¿Qué nece(si)dad?

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Hay que tener cuidado con la prisa. No solo es mala consejera sino esconde, muchas veces, la sinrazón de emprender la carrera sin reflexionar la validez del destino,  lo adecuado del rumbo ni la velocidad para llegar.

Vamos cuanto antes. ¿A donde? Ya veremos. ¿Por dónde? Quién sabe, dale derecho hasta topar con pared. ¿Corro? No, ¿qué no entiendes? vuela  pues vamos con apuro. Y sí, se va muy rápido sin tener claro, bien a bien, cuál es la estación del tren donde bajamos o si esta vereda es la mejor. Hechos la raya.

¿Qué necesidad había de intentar presurosos que la Universidad Fulana no se detuviera, o que la escuela Sutana no dejara de funcionar? En cuanto terminen las vacaciones, vamos a trasladar los salones con todo y alumnos a las casas – para ello hay muchas plataformas –  y estarán las maestras y profesores frente a la cámara de su computadora, con el control del micrófono como siempre. Bueno, si es que era posible, porque en muchos lados no había ni cómo ni con qué. 

Si hacemos zoom (está de moda) veremos en las casas a miles de personas, niños, niñas y adolescentes, más la mamá, a veces el papá y no pocos abuelos, frente a la pantalla, de ladito, tratando de ayudar a la criatura. Pon atención, chamaco, atiende a la maestra. Es que no le entendí a lo del múltiple denominado multiplicador. Pues pregunta. No, ya se va a terminar la clase, y la profesora no alcanza a atender todas las manitas. ¿Tú le sabes, abuelo? No, cómo crees, yo acabalé no más hasta cuarto, y hace 70 años. ¿Tantos? ¡Que no te distraigas, menso!

Y otro maestro al que por WhatsApp le mandó su director indicaciones, tiene que enviar por la misma vía al chat de mamás, las páginas del libro que hay que leer, los ejercicios  a hacer, la plana que resuma el video de la tele y un mapa conceptual. Estimada señora, les pido por favor que, antes de las 2, me mande las fotos de los ejercicios hechos por Juana, uno por uno, porque yo tengo que mandar los de todo el grupo al director, que tiene hasta las 3 para juntarlos y enviar al supervisor, al jefe de sector, o a quien esté en la nube. No olvide: debe poner todas esas hojas en su carpeta de evidencias, porque ahora que volvamos a la escuela la tiene que llevar para pasar de año. Híjole, se nos cayó un vaso de agua de jamaica ayer, y se mojaron las planas. No se preocupe, que en la tarde las pase en limpio para que no haya problema.

Aunque el salón imaginario quepa en una pantalla, no cabe en la casa: es un ropero en el pasillo. La escuela no puede parar. ¿A dónde vamos? A terminar al programa. ¿Para qué? Para terminarlo y hay que apurarse. 

¿Es camino al aprendizaje? Para nada, pero la inercia de una escuela que dicta, atarea de tareas y  deberes es fuerte; en la que no más habla Uno y los demás copian con cuidado para luego entenderle. 

Esa escuela que no tiene un vínculo horizontal en su diseño, sino que va de arriba a abajo, es pariente de unas autoridades educativas locales que, aunque les pidan menos en la SEP, procuran mandar más para que vean que todo está funcionando. Y nosotros, como sociedad, escuchamos desde Palacio Nacional que en los municipios verdes habrá clases a partir del 1 de junio y así, poco a poco, “regresaremos a la nueva normalidad”.

Es imposible pues no se puede regresar a lo nuevo, a lo porvenir: en todo caso se va, pero no se vuelve, a menos que sea, de prisa, a la vieja normalidad de un proyecto de escolarización que no educa.

Calma. Escuchemos a los profes y maestras creativas. Hay miles. Tienen propuestas geniales. Son los que saben.

El límite entre ¿qué necesidad? y ¡qué necedad! es tenue. Solo hay que quitarle el SI de en medio: no más el tan humano condicional. 

 

 

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de

El Colegio de México

 

[email protected]

@ManuelGilAnton

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Sobre Manuel Gil Antón

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