Pasado, presente y futuro de la Sección 9 democrática-CNTE

Alberto Sánchez Cervantes*

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se fundó en diciembre de 1979. A partir de entonces se generó una gran efervescencia político-sindical con dos objetivos prioritarios: la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el incremento del salario de los maestros. Para distinguirse de los charros oficialistas del SNTE, los maestros militantes y simpatizantes de la CNTE se autodenominaron democráticos, por su afán democratizador de entonces.

La corriente hegemónica al interior del SNTE era Vanguardia Revolucionaria (VR), una organización oficialista, corporativa y ligada al Partido Revolucionario Institucional (PRI). La adhesión a VR generaba beneficios: plazas, incremento de horas, promociones a puestos de dirección y supervisión, pero sobre todo abría la puerta a puestos de la burocracia sindical y del aparato educativo, así como a cargos de elección popular.

A lo largo de la década de los ochenta, charros y democráticos se disputaron el poder sindical de varias secciones. En muchos casos la violencia fue el signo de esa confrontación. Decenas de maestros democráticos fueron violentados físicamente, humillados, desalojados de centros de trabajo, marginados y estigmatizados de revoltosos y subversivos. El extremo de la violencia fue el asesinato de más de cien maestros disidentes. El caso más emblemático es el de Misael Núñez Acosta, ultimado en enero de 1981. Pese al ambiente de represión, al término de esta década el magisterio democrático había logrado arrancarle rebanadas importantes del poder sindical a VR en Chiapas, Oaxaca y la Ciudad de México, principalmente.

La rebelión magisterial de 1989

La Sección 9 agrupa al personal de preescolar, primaria y educación especial. Por ubicarse en la Ciudad de México, históricamente ha sido estratégica para mantener el control del magisterio. En el ajedrez del SNTE esta sección es una pieza clave que debe moverse estratégicamente o dejarla en paz, pues cualquier disrupción en ella tiene repercusiones a nivel nacional.

El antecedente más inmediato que se tiene de un paro generalizado de la Sección 9 data de 1989. En la primavera de ese año oleadas de maestros tomaron por asalto las calles de la Ciudad de México y arrastraron a otras secciones sindicales a un paro magisterial de alcance nacional. Las demandas centrales fueron dos: aumento salarial y democracia sindical. Escuela por escuela / zona por zona / el maestro exige a diario / democracia y más salario, rezaba la consigna más coreada.

En la Ciudad de México el paro fue impulsado principalmente por líderes afines a la izquierda y militantes de la CNTE que se habían forjado en la confrontación con Vanguardia Revolucionaria. Los maestros disidentes de los años ochenta estaban organizados en comités de lucha que hacían trabajo político-sindical en centros de trabajo y zonas escolares: realizaban asambleas con regularidad, imprimían gacetas y volantes, formaban brigadas para hacer pintas, visitaban escuelas para mantener informados a los maestros, impartían talleres pedagógicos y celebraban actos político-culturales. Cuando se presentó la coyuntura de 1989 los activistas democráticos cosecharon lo que habían sembrado en los años precedentes: los maestros se levantaron en masa. Alrededor de un mes las escuelas de la Ciudad de México permanecieron cerradas (17 de abril a 15 de mayo).

La causa de la rebelión magisterial fueron las irregularidades que tuvieron lugar en las asambleas delegacionales y en los congresos seccional y nacional para el relevo de la dirigencia nacional del SNTE. Los maestros democráticos fueron anulados por los vanguardistas con triquiñuelas: desconocieron la representatividad por supuestos errores en las actas de acreditación, los silenciaron mediante abucheos y agresiones físicas o los suplantaron por delegados afines a Vanguardia Revolucionaria. En suma, la gota que derramó el vaso y provocó la movilización magisterial fueron las prácticas antidemocráticas, represivas y fraudulentas de los vanguardistas.

La consecuencia a nivel nacional fue que después de diecisiete años el cacique sindical Carlos Jonguitud Barrios perdió el control del SNTE y en su lugar se instaló su pupila, Elba Esther Gordillo Morales, quien tomó las riendas del sindicato los siguientes 24 años (1989-2013).

A nivel de la Ciudad de México, la Sección 9 fue conquistada por el movimiento democrático.

El error de 1998

Durante más de tres décadas (1989-2023) la autodenominada corriente democrática ha ocupado el edificio de Belisario Domínguez 32 del SNTE, mismo que ha sido declarado sede nacional de la CNTE y ha dado cobijo a diversas organizaciones políticas y sociales afines ideológicamente con la lucha de clases, la lucha popular y la revolución socialista.

Entre 1989 y 1998 se sucedieron tres comités seccionales democráticos. En esos nueve años las discrepancias entre las diversas corrientes democráticas (ultras, radicales, reformistas) fueron de menos a más. En las asambleas no sólo se expresaban diferencias políticas y tácticas, también se llegaba a la descalificación, al insulto y la agresión verbal y física.

En el proceso de relevo seccional de 1998 el magisterio democrático estaba muy dividido, tanto que los líderes de las corrientes fueron incapaces de negociar y acordar a quién apoyarían para continuar con el proyecto sindical de la Sección 9. Este fue un momento de quiebre para el movimiento democrático, los líderes cometieron un error táctico que vino a dar al traste con lo que se venía construyendo desde nueve años atrás.

En este contexto de discordias entre ultras, radicales y reformistas, Blanca Luna Becerril, una maestra de Tláhuac y de bajo perfil en el movimiento democrático, fue electa para ocupar la secretaría general de la sección en el periodo 1998-2001, pero… se quedó en el puesto hasta el 2008. Es decir, esta persona encabezó a la Sección 9 más tiempo que los tres secretarios democráticos precedentes. El “error de 1998”, podría llamársele a ese momento.

Al paso del tiempo Luna Becerril resultó una secretaria general a modo para Elba Esther Gordillo, quien la hizo diputada federal por el Partido Nueva Alianza.

El comité seccional espurio

En julio de 2008 tuvo lugar el congreso para elegir el comité de la Sección 9 y recuperar la normalidad estatutaria. Sin embargo, se consumó la elección de un comité que los líderes del movimiento democrático calificaron de “espurio”, pues la nueva secretaria –María Teresa Pérez Ramírez– fue electa en un proceso plagado de irregularidades. De último momento el congreso se instaló en un salón de fiestas del norte de la ciudad, cuando a los congresistas se les había citado en un hotel cercano al metro Ermita. Ante la arbitrariedad cometida, los maestros democráticos reunidos en ese lugar eligieron a un comité encabezado por Francisco Nicolás Bravo Herrera, y en los días siguientes interpusieron una demanda ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje con la finalidad de que le fuera retirado el reconocimiento oficial al comité, objetivo que se logró en julio de 2010 cuando un tribunal colegiado del Poder Judicial de la Federación determinó revocar la toma de nota al comité de Pérez Ramírez.

Desde 2008 la Sección 9 cuenta con dos instancias sindicales que apoyan a los maestros en sus gestiones: la institucional, afín al Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, y la democrática, vinculada a la CNTE. También a partir de este año, los maestros de la sección no han contado con una representación sindical legalmente electa por ellos. Han pasado 15 años.

Ante este panorama, el SNTE optó por designar en 2014 una Comisión Ejecutiva controlada por la corriente institucional y dejó libre el terreno a la corriente democrática que continuó ocupando el edificio de Belisario Domínguez 32 y haciendo gestoría a favor de los maestros que asisten a ese lugar en busca de apoyo.

Liderazgos de vieja data

Un rasgo que distingue al movimiento democrático de la Ciudad de México es que los líderes más visibles en 2023 ya formaban parte del primer comité seccional democrático, sólo que, si en 1989 rondaban casi los 30 años de edad, hoy andan cerca de los 60.

Los tres últimos secretarios generales democráticos no estatutarios de la Sección 9 ocuparon cargos sindicales en el comité seccional del periodo 1989-1992. En 34 años, la variabilidad en los principales liderazgos es apenas perceptible. De hecho, exceptuando a Luna Becerril, los secretarios generales democráticos –estatutarios y no estatutarios– fraguaron su liderazgo en la lid de 1989 y a partir de entonces no han tomado distancia para dar paso a nuevos liderazgos y sí han tenido influencia permanente en los asuntos internos de la sección.

La siguiente tabla muestra cómo el liderazgo en los comités de la Sección 9 democrática recae en dirigentes que han ocupado cargos desde 1989 en diferentes niveles de la estructura sindical.

Sección 9 del SNTE
Secretario General Periodo Tipo de representación Corriente
Daniel Sandoval Arévalo 1989-1992 Estatutaria Democrática
Lilia Vázquez 1992-1995 Estatutaria Democrática
Gonzalo Martínez Villagrán1 1995-1998 Estatutaria Democrática
Blanca Luna Becerril 1998-20082 Estatutaria Democrática
María Teresa Pérez Ramírez3 2008-2011 Estatutaria Institucional
Francisco Bravo Herrera4 2008-2014 No estatutaria Democrática
Enrique Enríquez Ibarra5 2014-2020 No estatutaria Democrática
Pedro Hernández Morales6               2020- No estatutaria Democrática
Francisco Bravo Herrera7               2023 Pendiente Democrática

1Integrante de la Comisión Nacional Única de Negociación de la CNTE.

2El periodo estatutario era de 1998 a 2001.

3En 2010 se revocó la toma de nota por las irregularidades en el proceso de elección.

4Secretario Particular “A” del comité seccional 1989-1992.

5Secretario de Organización 2 del comité seccional 1989-1992.

6Secretario de Finanzas del comité seccional 1989-1992 y Secretario de Organización del comité seccional 2008-2014

7Candidato a Secretario General. Planilla Roja Democrática 9 CNTE.

Los retos del futuro

Una fortaleza de la Sección 9 democrática es que sus integrantes, según maestros consultados, conocen la realidad de las escuelas, son maestros frente a grupo, trabajan por la dignidad del magisterio y no buscan obtener beneficios ni ventajas personales. Comentan que el trato que dan a los maestros es digno y sin discriminación.

Líderes y activistas hacen trabajo político-sindical por convicción y compromiso por su causa, no gozan de comisión sindical ni reciben estipendio alguno para desempeñar sus encargos sindicales. Trabajan en las escuelas la jornada laboral que les corresponde y en tiempo adicional (tardes, noches, fines de semana) realizan gestoría sindical, organizan asambleas y talleres de formación, y participan en las jornadas de lucha convocadas por la CNTE, entre otras actividades cotidianas que demanda la sección.

El principal reto del futuro es restablecer la normalidad democrática estatutaria mediante la conquista del voto de los maestros. El respaldo auténtico del magisterio debe ponerse a prueba en procesos de elección que doten al comité seccional de solidez legal y de una legitimidad mayor de la que goza actualmente. Sin embargo, este reto no depende sólo de la buena disposición de la corriente democrática sino también de la voluntad política de la corriente institucional del SNTE, pues como se sabe, cuando el escenario no es favorable amaña los procesos de elección o deja en el limbo, como lo ha hecho en los últimos trece años, la elección del comité seccional.

Otro reto es analizar y discutir si la agenda nacional de la CNTE es la que le conviene a los maestros de la Ciudad de México. Generalmente, la Sección 9 se alinea a las jornadas de lucha y objetivos de la Coordinadora, cuando quizá las necesidades de los docentes capitalinos son otras. La prueba más evidente es que a marchas y mítines acude un contingente modesto si se compara con las movilizaciones masivas de las secciones de Chiapas, Michoacán y Oaxaca. Este es un punto para reflexionar, más allá de las prácticas clientelares que se ejercen en esas entidades.

Un reto más es el recambio generacional de liderazgos. Los líderes que datan de 1989 podrían ceder los principales cargos de la estructura sindical a maestras y maestros de generaciones posteriores a la suya. Sería un gesto democrático encomiable.

Referencias

Becerra Ovalle, A. (1998). Proceso de democratización de la Sección 9 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, en el marco de acción de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, 1989. Tesis pata obtener el título de licenciado en Historia. México: Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Sánchez Cervantes, A. (2022). “CNTE: repetir la historia”, en Nexos. Distancia por tiempos, 10 de agosto. En: https://educacion.nexos.com.mx/cnte-repetir-la-historia/

Sánchez Cervantes, A. (2022). Maestros bajo control. El caso de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Chiapas, Michoacán, Oaxaca. México. Reportaje inédito.


* Profesor de educación primaria. Periodista independiente, autor del gran reportaje Maestros bajo control. El caso de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE): Chiapas, Michoacán, Oaxaca (inédito).

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