciencia, consciencia. Sin falsas promesas ni huidas hacia delante (o hacia el espacio exterior pues es sabido que el que fracasa en la Tierra no tiene oportunidad en Marte). Quizá nuestro único y último chance (y chanza) esté en sentirnos apurados por intentar poner todo en orden, arreglar las cosas antes de que sea demasiado tarde, reparar el daño, humillarse, pedir perdón, reponer lo arrebatado, soltar y comenzar un digno proceso de despedirse en paz con tranquilidad de espíritu. Tal vez eso es lo que necesitemos para reaccionar. Que nos digan que ya no podemos seguir haciendo lo que hacemos pues estamos al borde de un colapso irreversible. El optimismo antropocentrista ya no cabe y sólo nos condena.

El filósofo Franco “Bifo” Berardi dirá, pensando desde el horizonte de la “extinción”, que “Quizá tengamos que reinventar los sueños, los anhelos, el placer, la afectividad y el cuerpo erótico en una condición marcada por el horizonte de la extinción… (Generar) Una conciencia que nos permita una relación más amistosa con la Naturaleza y nuestros semejantes” [13], a lo que yo agregaría: para podernos ir en paz.

Pero ¿qué sería una Conclusión sin una lista de propuestas imposibles para “mejorar” nuestra condición?

Aquí va una:

  • Renta básica universal para permitir el acaecer del Homo economicus concreto[14].
  • Desmilitarización general y reforma profunda de la policía (de corporación para la represión a un cuerpo humanitario para la protección de las personas).
  • Crecimiento cero (o, al menos transitar, a un Proceso Dual, Morris Berman dixit).[15]
  • Todo Estado: un Estado de Bienestar.
  • Legalización y regularización del mercado de todas las drogas.
  • Desescolarización de la sociedad en lo posible (sin que esto signifique desaparecer a las instituciones educativas, sobre todo las públicas, laicas, centíficas y gratuitas)[16]
  • Los Objetivos de Desarrollo Sostenible como guías únicos y permanentes de todos los Planes de Desarrollo Nacional. [17]
  • Ciudadanía mundial.
  • Política fiscal progresiva donde paguen más los que más tienen.
  • Revalorización del trabajo: que ganen más lo que más trabajan en cuidar y servir concretamente a la comunidad.

Esto en caso de querer ir ordenando la casa, tan sólo un poco, antes de retirarnos para siempre.

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

¿Con qué he de irme?

¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?

¿Cómo ha de actuar mi corazón?

¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?

Dejemos al menos flores.

Dejemos al menos cantos.

(Nezahualcóyotl)

[1] Profesor de la UNAM (Facultad de Filosofía y Letras) y del ITAM (Departamento de Estudios Generales).

[2]Monstruo: del latín monstrum. Voz que denotaba algún prodigio o suceso sobrenatural. Del verbo monere (avisar o advertir) de dónde el adagio romano “monstrat futurum, monet voluntatem deorum”: el monstruo advierte la voluntad de los dioses y las fuerzas sobrenaturales.

[3]Cfr: Anónimo (1993). «El libro del consejo (Popol Vuh)». México: UNAM, Coordinación de Humanidades.

[4] Del poderoso vecino del norte se podría emplear como inspiración en vez del american way of life, a sus muchas vetas contraculturales como la campaña por los derecho civiles devenida “La Campaña de los Pobres” (1967), encabezada por Marthin Luther King; el activismo de Angela Davis, Malcolm X y Muhamad Ali; la agenda política fundada en programas sociales de ayuda comunitaria de los Panteras Negras bajo el lema “Todo el poder para el pueblo”; el Movimiento de los ciudadanos del mundo (del que la contracumbre altermundista de Seattle de 1999 y la politóloga y filósofa estadounidense Susan Geroge son referente); el Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos (1967-68), del que el ex quarterback de los 49s de San Francisco, Colin Kaepernik, es heredero (autor del símbolo taking a knee -rodilla en tierra-, para denunciar la brutalidad racista policial en el 2016), y muchos otros, incluidos los movimientos abolicionistas, anti imperialistas y anarquistas  del que Henry D. Thoreau fue partícipe con su “Desobediencia Civil”, en el ya lejano año de 1845, en protesta contra la guerra de invasión que su país, EUA, desarrollaba contra México.

[5]http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

[6] http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[7] Véase lo que el muy respetable y digno Rector de la Universidad Iberoamericana, Padre Jesuita, dice al respecto: https://ibero.mx/noticias/postura-de-jerarcas-cristiana-rector-ibero-en-diario-reforma

[8] Ya Rousseau advertía, en su República, que la “democracia” era una ilusión peligrosa y una amenaza para la Voluntad General orientada por el Bien Común y para los gobiernos basados en leyes (fundamento del Estado de Derecho); algo que también Kant reconocía como un sistema imposible en su Paz Perpetua (la democracia fue un sistema propio y propicio para los atenienses esclavistas del siglo IV A.C, no olvidar).

[9] Cfr: M. Castells La era de la información. Economía, sociedad y cultra. Vol III: Fin de milenio. Siglo XXI Editores. México. 1999. Cap. 3.

[10] Cfr: Jan-Werner Müller “¿Qué es el populismo?”. México. Ed. Libro Grano de Sal. 2017. Texto muy esclarecedor que concluye planteando siete tesis sobre el populismo: el antipluralismo; la figura de un líder que cree representar al “pueblo real” (compuesto exclusivamente por sus partidarios, considerados como los únicos representantes legítimos del pueblo); el partir de un diagnóstico acertado y abanderar las demandas de aquellas partes de la población que, en efecto, han sido marginadas y desatendidas históricamente; ser una amenaza a la democracia (y al liberalismo); el convocar a referendos para reafirmar lo que el líder ya ha determinado como “la voluntad del pueblo real”; el rechazo de las poderosas élites, y el apostar por la división maniquea de la sociedad.

[11] https://www.sinpermiso.info/textos/trabajos-de-mierda-renta-basica-kurdistan-entrevista?fbclid=IwAR3Z-XsngXQ3q3FA-O20c0kM9tMn_Vc-yE5aUnxc1dDijgAjNtA_gYQ3v4s

[12] https://en.wikipedia.org/wiki/Peter_principle

[13]En una entrevista, Franco “Bifo” Berardi nos pone a pensar en que la salida definitiva de la época moderna, de la expansión del crecimiento infinito, de la competencia, del consumismo irrefrenable, del progreso continuo y del ingreso como fin es pensarnos como sujetos de la época de la extinción. “Extinción”, nos dirá, “es una palabra que no pertenecía al discurso político pero que, desde 2019 los movimientos mundiales como Fridays for Future (fundado por Greta Thunberg) o Extinction Rebellion, se ha impuesto a la reflexión política. La extinción está implicada en las pandemias que se hacen más probables en un planeta globalizado y en las catástrofes ambientales”. Y es una palabra positiva pues nos puede despertar más que la palabra basada en el sueño del mañana. https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/franco-bifo-berardi-reinventar-placer-_0_p9fCaa8K7.html?fbclid=IwAR0DM3yfqms6Oxc5uSZMISqr5uvGTW1Jip7pD0Yj46hwhKbsNBF4cWC6fHg

[14] Cfr: Joseph Stiglitz. “Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial”. Santillana. México 2010.

[15]Un modelo de sociedad alternativo, sustentable, guiado por una ética ecologista, al que Morris Berman llama el Proceso Dual http://reportesp.mx/el-proceso-dual-el-unico-juego-disponible

[16] Cfr: Iván Illich. “La sociedad desescolarizada” (1971).

[17]Cfr: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/sustainable-development-goals/

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