Los aprendizajes clave: el “vocho” rojo. (1ª Parte)

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El camión que empleó hace cinco años Gil Antón, en su metáfora, para referirse a la Reforma Educativa que impulsó el gobierno Peñista (https://www.youtube.com/watch?v=odqJfJ9lOJ4), ha concebido un hijo. Sí, así como lo leyó usted, un hijo que para efectos prácticos, le pondremos por nombre “vocho rojo”; sólo que a diferencia del uso que este investigador le dio (hace unas semanas) para realizar una analogía entre lo que la Secretaría de Educación Pública, en voz de su titular, Otto Granados, propuso para que los estudiantes “ipso facto” obtengan mejores y excelentes resultados en el examen PLANEA (u otros), lo utilizaré para referirme al documento “Aprendizajes clave para la educación integral”, en el entendido de que el camión es el Sistema Educativo Mexicano (SEM) en cuyo centro se coloca el Modelo Educativo, y el vocho rojo, es su hijo, y que también en su centro, se colocan los aprendizajes clave. Veamos.

Pensemos por un momento que, independientemente del recorrido que ha tenido el camión que he referido, éste concibió un hijo. Un pequeño vehículo cuyas piezas de carrocería, interiores (asientos, palanca, retrovisor, pedales, vidrios, entre otros), además de las llantas, accesorios, motor y escape, son “nuevos” de paquete. Nadie los ha usado, nadie los ha revisado, solo sus creadores. Creadores que pensaron en el posible camino que éste habría de transitar, obviamente, tenían como referente lo que su padre había pasado por más de 50 años. Le dotaron pues, de un motor que no podría desvielarse. De un aire acondicionado que no permitiría que los vidrios se empañaran. De unos limpiaparabrisas cuya eficiencia sería tal que no habría forma de que la lluvia, niebla, o polvo causaran estragos a su conductor. De unas llanas que, a pesar de lo tortuoso del camino, éstas podrían resistir los baches y uno que otro socavón que posiblemente encontrarían en su tránsito. De una palanca de velocidades conectada con el motor que, independientemente de los cambios bruscos de velocidad, éstos aguantarían cualquier esfuerzo. De una pintura impecable, cuya resistencia no estaría en duda dadas las inclemencias del tiempo.

Sí, de todo eso le dotaron; sin embargo, lo que no pensaron estos “genios” de la fabricación, fue en la serie de complejidades que se observan en los distintos caminos que existen en México y que, al igual Gil Antón y su camión, conocemos muy bien, porque a diario transitamos por ellos.

Avizoro, con el riesgo de equivocarme, que su recorrido inicial estará lleno de tropiezos, de dudas, de incertidumbres, de desasosiegos pero, lo que es peor, que con el paso del tiempo y obviamente con su recorrido, en lugar de convertirse en un Ford Mustang de primer nivel, este pobre vocho, se convertirá en un pedazo de hojalatería que ni sus mismos diseñadores podrán reconocerlo. Y esto será así, por varias razones, una es por las condiciones en que actualmente se encuentra los diferentes caminos de México, la otra u otras, está tan relacionadas con la falta de capacitación, actualización y profesionalización de los conductores (los profesores) que éstos, a pesar de sus esfuerzos, y de las ganas de mantener ese vocho rojo que les ha sido entregado, sucumbirán a las inconsistencias que el mismo camino les arroje a menos de que éstas se subsanen con políticas a mediano y largo plazo que traigan bienestar para los mexicanos.

¿Se ha preguntado cuántas reformas, modificaciones o transformaciones en materia educativa ha habido de 1970 a la fecha? Si mis datos no me fallan, más de 15. Algunas, como bien sabemos, han sido implementadas en ciertos niveles educativos y pocas, pensando en un nivel específico, como la que entrará en vigor en educación básica en agosto de este año. No obstante, muchas de ellas, no terminaron de cuajar en el medio educativo y las cambiaron.

En este sentido, si usted revisa el documento “Aprendizajes clave para la educación integral” podrá advertir, que éste es un documento muy extenso (676 páginas), y que elementos más elementos menos, personalmente llaman mi atención dos aspectos que deseo compartirles en estos momentos: el enfoque competencial y, algo que he denominado “tránsito didáctico”; aspectos que auguran que ese vocho al final del camino, quede destartalado, como ya he dicho. ¿Por qué afirmo esto? Me explico.

Por lo que respecta al enfoque competencial que en ese documento se referencia, cito: “en este plan el planteamiento curricular se funda en la construcción de conocimientos y el desarrollo de habilidades, actitudes y valores. En este sentido, su enfoque es competencial, pero las competencias no son el punto de partida del plan, sino el punto de llegada, la meta final, el resultado de adquirir conocimientos, desarrollar habilidades, adoptar actitudes y tener valores… la experiencia en esta materia a nivel internacional nos dice que al buscar el verdadero dominio de las competencias del siglo XXI, estamos en la dirección correcta” (SEP, 104).

Leído y citado lo anterior, me surgen las siguientes inquietudes, si el mismo documento “Aprendizajes clave” reconoce que desde el año 1993 se ha buscado que los estudiantes desarrollen competencias para el estudio, para la vida y para continuar aprendiendo afuera de la escuela (SEP, 100), ¿qué es lo que ha pasado en nuestro país desde la entrada del enfoque basado en competencias? A más de 25 años, la evidencia (pruebas PISA, ENLACE y más recientemente PLANEA) nos indica que algo está pasando para que tal enfoque no haya dados los frutos esperados en México.

Aunado a lo anterior, llama la atención que en esa misma cita, se reconozca “la experiencia que ha tenido en el ámbito internacional” la aplicación de este enfoque y, para el caso mexicano, ¿qué ha pasado?, ¿cuál ha sido la experiencia que se ha obtenido?, ¿dónde quedan los diagnósticos, evaluaciones, hallazgos y demás cuestiones relativas a los resultados que arrojó la implementación y desarrollo de ciertos currículos? Si se tienen estas cuestiones, ¿por qué no se consideraron tales experiencias en el diseño curricular que se propuso en este “nuevo” modelo?, ¿por qué se le sigue apostando a la continuidad de algo que a luces no cuaja del todo en nuestro país por las razones que he venido exponiendo? Peguntas ingenuas si usted gusta pero que, desde mi perspectiva, son básicas para comprender el embrollo en que estamos metidos.

Primer gran golpe al vocho rojo. ¿Se efecto la carrocería?

 

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Sobre Abelardo Carro Nava

Un comentario

  1. Aunque en la idea general concuerdo con el autor, me parece atroz el menosprecio al magisterio. Si bien es una constante desde hace mucho tiempo, es precisamente el tiempo el que ha dejado claro que es más la campaña contra el magisterio, que la realidad del mismo. Me explico: En el artículo menciona que una de las razones por las cuales el «hijo» de la reforma, el vochito rojo, quedaría destartalado (para seguir con la analogía), es la actual falta de capacitación, actualización y profesionalización de los maestros. Reitero la aberrante descalificación; pues si hablamos en general del gremio magisterial, los números nos muestran un porcentaje alto de maestros que mediante la evaluación (igual de aberrante) han obtenido resultados de «suficiente para arriba». Así como se demostró etapa tras etapa de carrera magisterial, en donde nunca alcanzó el presupuesto para aplicar los estímulos docentes a tanto maestro que alcanzaba una calificación «aprobatoria» (con las reglas que pusieran).
    No se pueda negar que en un universo de docentes, existen algunos con deficiencias, ahora llamadas «áreas de oportunidad».
    Sin embargo, dado que son los más los que sí han demostrado capacitación, actualización y profesionalización, queda demostrado que el vocho terminará destartalado por ser un vocho » pirata » que no pasó por las normas de calidad.
    Y sugiero haga una investigación del número de docentes con más de una licenciatura y/o con posgrados y/o diplomados, cursos, actualizaciones (pagadas con su propio dinero) existen en ese universo docente, así como el número de docentes idóneos (de nuevo ingreso) y/o con resultados suficiente, bueno o destacado, según la evaluación de permanencia.

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